Juegos tradicionales cubanos: Pesadumbres de la Pájara Pinta

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Juegos tradicionales cubanos: Pesadumbres de la Pájara Pinta
Fecha de publicación: 
21 Abril 2015
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Estuvo sentada en su verde limón, contentísima, hasta hace un tiempo. Pero ahora suele verse cabizbaja a la Pájara Pinta.

Ella, al igual que la rueda-rueda, el arroz con leche..., también el burrito 21, los yaquis, los soldaditos, los palitos chinos, el parchís, padecen del mismo mal.

He pensado en ese retablo entristecido ahora que anda promocionándose el Taller Nacional Juego y Sociedad, convocado por la Asociación de Pedagogos de Cuba, Capítulo Cuba de la Asociación de Educadores de América Latina y del Caribe (AELAC), en coauspicio con el Centro de Estudios de la Juventud, la UNICEF, el Instituto Cubano de Investigación Cultural “Juan Marinello”, la Brigada “José Martí” y la Universidad Pedagógica “Enrique José Varona”.

Si todo estuviera perfectamente bien en cuanto al tema, tantas instituciones respetables no hubieran concertado esfuerzos para organizar la reunión, que será a finales del próximo mayo.

De hecho, el asunto ha puesto a reflexionar desde hace siglos a destacados filósofos, antropólogos, pedagogos y psicólogos; algunos de la talla de Enmanuel Kant, Margaret Mead, Antón Makarenko o Lez Vygostski y Jean Piaget, citando solo algunos.

Por Cuba, el antropólogo Rodrigo Espina es de los estudiosos que más ha abundado en este tópico. Mucho de indagación lo respalda al asegurar sobre los juegos infantiles tradicionales en particular, que “estos han desaparecido casi en su totalidad de la actividad lúdica y del conocimiento infantiles y de las cohortes de jóvenes y adultos que les preceden en la Cuba actual”.

Fue una afirmación hecha en junio de 2013, durante su intervención en el I Simposio Nacional de Investigación Cultural, organizado por el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello. De entonces a la fecha, no parece haber cambiado para bien el panorama.

Cuando José Martí escribía en 1889 para La Edad de Oro: "…los niños de ahora juegan lo mismo que los niños de antes…”, no podía imaginar el empuje arrollador que imprimiría la tecnología a toda la vida en el planeta, y muy particularmente la digital.

palitos chinos

No voy a arremeter aquí contra los videojuegos ni otros allegados. Pretender que nunca llegó aquel Mario en la primera avanzada y ahora, el Súper Mario 64 en 3D, o Dying Light, con su supervivencia y sus zombies, sería hacer como el avestruz. Y ya hay aquí más de una generación de nativos digitales.

Pero lo cierto es que tantos play y game over, tanto juego de realidad virtual, de todas formas no me hacen olvidar lo que hace cuatro años me refiriera la viceministra de Educación Irene Rivera en una entrevista: “Dime cómo juegas y te diré quién serás”.

el pon juego tradicional

Por supuesto que si el niño juega Hatred no hay por qué hacer una equivalencia matemática a que sin remedio será un asesino psicópata –yo que usted no lo dejaba ni tocarlo-; pero si por invertir la mayor parte de su tiempo libre jugando cualquier cosa ante la PC o la consola, ya olvidó, o nunca aprendió, a jugar un cuatro esquinas, a empinar un papalote, o a jugar a la rueda-rueda –para los más chiquiticos-, entonces se ha perdido muchas cosas.

No solo es doloroso extraviar los juegos de los abuelos entre laberintos de gigabytes o cabelleras de Barbie, es también perjudicial. Porque al olvidarlos, está quedando también abandonada toda una memoria y experiencia colectiva, un hermosísimo atado de tradiciones. Y eso somos, también.

“Los juegos infantiles tradicionales constituyen mecanismos que contribuyen a generar en el individuo procesos de identificación con su comunidad, con su región, con su país, a partir de los mecanismos de socialización inherentes a ellos”, lo asegura el doctor Rodrigo Espina, y es mucho más que una frase bien hilvanada.

niños juegan en cuba

Claro, hoy no se la van a pasar solo saltando a la suiza o jugando al pon. Porque ya va adquiriendo tarjeta de tradición lo que al principio fuera novedad. Al punto de que, probablemente, Pac-Man sea visto ahora por los muchachos de veintipico como sus padres veían al monóculo o al bombín.  

Pero es que esos padres -algunos ya hasta abuelos-, cuando niños, también saltábamos suiza y jugábamos pon, y esos muchachos igual lo hicieron de niños. Mas a partir de ahí parece haber ocurrido un quiebre, una grieta insondable por la que se desvaneció todo aquello.

La explicación pedagógica, filosófica, ideológica, de las ventajas de los juegos tradicionales, mejor dejarla para un texto didáctico o académico, pero al menos subrayar que no es por melancolía que habría que rescatarlos, y mucho menos como absurda “curita” para pretender paliar las carencias tecnológicas con que coexistimos.

el pon y los yaquis

"El hombre es la larga sombra que el niño proyectará en el tiempo”, lo dijo Jorge Luis Borges, y yo me quedo pensando ante el desdibujo de juegos tradicionales y también frente a los juguetes de las tiendas.

Sobre esos, me decía la viceministra Rivera en la citada entrevista: “A veces el más útil no es el más caro ni el más sofisticado. Pero los padres no siempre lo saben, y creo que nosotros tenemos ese encargo, lo tiene Educación, toda la sociedad, y lo debe tener el que compra y pone esos artículos a disposición de la familia”.

Es verdad que la economía del país está deprimida, que hay bloqueo (aún existe con toda su fuerza) y una larga lista de ineficiencias internas, pero ya que nos vemos en la necesidad de importar los juguetes -y que no pueden ser muchos-, al menos que se haga con asesoría de quienes mejor pueden ayudar a la infancia: pedagogos, psicólogos, médicos… La cosa no está en invertir más, sino en hacerlo mejor.

ni--os-cubanos

El otro día, en la Mesa Redonda dedicada al racismo, aparecía un padre quejándose de que no encontraba muñecas que se parecieran a su hija, porque todas eran blancas, rubias... (¿se acuerdan de las muñequitas negritas con las que jugamos muchas?). Y en una buena parte de los audiovisuales pasaba igual.

Eso por no hablar de tanta pistolita y ametralladora, mientras que para comprar un guante, un bate y una pelota que valgan la pena, si aparecen, hay que desembolsar tal insensata cantidad, que la mayoría decide reservarla para otras prioridades de la alimentación, el aseo o el calzado del niño.

 

niños juegan a la rueda rueda en cuba

¿Y qué decir de la niña de tercer grado que se pavonea ante sus amigos con el Tablet de 350 cuc que mamá le regaló para jugar?

Bueno, de ella habría que decir muy poco, y mucho de los juegos y juguetes en general. Por algo tantas instituciones importantes andan preparando, para dentro de algo más de un mes, un Taller Nacional sobre este tema, que no puede tomarse a la ligera, ni jugando.

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