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Lunes, 10 Junio 2013 08:40

Frei Betto: Lo que no es preciso para ser feliz

Escrito por  Frei Betto
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Una ciudad progresista del interior de San Pablo tenía, en 1960, seis librerías y un gimnasio; ¡hoy tiene sesenta gimnasios y tres librerías!.

Al viajar por Oriente, mantuve contacto con los monjes del Tibet, en Mongolia, Japón y China.  Eran hombres serenos, solícitos, reflexivos y en paz con sus mantos de color azafrán.

 

El otro día, observaba el movimiento del aeropuerto de San Pablo: la sala de espera llena de ejecutivos con teléfonos celulares, preocupados, ansiosos, generalmente comiendo más de lo que debían.

 

Seguramente ya habían desayunado en sus casas, pero como la compañía aérea ofrecía otro café, todos comían voraz-mente.

 

Aquello me hizo reflexionar: “¿Cuál de los dos modelos produce felicidad?”

 

Me encontré con Daniela, de 10 años, en el ascensor, a las 9 de la mañana, y le pregunté: “¿No fuiste a la escuela?” Ella respondió: “No, voy por la tarde.”

 

Comenté: “Qué bien, entonces por la mañana puedes jugar, dormir hasta más tarde.”

 

“No”, respondió ella, “tengo tantas cosas por la mañana…”

 

“¿Qué cosas?”, le pregunté.

 

“Clases de inglés, de baile, de pintura, de natación”, y comenzó a detallar su agenda de muchachita robotizada.

 

Me quedé pensando: “Qué pena que Daniela no dijo: “¡Tengo clases de meditación!”

 

Estamos formando súper-hombres y súper-mujeres, totalmente equipados, pero emocionalmente infantiles.

 

Una ciudad progresista del interior de San Pablo tenía, en 1960, seis librerías y un gimnasio; ¡hoy tiene sesenta gimnasios y tres librerías!

 

No tengo nada contra el mejoramiento del cuerpo, pero me preocupa la desproporción en relación con el mejoramiento del espíritu. Pienso que moriremos esbeltos: “¿Cómo estaba el difunto?”: “¡Oh, una maravilla, no tenía nada de celulitis!”

 

Pero, ¿cómo queda la cuestión de lo subjetivo? ¿De lo espiritual? ¿Del amor?

 

Hoy, la palabra es “virtualidad”. Todo es virtual. Encerrado en su habitación, en Brasilia, un hombre puede tener una amiga íntima en Tokio, sin ninguna preocupación por conocer a su vecino de al lado. Todo es virtual. Somos místicos virtuales, religiosos virtuales, ciudadanos virtuales. Y somos también éticamente virtuales…

 

La palabra hoy es “entretenimiento”; el domingo, entonces, es el día nacional de la imbecilidad colectiva.

 

Imbécil el conductor, imbécil quien va y se sienta en la platea, imbécil quien pierde la tarde delante de la pantalla.

 

Como la publicidad no logra vender felicidad, genera la ilusión de que la felicidad es el resultado de una suma de placeres: “Si toma esta gaseosa, si usa estas zapatillas, si luce esta camisa, si compra este auto, si bajas de peso,  ¡usted será feliz!”

 

El problema es que, en general, ¡no se llega a ser feliz! Quienes ceden, desarrollan de tal forma el deseo, que terminan necesitando un analista. Quienes resisten, aumentan su neurosis.

 

El gran desafío es comenzar a ver cuán bueno es ser libre de todo ese condicionamiento globalizante, neoliberal, consumista. Así se puede vivir mejor. Para una buena salud mental son indispensables tres requisitos: amistades, autoestima y ausencia de estrés.

 

Hay una lógica religiosa en el consumismo posmoderno.

 

En la Edad Media, las ciudades adquirían status construyendo una catedral; hoy, en Brasil, se construye un shopping-center.

 

Es curioso, la mayoría de los shopping-center tienen líneas arquitectónicas de catedrales estilizadas; a ellos no se puede ir de cualquier modo, es necesario vestir ropa de misa de domingo. Y allí dentro se siente una sensación paradisíaca: no hay mendigos ni chicos de la calle ni suciedad…

 

Se entra en esos claustros al son gregoriano posmoderno, aquella musiquita de esperar al dentista.

 

Se observan varios nichos, todas esas capillas con venerables objetos de consumo, acolitados por bellas sacerdotisas.

 

Quienes pueden comprar al contado se sienten en el reino de los cielos.

 

Si debe pagar con cheque posdatado o a crédito, se siente en el purgatorio.

 

Pero si no puede comprar, ciertamente se va a sentir en el infierno…

 

Felizmente, terminan todos en una eucaristía posmoderna, hermanados en una misma mesa, con el mismo jugo y la misma hamburguesa de Mac Donalds…

 

Acostumbro a decirles a los empleados que se me acercan en las puertas de los negocios: “Sólo estoy haciendo un paseo socrático”. Delante de sus miradas espantadas, explico: “Sócrates, filósofo griego, también gustaba de descansar su cabeza recorriendo el centro comercial de Atenas. Cuando vendedores como ustedes lo asediaban, les respondía: …”¡Sólo estoy observando cuántas cosas existen que no necesito para ser feliz!”

 
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Comentarios  

 
#5 Arístides 13-06-2013 10:51
Pensé escribir algo de lo que me ha impresionado de lo escrito por Betto, pero me entretuve en leer los 4 comentarios ya publicados, y he cambiado de opinión, aunque decir algo sensato sobre lo que ha escrito el maestro Betto, bien lo merece. Trataré en otra oportunidad.
 
 
#4 Vicente Machado 12-06-2013 10:14
Martí en maestros ambulantes:
La felicidad
existe sobre la tierra; y se la conquista con el ejercicio prudente de la
razón, el conocimiento de la armonia del universo, y la práctica cons,
tante de la generosidad. El que la busque en otra parte, no la hallará:
que después de haber gustado todas las copas de la vida, sólo en ésas
se encuentra sabor.-Es leyenda de tierras de Hispanoamérica que en el
fondo de las tazas antiguas estaba pintado un Cristo, por lo que cuando
apuran una, dicen: “iHasta verte, Cristo mío!” iPues en el fondo de
aquellas copas se abre un cielo sereno, fragante, interminable, rebosante
de ternura!
Ser bueno es el único modo de ser dichoso.
Ser culto es el único modo de ser libre.
Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero
para ser bueno
 
 
#3 Vicente Machado 12-06-2013 10:10
Martí nos dice "" como coincidencia de pensamiento racional el autor pone sobre el tapete una realidad posmoderna de cambio de enajenación. El consumismo se mistifica y se adora cual dios de estos tiempos, la espiritualidad entendidad desde la concepción marxista de refejo de una realidad objetiva se cosifica a tal punto que esconde como el velo del nirvana el camino autodestructivo de la especie humana. solo sembrando valores (espitualidad) como plantea Fidel Castro podermos salvarnos, gracias distinguido filósofo por esta extraordinaria reflexión, alertando, explicando y criticando pone su gota para demostrar que. UN MUNDO MEJOR ES POSIBLE.
 
 
#2 barbaro ricardo mart 11-06-2013 12:12
he leido varios escritos bellos en mi vida, este junto al sermon del monte estan entre ellas
 
 
#1 Frank 10-06-2013 12:47
Bella e instructora reflexión
 

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