jueves, 21 junio 2018, 10:18
Lunes, 07 Diciembre 2015 06:58

De Cuba, su gente (III): Las olas duras que muerden la piedra

Escrito por  Diana Castaños/Especial para CubaSí
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Las niñas de Hoyo Perdido usan, invariablemente, unos peinados muy sofisticados, con trenzas entretejidas de su propio pelo en adorno.

Y alguien que no sea de Hoyo Perdido pudiera preguntarse para qué espectador incauto se cuida tanto una estética que parece día tras día amurallada por extensiones abrumadoras de caña y naranja agria.


Aunque tiene un nombre —asignado de boca en boca, por la misma gente que padece la precariedad y la ausencia—, Hoyo Perdido no aparece en el mapa. Tan solo lo conocí de casualidad.


Iba camino a Cumanayagua. La moto se averió y mi tío me dijo: debemos ir a ver a un amigo mío del Hoyo. Y yo: ¿qué hoyo? Y él: ya verás.


Y estuvimos caminando, para llegar al Hoyo, un tiempo incontable, indiscernible, entre matas hoscas, bajo un sol inflexible.


Para cuando llegamos a la comunidad, ya me sabía su historia: en esos lejanos años '80 de abundancia —de tan anómala, nunca más repetida— en Cuba, esos parajes estaban llenos de ganado vacuno y el Estado cubano, en su plena magnificencia, construyó allí algunos muy modestos edificios de microbrigadas, para que los campesinos del lugar estuvieran más cerca de las reses. Por un tiempo, como todo en Cuba, funcionó.


Pero cuando el período de las vacas gordas pasó, eventualmente, pasaron también las vacas. Más temprano que tarde se despertaron entonces los guajiros de Hoyo Perdido —y sus respectivas familias: un entramado de primos, tíos, queridas, novias de colchones averiados escondidos detrás de cierto árbol clave, amantes oficiales devenidas a menos con el tiempo, hijos reconocidos y por reconocer— y se encontraron sin nada que hacer.


Y la cabra volvió al monte. La mayoría se fue de los edificios de microbrigadas. Se fueron de la electricidad, de vivir en un cuarto piso mirando desde arriba a los árboles. Sin reses que cuidar, volvieron a su casita de madera, tampoco demasiado lejos de allí, también en un lugar perdido en el monte, sin nombre ni vocación de estar en el mapa.


Los pocos que se quedaron en la comunidad exganadera de Hoyo Perdido, tienen el más poco ambicioso de los planes: vivir apenas un día más. Preguntarse si valdrá la pena salir alguna vez de allí. Y para qué sitio, si acaso, irían.


Los niños van, eso sí, a la escuela. La más cercana queda a catorce kilómetros. Un coche con una yegua pequeña color vainilla los recoge. Antes y después de la escuela, las mujeres se reúnen alrededor de las cabezas de las niñas. Para hacerles los peinados que las adornan, solo necesitan algo que, para bien o para mal, los que viven en Hoyo Perdido tienen de sobra: tiempo.

Visto 2871 veces Modificado por última vez en Lunes, 07 Diciembre 2015 11:30

El excremento de puerco baja por unas tuberías y mi prima Dania, con una escoba, lo empuja hasta un pozo.

Lili me da un beso en la mejilla para despertarme. Las gélidas luces de la noche la iluminan lo suficiente como para adivinar, por la urgencia y cohesión de sus movimientos, que está despierta hace un rato.

Comentarios  

 
#5 ss 10-12-2015 18:31
La periodista mezcla realidad con ficción. No se trata de una crónica y mucho menos de un reportaje. Tengo dudas sobre el género pero no de que estamos sedientos de alguien que nos hable de lo nuestro con un discurso distinto, discretamente poético casi sin que lo parezca. ¿Acaso el realismo mágico del subcontinente no partía de la realidad para (re)crearla? Por eso, a propósito, no hace falta que exista Hoyo Perdido, basta que "recuerde" a algo parecido.
 
 
#4 Dona 10-12-2015 12:32
Diana Castaño: Pudiera decirme exactamente ¿Dónde queda Hoyo Perdido? yo visito bastante Cumanayagüa, mi mamá vive ahí, yo en un tiempo también viví, y no conozco ese lugar de "HOYO PERDIDO". ¿Ese pueblo es real? o ¿Es pura ficción?, Conozco comunidades pecuarias en esa zona como La Parra, Breña Los Cocos por nombrar solo algunas que por su puesto al llegar el periodo especial se vieron un poco abandonadas en todo sentido, pero las personas que viven en ellas tienen planes de vida como cualquiera, y no solamente vivir un día mas, como dice en el articulo, tienen sus sueños, sus aspiraciones, claro que no son las de las personas que viven en la ciudad si no de las que viven en el campo, y en ellas te encuentras gente trabajadora honestos inteligente y sobre todo muy alegres y también los mala cabeza que no les gusta trabajar y coger todo fácil o sea una sociedad normal y no como la describes, yo le recomendaría con todo respeto que visitara mas la campiña cubana. Gracias
 
 
#3 Juan Carlos 07-12-2015 15:55
Ummm para los que nacimos en el monte nos resultan demasiado bucólicos estos relatos montunos, sobre todo el I "eso de subirse a una mata coger los huevos para el desayuno dejándolos caer por un embudo..." así no es el campo con perdón de la periodista. Sin embargo Comunidades abandonadas como Hoyo Perdido existen, yo conocí una cuyo nombre no recuerdo ahora, pero de 15 casas de mampostería amplias y cómodas solo había una habitada, precisamente el dueño o residente del lugar donde se erigió la pequeña comunidad, nadie mas.
 
 
#2 Anar 07-12-2015 13:33
he leído todos los artículos, me gustan mucho, la forma de hacer llegar estas vivencias, perdone ahora usted mi ignorancia, no sé dónde está Hoyo Perdido, he recorrido el país, en los tiempos muy malos y los de ahora, realmente no sé dónde queda, si alguien me dice, gracias.
 
 
#1 r@f@ 07-12-2015 10:28
estimada periodista ¡gracias! todavía hay cubanos que se asombran de cosas como estas que no son ciencia ficción sion de la más cruda realidad nuestra.
 

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