Frank Padrón: 41 años de creatividad desde varios ámbitos

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Frank Padrón: 41 años de creatividad desde varios ámbitos
Fecha de publicación: 
20 Diciembre 2019
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«El hombre piensa cada vez menos en hacer algo que no tenga absolutamente ningún fin; ha olvidado que eso es posible y hasta deseable y, ante todo, hermoso».

Erick Fromm

El amor a la vida

Frank Padrón Nodarse (Pinar del Río, 1958), sus colegas, amigos y lectores, celebran por estos días más de cuatro décadas de ininterrumpida y exitosa creación en los campos de la crítica, el ensayo, la investigación, la poesía y la narrativa. Además de otras facetas menos conocidas, como la de compositor. De esos ángulos de esta figura, a quien se le acaba de otorgar la Orden «Raúl Gómez García» a trabajadores destacados en el ámbito de la Cultura, que no solo ha sido un vigoroso profeta de la cultura en la Isla, sino también más allá de sus circunstancias marinas, conversaremos.

Antes de pasar a las preguntas, deseamos agradecer a Jorge Rivas, jefe de la página cultural del periódico Trabajadores, por el cálido homenaje a Frank Padrón que organizó en el Palacio de los Torcedores el martes pasado, pletórico de música, danza y poesía.

—Frank, tenemos en común un amplísimo rango de gustos. El buen cine de cualquier género, la música de concierto y la popular, la literatura, las artes. ¿Cómo se originó y estableció en ti esta especie de meseta, por encima del «me gusta» y «no me gusta», que contribuye a ver con suficiente objetividad los resultados de la creación artística en la mayoría de sus manifestaciones?

—Me di cuenta desde muy jovencito de que el gusto (y el criterio en torno a este) debía especializarse. La crítica impresionista no tiene real valor porque, aunque siempre sea subjetiva, aquella debe ser sustentada con un basamento científico. Se trata de una disciplina que, aunque centre su objeto de estudio en el arte, detenta realmente ese carácter. Por ello, además de hacer una carrera que me ofreció suficientes herramientas para enfrentar la literatura —y por extensión, el arte todo— con ese rigor, con un aparato categorial necesario para el análisis, el despiece, la valoración, he estado siempre rodeado de textos teóricos que actualizan y fortalecen esa especie de escudo y de espada para emprender tal labor.

—¿Qué relación ves entre la formación académica para el ejercicio de la crítica y la capacidad de no cerrarse en determinado criterio, de colocarse también, de cierta forma, en el punto de vista del creador y sus elecciones? ¿Cuál es el aporte, si lo tiene, de esta ampliación del compás de consideración de una obra? ¿Varía o no por géneros, o crees que deba ser una constante en la observación?

—La formación académica resulta esencial porque dota de la cultura, al menos elemental, para ejercer esta profesión, y aporta un método de trabajo; lo otro, ese colocarse en la mira de quien creó y está siendo o será objeto de análisis, da más bien la flexibilidad necesaria en todo crítico para entender, redargüir, examinar, sopesar, interpretar y, finalmente, valorar… Claro que es una constante, al margen de géneros, tendencias y manifestaciones: al menos en mi caso.

—¿Cómo ves al creador en un mundo que, por momentos, parece complementarse; de pronto se eleva o, al cabo, desciende en el caos? ¿Crees que debe hablarse más directamente de ciertos horrores, permanecer optimistas para no hacer que decaigan los ánimos, o combinar ambas posiciones?

—Lo veo en el sitio en que debe estar. Como un intérprete de los tiempos, un vate (a veces también un bate), un profeta, un mediador, un medidor, un socorrista. Ese alfarero que toma la materia prima y la eleva a la categoría artística… sobre lo que debe o no elegir para su discurso es y siempre será absolutamente libre, porque la creación es uno de los pocos ejercicios de libertad que realmente existen; ya la publicación del resultado, como sabes, no depende de él, pero el acto en sí mismo sí, totalmente. Ahora, yo soy de los que siempre ha creído en un arte comprometido con la realidad, con el momento, lo cual no tiene nada que ver con el panfleto o la propaganda ni está reñido con cualquier forma de expresión, aun la fantasía, la ficción científica, o cualquier género. Pero respeto también a quien decide pasar de ello y construir su torre de marfil haciendo un arte alejado de lo social. Es una opción vinculada con el concepto de libertad inherente a la creación del que te hablaba.

—Hay varias anécdotas de figuras consagradas de nuestra cultura a quienes molestó algún que otro señalamiento o comentario de esos que haces siempre con fundamentación y respeto. ¿Te esperabas esas reacciones?

—Al principio, quizás no, cuando pensaba que la crítica era, parafraseando a Alfredo Guevara, «un paseo de rivera»; después me he ido acostumbrando; también los creadores —o los otros, siempre me gusta aclarar que quienes ejercen el criterio no dejan de serlo— aprenden. Recuerdo que Carlos Díaz se disgustó un tiempo conmigo por un emplazamiento fuerte a una de sus puestas, pero años después, me dijo: «no me vuelvo a disgustar contigo, escribas lo que escribas»; he recibido la humildad de artistas de provincia que se han acercado tras una crítica no muy amable diciendo: «es tu criterio, fuiste respetuoso, y yo eso lo respeto». Pero lo otro son campañas, virones de cara, insultos, calumnias, pérdida de amistad, si la hubiere o, al menos, distanciamiento… el ego, como sabes, que no soporta ser sacudido, que se cree impoluto, imprescindible, infalible, pero son gajes del oficio, riesgos de toda profesión.

