De la vida cotidiana: ¡Tengo unos vecinos...!

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De la vida cotidiana: ¡Tengo unos vecinos...!
Fecha de publicación: 
28 Agosto 2017
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Un día cualquiera temprano en la mañana. Una maestra de mi barrio —jamás la había visto tan exaltada—vociferaba sus derechos de convivencia. Comentaba con una hermana lo sucedido, que si “se van a adueñar de un espacio que no les pertenece”; que “si no me voy a quedar con los brazos cruzados”.

Me sorprendió la conversación, sobre todo por la “protagonista”, que estaba, verdaderamente, fuera de sus cabales. Sin embargo, no es el propósito de estas líneas referirme a estas escenas desagradables del panorama cotidiano, sino comentar otras que hacen honor al conocido proverbio de “Mi vecino es mi hermano y familiar más cercano”.

¿Existirá alguien que no haya tenido la oportunidad de comprobar la veracidad de dicha frase? No lo creo, y si así fuera puede sentirse en verdad desdichado.

Somos afortunados cuando contamos con una mano solidaria, amiga, desinteresada. Los vecinos nos salvan muchas veces de situaciones insospechadas.

Conozco personas, sobre todo mujeres, que hacen dulces caseros y los comparten con otras familias que residen cerca. Otros colaboran con los "mandados", en la limpieza de los patios, en el cuidado de niños, o personas postradas u enfermas.  

Una colega me contaba que cuando se mudaron a un edificio en Altahabana, una señora llamada María, al igual que su madre, los ayudó en esos primeros meses cuando no resulta fácil asumir las condiciones en un hogar nuevo.

Con los años la amistad siguió consolidándose y se ha extendido a toda la familia. Unos y otros, por ejemplo, comparten productos del agro, realizan el pago de las cuentas del teléfono y de la electricidad en caso de que estén ausentes cuando pasan los cobradores.  

Tengo una amiga, incluso, que cuando cocina arroz con leche siempre les “separa un pozuelito” a dos ancianas que viven en los altos de su apartamento.

Anécdotas de este tipo hay miles. Los cubanos, por idiosincrasia, somos solidarios, y es el barrio el escenario donde tales expresiones se manifiestan todos los días. Es precisamente en este espacio de nuestro terruño donde damos los primeros pasos en la vida, construimos las primeras amistades, y atesoramos las historias que luego nos acompañarán por siempre.

niñas infancia
En el barrio construimos las primeras amistades, y atesoramos las historias que luego nos acompañarán por siempre.

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Contar con buenos vecinos es una suerte, pero no basta. Hay que alimentar y cultivar la amistad y retribuir los “servicios” que de una u otra forma ellos nos brindan.

No obstante, no todo es color de rosas; están quienes viven despreocupados de los demás, con conductas alejadas de los buenos modales y la decencia ciudadana. Escuchan música alta a cualquier hora, botan la basura en cualquier lugar, quieren ser los primeros en las colas, vociferan malas palabras. En fin, son ciudadanos que preferimos no tenerlos cerca.  

Pero al margen de eso, están quienes en cualquier momento tienden una mano, brindan apoyo, socorren en un caso necesario, y hasta comparten lo poco que pudieran poseer.

Aquí les dejo una hermosa viñeta que también habla de la solidaridad y la amistad.  

En cierta ocasión, un reportero le preguntó a un agricultor si podía divulgar el secreto de su maíz, que ganaba el concurso al mejor producto, año tras año. El agricultor confesó que se debía a que compartía su semilla con los vecinos.

"¿Por qué comparte su mejor semilla de maíz con sus vecinos, si usted también entra al mismo concurso año tras año?" preguntó el reportero.

"Verá usted, señor," dijo el agricultor.

"El viento lleva el polen del maíz maduro de un sembrío a otro. Si mis vecinos cultivaran un maíz de calidad inferior, la polinización cruzada degradaría constantemente la calidad del mío. Si voy a sembrar buen maíz, debo ayudar a que mi vecino también lo haga.

“Lo mismo es con otras situaciones de nuestra vida. Quienes quieran lograr el éxito, deben ayudar a que sus vecinos también tengan éxito. Quienes decidan vivir bien, deben ayudar a que los demás vivan bien, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca. Y quienes optan por ser felices, deben ayudar a que otros encuentren la felicidad, porque el bienestar de cada uno se halla unido al bienestar de todos”.

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