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VOCABLOS: Redamancia

Sustantivo que habla de correspondencia, complemento, reciprocidad y plenitud emocional, el equilibrio perfecto para el amor consciente.
Fuente:
CubaSí

Todavía es febrero y estamos bajo la influencia de los festejos más populares de este mes y la inercia del amor. Por eso hoy traemos esta palabra de tan bonito significado y ojalá, para muchos, fuera más que una utopía o ensueño reprimido.

Redamancia se refiere al acto de ser amado con la misma intensidad que amamos. Habla de correspondencia, complemento, reciprocidad, plenitud emocional. Es el sentimiento al que aspira cada enamorado porque la verdadera suerte es lo mutuo.

El amor es una construcción complicada porque a veces llega o no, y la pareja puede estar implicada, pero no amar. Por eso, quienes encuentren redamancia alguna vez en la vida se pueden considerar dichosos.

Se trata de un concepto romántico. Redamancia es el equilibrio perfecto para el amor consciente, es la simetría emocional, resonancia entre dos personas que se eligen. Un ejemplo del empleo de este sustantivo poco común: Redamancia es todo lo que quiero.

El español está repleto de palabras que deberíamos rescatar del camino hacia el olvido y emplearlas con más frecuencia, sobre todo esas que no solo nombran la realidad, la crean y matizan. Esta es una joya léxica. Cierto que no es de uso cotidiano, y quizás por eso mismo su significado posee la frescura de un descubrimiento íntimo.

Definir redamancia como simple "correspondencia afectiva" sería quedarse en la superficie conceptual, pues con cada sílaba que conforman este vocablo se encuentra la fantasía de toda persona en el plano amoroso más profundo. Es una palabra llena de poesía y anhelos. Redamancia implica un diálogo silencioso, un afecto de gran magnitud que es recibido, comprendido, valorado y devuelto con la misma fuerza.

¿Quién no ha experimentado la angustia de un amor no correspondido? Ese desasosiego es, de hecho, la antítesis. Redamancia es de las experiencias más serenas y plenas que podemos vivir porque la seguridad de saber que tu ternura no se pierde en el abismo, sino que florece en el otro, es gratificante, el alimento ideal para el amor.
 

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