Bésame, man

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Bésame, man
Fecha de publicación: 
16 Septiembre 2015
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Desde tiempos de Herodoto, cuando el saludo consistía en inclinar el cuerpo y llevar la mano a la rodilla o al pecho, hasta hoy, han llovido cientos de millones de apretones de mano, abrazos, besos, frotamientos de narices y mil formas más de saludar.

Eso, sin contar que, por ejemplo, en la tribu Ngó del norte, de Malaui, los hombres se saludan sacudiéndose el pene mutuamente.

En este pedacito de planeta que es Cuba, la transculturación nos ha injertado piyamadas, noches de Halloween, pero no el efusivo saludo de los malauíes... al menos por el momento. Sin embargo, las maneras de saludar igual han ido evolucionando.

altSiempre hay quien prefiere el estrechón de manos ¿a la antigua?

No quiero pensar qué hubiera dicho mi abuelo de ver cómo hoy los muchachones, con mucho desenfado y sin ningún complejo, se besan en la cara a modo de saludo.

Ni falta hace detenerse a reflexionar si es bueno, si es malo, si es raro, si es renovador, si moderno o postmoderno. A qué tanta etiqueta; simplemente, es. Y como tal práctica no data de hace demasiado tiempo —al menos del modo extendido en que hoy se aprecia—, amerita esta aproximación por su relativa novedad.

Digo relativa porque desde la primera década de este siglo empezó a verse ese tipo de saludo en espacios públicos de la Isla, pero, a ciencia cierta, el beso en la mejilla entre hombres se remonta en Cuba a mucho tiempo atrás, pero entonces asociado a la marginalidad, la guapería, y hasta a la mafia italiana. ¿O es que ya nadie recuerda al Padrino?

No ha faltado incluso quien vinculara este tipo de saludo a costumbres religiosas, particularmente del tipo Abakuá.

Sin embargo, Fidel Zaldívar Alfonso, abakuá y practicante de otras religiones yorubas, ya en el año 2012 aclaraba al estudiante de periodismo Junior Smith que tal costumbre no proviene de su secta. «Lo que pasa es que tenemos saludos secretos que los no practicantes han intentado descubrir durante años. Que muchos de nosotros se besan entre ellos y a sus amigos, es cierto. Pero se besan como lo hace cualquier persona, no porque sean abakuás».

Si me pides el pesca’o te lo doy… y también un beso sin que me lo pidas

Pero que los jóvenes varones se besen a modo de saludo no debiera entenderse como una lasca menos al pernil del machismo. Esta reportera fue testigo del encuentro entre una pareja de muchacho y muchacha con un amigo en que los dos varones se besaron al encontrarse y empezaron a hablar animadamente. Cuando la chica, que no había dicho una palabra, trató de aportar su opinión a lo que comentaban, su pareja la echó hacia atrás con el brazo, como quien aparta a una cortina incómoda, y en tono seco, casi violento, le indicó: «usted se calla la boca, que estamos hablando nosotros».

Probablemente, este y otros que besan a sus socios al encontrarse, sean los mismos que luego le piden el vaso de agua o la comida a la hora en punto a su muchacha como si fuera una doméstica. Igual ocurre en no pocas ocasiones con el aspecto. Existe cierta feminización en algunos campos de la moda masculina: rasurarse pecho, axilas, brazos, piernas, etc.; sacarse las cejas, darse brillo en las uñas… pero ello no significa que al cambiar la cáscara, cambie el palo que guarda. Esos look tan delicadamente cuidados muchas veces siguen guardando intolerancias, violencias y exigencias bien machistas.

Como mismo hay quienes asociaron o asocian estos besos de saludo a marginalidad o religiosidad, no faltan aquellos otros que los vinculan a conductas homosexuales. También estos, en un buen porciento, están equivocados. Ni todos los gay se besan en la cara cuando se encuentran, ni todos los que se besan en la cara son gay. Y conste que estas líneas no están imprimiendo ningún signo peyorativo a esa inclinación sexual ni tienen ningún tufillo a homofobia.

Aunque es imposible encontrar el justo origen de esta relativamente nueva costumbre llegada a Cuba, parece que algo tiene que ver con los famosos besos que se dan los futbolistas al festejar sus triunfos. Basta teclear en el buscador «besos famosos» para encontrar no solo antológicos besos de película como el de Glenn Ford y Rita Hayworth.

altLos antológicos besos de la historia del cine ya van teniendo sucesores

 

También uno se da de narices con otros «muás», como el acontecido entre Diego Armando Maradona y Claudio Caniggia, en un juego en el que Boca Juniors venció 4-1 al River Plate en La Bombonera.

Y el Pibe de oro parece que es también el Pibe de los besos, porque también formó escándalo cuando le plantó otro beso a Carlos Tevez durante un entrenamiento, y las redes sociales se encargaron de hacer el resto.

altMaradona y otros futbolistas dejaron su sello en eso de los besos en la cara entre varones

Pero para no dejar solo al Pelusa con tanto besuqueo, hay que añadir una larga lista de futbolistas que igual lo hacen: Wayne Rooney y Tomasz Radzinski, Carlo Ancelotti y Antonio Conte, y muchos más. Nada, que los líderes dejan su impronta. Y a eso puede añadirse la irreverencia per sé que acompaña a los más nuevos.

Los labios de la isla

Es usual en una parte de nuestras familias que papá bese a su niño, que el nieto bese al abuelo, que el sobrino bese al tío, que los primos se saluden besándose y todas las combinaciones que puedan ser posibles, siempre que existan lazos de parentesco.

Pero como para papá, abuelo o cualquier otra figura de autoridad no es hábito besar a sus amigos en la cara —ni en ninguna otra parte—, pues vamos a besar nosotros para ser diferentes. Sería algo así como otro sello que les une y distingue como generación junto a tatuajes, el uso de la tecnología digital y otros signos que no viene ahora al caso compilar.

La mayoría de los muchachos con los que conversó esta reportera expresan que es una manera de expresar cariño, calidez y hasta ternura. ¿O es que los machos-varones-masculinos no tienen ese derecho? No hay ninguna connotación sexual en esos besos, y sí desprejuicio, desenfado y cariño auténtico.

¿Por qué dos amigos no van a besarse y abrazarse, si se quieren bien y se alegran de encontrarse? ¿Por qué ese afecto tiene que quedar constreñido a dos manos que se estrechan? En verdad, besar en la mejilla no tiene que ser solo un privilegio de las mujeres.

Haría falta que esa muestra de afecto, en definitiva de la condición humana, se multiplique también en otras conductas también afectivas y sinónimo de cariño al prójimo: desde las buenas normas de convivencia y educación, el cuidado de la propiedad colectiva y del entorno, hasta la solidaridad y fraternidad humana.

Esa necesidad es válida no solo para los jóvenes, sino para todas las generaciones que alientan en esta Isla y que ojalá nos cayéramos a besos de saludo todo el tiempo, si junto con eso viene el resto del cariño desmintiendo aquello de «…se acabó el querer».

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