TELENOVELA BRASILEÑA: Arte y panfleto… lado a lado

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TELENOVELA BRASILEÑA: Arte y panfleto… lado a lado
Fecha de publicación: 
21 Julio 2017
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No sé a usted, pero amén de un ritmo reposado (más bien moroso), la fotografía amarillenta (pecado capital del audiovisual de época) y los folclorismos sociales y temporales, me sobró el tono discursivo de la gran mayoría de los personajes.

En el capítulo uno, sus héroes se la pasaron haciendo declaraciones de principios y encarnando bandos, conflictos sociales y/o generacionales.  

Preocupados por pasar su mensaje «libertario» y marcar el tiempo los escritores colocaron en boca de sus personajes datos, datos y más datos.

Más importante fue acomodar la información a los bocadillos que hacerlos sonar orgánicos, como dichos por gente de carne y hueso.

Lo cual junto con la presentación muy rítmica y moderna –contrastante con la tripa del producto, hecho en otra clave, más antigua– abre una brecha estilística, pues precisamente por esto, por los personajes, Lado… declara su tendencia al «realismo». No a la novelita rosa que domina su horario de las seis.

Este es el primer síntoma de la supervisión del libretista Gilberto Braga (La esclava, Vale todo, Paraíso tropical), de cuyo equipo emergieron João Ximenes Braga (no son parientes) y Cláudia Lage, otrora colaboradores y aquí titulares.

Muy dado a estos embates no es difícil adivinar otras manías suyas en la historia.

El tema –la negritud y sus escollos– se tragó muchas veces la trama –los amores y desamores. Transformando la novela en tribuna, sin abandonar las peripecias, el equipo se volcó en denuncias procedentes, pero forzadas e incluso irreales (como el caso del restaurante, una escena tan improbable como ese primer beso fruto de la admiración o el casamiento en la misma iglesia –ya en el capítulo tres– «justificado» y todo).  

Es hoy y en Brasil falta la información y sobran prejuicios para que entonces una pareja pobre, negra, entre en un local de lujo y no lo abandone cuando le piden «buscar otra casa». Los ricos siguen casándose en La Candelaria, fastuosa iglesia de Río, cuyo alquiler asciende a 6 mil reales.

Aquí, José María tiene niveles de consciencia y datos dignos de un activista. Laura, la blanca, orbita entre las virtudes típicas de la damita novelera y la heroína combativa. Sin embargo, Isabel, socialmente negra, sólo concibe un futuro como mujer casada. Sintomático.

El fuego cruzado sobre valores de generación y época es hoy tan inusual como seguro lo era entonces. Por muy «correcto» que luzca vivir enjuiciando lo caduco, se siente el toque de panfleto. Muy al sabor de esos dramaturgos perseguidos que la Globo contrató para refinar su programación dramática en los 70.

Hay puntos de contacto con la realidad histórica cubana. Entre ellos la religión, el carnaval, su música, los prejuicios (con el danzón o la rumba). Los bandos en pugna (aún vigentes en las parrandas).

Pero, incluso aquí, se las arreglan para pasar gato por liebre y volver un comentario, desagradable, pero plausible como un síntoma de maldad.

Constanza no tiene razón, ellos lo saben, el samba sí ha de marcar la cultura brasileña, pero prefieren recalcar su villanía agregándole un prejuicio más a la lista.

 

Tampoco faltan frases hechas de novelas gilbertianas tipo: «¿tienes idea de lo que importa este casamiento?» o la insistencia de penetrar la alta esfera.

La plática «sutil» de la vasija (en realidad una insinuación sexual de Berenice a José María), sonó evidente; más oficio que talento.

El año que media entre el beso y la boda, el retraso del barco una semana, los desencuentros en el puerto sólo para casar a la pareja sin hablar y crear la expectativa del abandono en el altar, así como otros costurones hacen pensar que a los autores les sobró pretensión y les faltó habilidad en su primera empresa.

Y por qué no: encanto, tan necesario a las novelas de esta y de cualquier hora.

La baja audiencia de su trama, una vez más, fue obra de sus propios baches. El público no tuvo culpa alguna. Lo mismo que pasó con Mujeres ambiciosas. No balde es el mismo equipo.

Pero aquí, seguro estoy, la gente sabrá descubrirle virtudes (que las tiene) y la recibirá bien, muy a pesar de su difusión alterna (o quizás por ello)...

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