—Cuando se le preguntaba a Charles Aznavour cómo lograba mantenerse tan vital y joven, el cantante respondía sin dilación que era el amor. Siempre estaba enamorado, aseguraba. A pesar de que ese sustantivo ha sido convertido por ciertos grupos casi en un tópico, ¿cuánto de cierto crees que hay en la influencia sobre la creatividad de ese estado emocional que, en su concepción más abarcadora, incluye, pero no se limita a la relación de pareja?

—Tú me conoces, sabes que soy un enamorado perenne e inderrotable; que la vida me enamora a cada minuto, por muchos golpes que me dé. Las relaciones de pareja en mí han sido casi siempre veleidosas, desiguales, desconcertantes, pero el Amor, así en mayúsculas, es ciertamente mi motor. No me extraña que Aznavour escribiera esas canciones tan hermosas, patrimonio de los amantes de todas las épocas y países. Yo, por ejemplo, puedo escribir dentro de otros géneros —ensayo, narrativa, periodismo…—, pero, en el caso de la poesía, el parto significa un estado espiritual muy intenso, casi místico, que solo puede aportarlo el amor.

—Quienes conocemos aquellas hermosas canciones que componías, las extrañamos por sus elementos poéticos dentro del lenguaje sencillo que empleabas, un sello ineludiblemente tuyo. ¿Por qué no has continuado explotando la veta musical, en momentos en que es tan necesaria la preminencia del buen gusto y con esa cantera de magníficos intérpretes jóvenes que tenemos en permanente producción?

—Si toda creación es un parto, la música lo es con cesárea, con fórceps, sobre todo para alguien que, como yo —corista durante muchos años en la Iglesia bautista, tenor de cuerda—, tiene oído musical y afinación, pero no suficientes conocimientos de teoría, solfeo... como para «escribir» música; entonces, dar a luz aquellas canciones era tan placentero como difícil, más aún, desgarrador. Terminaba exhausto; hubo frutos (piezas finalistas en la OTI, varias que se grabaron, algún que otro premio en festivales de boleros), pero se trata de un proceso muy angustioso que no termina en la composición: hay que buscar intérpretes, arreglistas, promotores, directores de radio y televisión que las pasen; demanda un tiempo —y un dinero— del que no dispongo, porque, al menos en el caso del primero, lo necesito para otras esferas de la creación que siento más cercanas, más propias. De todos modos, ahí están, en viejos registros y «demos», para si algún intérprete las quiere.

—¿Podrías entregarnos el poema que consideras más significativo para ti en estos momentos, o uno de antaño que conserve la impronta emocional hasta el día de hoy? ¿O los dos?

—Le pides a un padre que decida entre hijos, pero trataré de complacerte con uno breve, que dediqué a uno de mis escritores de cabecera, partiendo de unos versos suyos; es un poema que aparece en mi libro Los latidos del espejo (UNIÓN, 2008) y que, en buena medida, dediqué al romance del autor de Rayuela con La Maga, porque yo quería, al menos cuando lo escribí, un amor así de completo, integral y totalizador. El poema aún no se ha hecho realidad en mi vida, al menos no del todo, y quizá nunca ocurra, pero me gusta pensar que será… todavía, algún día.

Nihilismo

                             A la memoria de Julio Cortázar

No conoce uno los límites de nada
                                     ninguna geografía
las costas estriadas de cada
                                     metafísica
la Omega de las nuevas trans-vanguardias
o las musas de izquierda que ahora buscan
la brújula en las piedras
                                      del muro
No conoce uno nada
ni esos cuerpos que estudiamos
                                      a fondo
ni los catecismos e ideogramas
                                      del placer
ni siquiera    las calles repetidas
                                      los semáforos
el aullido del cartero que desafía
Estudios superiores de      Semiótica
Yo      por ejemplo
solo sé (Sócrates y Perogrullo
                                       a un lado)
que nada en este mundo ni los próximos
podrá     superar
                                        la inmensidad
                                        la intensidad
la   densidad   de   la   dicha
que me ha dado tu amor 
                                        torcedor de límites
resurrección legítima de antiguas
                                        utopías
                                        solo de arpa
a espaldas de la muerte
espacio singular entre
                                   todos    y
                                   nadas.

25/12/94

Ernesto González (Colón, Matanzas, 1954) ha publicado poemas, cuentos y artículos en el área de Chicago, donde enseñó español en la Universidad East-West y en la academia cultural Exchange. Fue asesor de la prueba de eficiencia de español de la editorial Riverside Publishing y traductor del periódico Hoy del Chicago Tribune. Sus obras han salido bajo los sellos Cuban Artists Around the World y Booksurge. Están disponibles en amazon.com. Su novela “Bajo las olas – Tras las huellas brumosas de Marguerite Yourcenar” ha sido recientemente publicada por Ediciones Extramuros, La Habana.

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