Una Jornada a favor de todos y en contra de los "menos"

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Una Jornada a favor de todos y en contra de los "menos"
Fecha de publicación: 
17 Mayo 2016
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Ese es el verbo de orden para este evento, bien si se trata de tipos de actividades, manifestaciones artísticas o personas, estos dos días de mayo son el momento más público de una estrategia cuyo objetivo es incluir, sumar, pues los menos, las restas y las divisiones, está probado que no benefician a nadie.

Matanzas es una ciudad tranquila, más bien callada, que se alborota poco: con los Cocodrilos de Víctor Mesa, los carnavales… es una ciudad tan adorable como lenta, ya lo escribió en versos Carilda Oliver (quien, por cierto, abrirá las puertas de su casa a la Jornada), pero mañana Matanzas bailará una conga contra la discriminación a la que todos estamos invitados.

Y  la conga, bueno, es sabrosa sea cual sea el coro, lo difícil es entender por qué se baila, por eso estos dos días privilegian el debate, el diálogo, el intercambio. La Facultad de Ciencias Médicas fue sede del primero de estos espacios donde tuvieron voz la Doctora en Ciencias Mariela Castro, Directora del Centro Nacional de Educación Sexual, Mirta Kaulard, representante del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en Cuba, activistas cubanos y extranjeros, religiosos, profesores y estudiantes universitarios.

En el teatro lleno muchos escogieron escuchar, otros expresarse con aplausos y algunos cuchichearle al vecino ciertos chistes, pero no faltaron criterios desde todos los puntos de mira, desde la señora trans que afirmó públicamente: “yo he sido homosexual siempre, eso todos lo saben, no me gusta decir gay, porque no soy americana”, mientras apelaba al más elementalmente humano de los sentimientos, el amor; hasta el joven franco que no tuvo miedo de discrepar, cuestionar… Entre todos y todas se provocaron las ideas y las emociones más diversas…

Introspección pública contra la homofobia y la transfobia

Esta reportera no se libró de la provocación, más de dos horas de debate en la universidad médica, me han dejado claro que no es simplemente una cuestión profesional lo que me conecta a esta celebración, ahora mismo tengo la cabeza llena de rostros y de nombres, personas que conozco y viven el torbellino de la discriminación por diversas razones.

A pesar de que el tema central que propone esta edición es la inclusión en espacios laborales, la realidad es más rica y uno de los puntos neurálgicos resultaron ser las leyes relacionadas con el matrimonio igualitario, la adopción o la inclusión de las personas  homo y transexuales en programas de reproducción asistida. Se ha repetido, con razón, la necesidad de un cambio de mentalidad, de un profundo cambio cultural que acompañe y haga realmente efectivo el cuerpo jurídico, pero las leyes también hacen falta.

Tengo un par de grandes amigos homosexuales que construyeron una casa juntos, la propiedad quedó a nombre de uno de ellos, si le sucediera algo su pareja no tiene derechos sobre esa vivienda porque no hay matrimonio ni validez legal de la unión consensual ¿es justo? El matrimonio no es el amor aunque constituya un resultado de este, no es el romance, no es la posibilidad de un par de hombres o un par de mujeres de besarse en público o tomarse de las manos, el matrimonio es, para todos, un mecanismo legal de protección a la decisión de compartir las cosas de la vida.

¿Qué nos hace madres o padres? ¿Engendrar? ¿Parir? ¿Criar? ¿Quién nos puede negar ese derecho o esa capacidad? Las respuestas de algunos difieren en función de la orientación o la identidad sexual del sujeto que pregunta. Yo solo sé que conozco de cerca los casos de dos mujeres jóvenes que quieren ser madres, a una se le ofrece la oportunidad justa de entrar en el programa de reproducción asistida junto a su pareja heterosexual, pues por razones físicas no puede concebir por vías naturales, sin embargo, a la otra le está negado, pues su razón es que es lesbiana y no está dispuesta a fingir y negarse a sí misma, aún por lograr el sueño de ser madre. Ambas lo desean, lo añoran con la misma ansiedad, pero los prejuicios las diferencian ¿es justo?

¿Qué argumentos alcanzan? La libertad de unos jamás puede afectar la de otro, sin embargo, cuando ves las yardas de tu vecino arder pon las tuyas en remojo, dice un viejo refrán y resulta las mismas leyes que hoy excluyen a mi amiga por ser lesbiana, dejan fuera a otras por pretender  ser madres solteras, por ejemplo. En la discriminación nadie tiene manera de ganar, es más bien un aviso de que mañana podría estar uno mismo en el lugar del excluido, por cualquier cosa: el género, la raza, ser extranjero, muchas conquistas podrían perderse si no crecemos cada día en el respeto entre los seres humanos, sin peros ni condiciones.

He escuchado esta tarde mencionar como uno de los costos previsibles de esta lucha contra la homofobia y la transfobia sería que el reemplazo de un país envejecido como el nuestro se irá a pique. Por ese trillo me pregunto si las cubanas y cubanos renunciaríamos a la posibilidad del aborto legal, seguro y gratuito como todos nuestros servicios médicos en nombre de la conservación de la especie o la repoblación del Planeta. Claro que no, porque representa un legítimo derecho sobre nuestro cuerpo y nuestro futuro.

 

Las generaciones que nacimos y crecimos con la Revolución, en el derecho universal a educarnos sin pagar un peso, con las competencias para planificar cuántos hijos podemos criar con dignidad según nuestros recursos y las expectativas de hacernos universitarias, luego un máster, quién sabe un doctorado y al final queda tiempo para dos embarazos cuando más ¿Dejaríamos todo eso para contribuir a la tasa de reemplazo que requiere por lo menos tres hijos? Obviamente no.  Son muchos los factores que anteceden a los derechos reproductivos o de adopción de las personas homo y transexuales en cuanto a esta problemática, pero ninguna estrategia puede involucrar un retroceso, un menos, todo es cuestión de derechos.

A juzgar por algunos criterios, a estas alturas de mi día y de este comentario ya yo debería ser lesbiana, sin embargo, me voy a dormir tan heterosexual como amanecí, pues la campaña en la que yo ME INCLUYO no es a favor de la homosexualidad, la transexualidad o cualquier identidad de género, sino en contra de las fobias malditas que nos separan y nos disminuyen, de los menos que no nos permiten ser una sociedad más feliz y más humana.

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