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Jueves, 13 Agosto 2015 09:01

Las deudas que Estados Unidos tiene con Cuba

Escrito por  Jorge Gómez Barata
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Levántese el bloqueo, icen la bandera en el Malecón, y arríenla en Guantánamo. Reclamen lo que tengan que reclamar, y paguen lo que tengan que pagar.

Aunque trabajaba muchas horas, ganaba muy poco, y avanzaba por la vida con retraso escolar, era niño cuando leí Las Aventuras del Soldado Desconocido Cubano, escritas por Pablo de la Torriente Brau. La recomiendo.   


Casi sesenta años después recuerdo el pasaje en que Hiliodomiro del Sol, el mulato criollo que encarnó al héroe que nunca fue ni quiso ser y, desde su tumba en Arlington escuchaba divertido los discursos que exaltaban a los infelices que marchaban o regresaban de la Primera Guerra Mundial, y los exhortaban a “Pagarle la deuda a Lafayette…” un mariscal francés al cual Hiliodomiro no recordaba deber nada.


A lo largo de mi vida, sobrecargada de actividad política, he escuchado  hablar de deudas. Curiosamente siempre somos nosotros, los cubanos, los deudores. Incluso hemos proclamado tener deudas con la humanidad. En cambio a nosotros nadie nos debe nada.


A propósito de deudas, quiero recordar una que Estados Unidos tiene con Cuba. No me refiero a dinero ni a reclamos materiales por los daños que ha ocasionado el bloqueo, de lo cual se encargarán los gobiernos y los bancos, sino a las deudas del afecto con la Isla, con aquellos que la habitan; más exactamente con la nación cubana.


Resulta ser que Estados Unidos, que desde hace unos trecientos años se preocupa hasta el hartazgo por Cuba, tanto que quiso comprarla, libró por ella su primera guerra europea, la ocupó, la puso bajo su protección con la Enmienda Platt, y durante treinta años lamentó la presencia soviética; nunca ha hecho nada por ella  nada. Tal vez llegó la hora de reconocer que además de con Lafayette hay otras deudas.


No quiero pecar de exagerado, cosa que en Cuba no es defecto, ni de ingrato, que si lo es. Admito que Estados Unidos, su revolución, y sus ideas prístinas inspiraron a los cubanos, que su cultura los enriqueció, su tecnología los habituó a la excelencia, y su estilo de vida al confort. Todo eso existió y existe, pero no se debe a los gobiernos ni al empresariado norteamericano.


La idea es: ya que Cuba les interesa, les gusta, y está tan cerca, sean consecuentes con su afecto y leales a su aspiración de liderazgo, no de hegemonía, y sobre todo no se confundan otra vez. Relean la Resolución Conjunta del Congreso de 1898.


La verdad es que entre 1776, fecha de la independencia americana, y 1898, efemérides de la ocupación norteamericana de la Isla, si bien se pudo hacer algo más, Estados Unidos no podía desconocer que se trataba de una colonia de España. De ese período no hay mucho que demandar.


La deuda comenzó a correr con la república. A pesar de que la economía cubana estaba en ruinas, sus líderes muertos o dispersos, el Ejército Libertador en harapos, y de que ellos mismos fueron ayudados y acogidos con afecto, Estados Unidos no ideó nada parecido a un Plan Marshall para Cuba, todo lo contrario: reclamó bases militares, impuso restricciones a la soberanía, y concedió magros empréstitos con intereses altos. Los mambises fueron humillados y los inversionistas estadounidenses no vinieron a negociar, sino a disfrutar del botín.


Lo mismo que los presidentes William McKinley y Theodore Roosevelt miraron para otro lado ante las calamidades de la isla ocupada, Eisenhower agravió a Fidel Castro, y prefirió jugar golf a recibirlo, cuando en abril de 1959 fue a Washington a dialogar y tratar de cambiar la historia.


El bloqueo y bahía de Cochinos, los intentos por asesinar al líder cubano y por acorralar a Cuba hasta dejarla sin otra opción que aceptar la mano extendida de la Unión Soviética, son hitos de políticas erradas, que al pasar la página, quedan atrás.


Kerry no es Marshall ni hace falta que lo sea. Basta con que asuma el legado de Franklin D. Roosevelt y quiera ser un buen vecino, o el de Kennedy que planteó la idea de una alianza para el progreso y unos cuerpos de paz. La deuda a la que aludo no es monetaria, es política.


Levántese el bloqueo, icen la bandera en el Malecón, y arríenla en Guantánamo. Reclamen lo que tengan que reclamar, y paguen lo que tengan que pagar, sean consecuentes con las asimetrías y recuerden sus deudas, no solo con Lafayette, sino con  Hiliodomiro del Sol que yace en Arlington. Démosle a Obama el tiempo y el beneficio de la duda. Allá nos vemos

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Comentarios  

 
#3 Robert 15-08-2015 05:36
Bueno evidentemente este Robert no debo ser. Es cierto que es un nombre muy correlativo en Cuba, pero quiero aclara que he escrito con ese nombre muchas cosas para esta página.

En primer lugar no comparto la idea o la pregunta que hace mi tocayo. NO se trata de pedirle o no a Obama, se trata de reclamarle los derechos acumulados que tenemos en muchos años de agresión y medidas en contra de nuestro país por no alinearse al sistema que tiene su país. Hasta cierto punto tendrá posibilidades de actuar y de hecho lo hace, creo que muy bien si nos situamos en su posición de negro, presidente de la potencia racista más grande tal vez en la actualidad, no olvidemos a Alemania Nazi, en medio del dominio económico que caracteriza a esa nación.

Nunca pensé ver lo que veo en lo referente a las relaciones entre ambos estados, aunque fui del criterio que alguien debía romper el hielo de ambas partes en beneficio de los pueblos y por encima de la política, aunque quedarán temas por dilucidar referente a ella muy complicados y necesarios para establecer la soberanía.


Por otra parte ser presidente no implica que se pueda hacer lo que se quiera y eso está muy claro. Además de la búsqueda del momento preciso para tomar decisiones que a veces no es el mismo momento para nosotros. Hay dos o tres leyes que le atan las manos para la decisión grande, es decir la eliminación del bloqueo totalmente, eso es verdad. Solamente le pediría que siguiera empleando inteligentement e los recursos disponibles para lograr algo, que le asegura un lugar muy preponderante en la historia de su país y del mundo y lo invitaría venir a la tierra de los sabios después el 59. Lo importante es que la maquinaria funcione y no se detenga. Para mi es un reclamo permanente
 
 
#2 Arístides 13-08-2015 17:20
Magnífico escrito del amigo Gómez Barata. A Obama tal vez, como quiere el forista Robert no haya que pedirle mucho más, pero a los cuarentitantos gobiernos anteriores, desde la fundación de la Unión Americana, si se le puede reclamar mucho, como mismo nos relaciona el autor del escrito. Nunca nos han dado algo de gratis. Todo nos ha costado mucho, sino en pesos, en sangre, sudor y lágrimas.
 
 
#1 Robert 13-08-2015 11:31
No entiendo, que mas se le puede pedir a OBAMA.
 

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