Un golondrino no compone verano
António José Seguro ganó las elecciones presidenciales en Portugal frente a André Ventura con una amplia mayoría, consolidando un perfil moderado y constitucional en un momento de tensión política y avance del populismo en Europa
Así decía mi suegra baracoense -combatiente revolucionaria -fallecida a los 99 años en plenitud de sus facultades mentales. Y quizás se pudiera aplicar a la aún reciente derrota de la ultraderecha en las elecciones presidenciales en Portugal, con el ascenso de un socialista moderado -un socialdemócrata- a esa instancia, aunque tendrá enfrente a un primer ministro conservador.
António José Seguro ganó el pasado domingo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Portugal con cerca de dos tercios de los votos y derrotó con holgura al líder de ultraderecha André Ventura. El resultado pone fin a dos décadas de jefaturas de Estado de la centroderecha y devuelve el Palacio de Belém a un dirigente de izquierda.
Con más del 99% escrutado, Seguro obtuvo entre el 65,7% y el 66,8% de los sufragios, frente al 33–34% de Ventura, líder del partido Chega, una diferencia mayor a la prevista por los sondeos. El balotaje se celebró el 8 de febrero después de que en la primera vuelta, el 18 de enero, el candidato socialista ya hubiera encabezado la votación con cerca del 31%, seguido por Ventura con alrededor del 23–24%.
La victoria se interpreta como un freno al avance electoral de la ultraderecha en Portugal, donde Chega venía creciendo en elecciones legislativas y encuestas. Tras la primera ronda, Seguro recibió el respaldo explícito del Partido Socialista y de varios candidatos derrotados del centroderecha, además del apoyo de expresidentes conservadores como Aníbal Cavaco Silva y António Ramalho Eanes, configurando un amplio bloque político para impedir la llegada de Ventura a la jefatura del Estado.
Durante la campaña, el ahora presidente electo centró su discurso en la defensa institucional y en la necesidad de unir a los demócratas frente al extremismo. El propio Ventura calificó esas adhesiones como un “voto de castigo” contra su candidatura, mientras Seguro insistió en que su proyecto buscaba convergencia política y estabilidad democrática.
El nuevo jefe de Estado asumirá funciones el 9 de marzo, cuando reciba el cargo de manos del actual presidente Marcelo Rebelo de Sousa.
LOS OTROS
Alemania se sumó a los países europeos con fuertes ultraderechas, tras las elecciones en los estados federados alemanes de Turingia y Sajonia, en las que el partido Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo un notable ascenso.
Los sondeos actuales sitúan al AfD como segunda fuerza, por detrás de la formación Unión Demócrata Cristiana (CDU).
Pero las tendencias populistas y de ultraderecha llevan mucho tiempo establecidas en los tres Estados más grandes de la UE: Italia, Francia y España. Y no solo allí.
En Italia, el antiguo partido regional Liga ha cogobernado en el gobierno central en varias ocasiones. Al mismo tiempo, es fuerte en las regiones del norte y ocupa la presidencia en Véneto, Lombardía, Friuli-Venecia Julia y Umbría. Nunca ha existido un "cordón sanitario" o cortafuegos hacia ese partido, es decir, no ha sido excluido de coaliciones con los democristianos.
La Liga ha gobernado junto a Silvio Berlusconi e incluso con los populistas de izquierda del Movimiento Cinco Estrellas como socio menor. Desde el 2022, los Hermanos de Italia (Fratelli d'Italia), de extrema derecha, han superado a la Liga. Desde entonces, la primera ministra, Giorgia Meloni, lidera una coalición de derechas formada por los Fratelli, la Liga y los democristianos.
En Austria tampoco hay cordón sanitario contra la ultraderecha. Al contrario, el ultraderechista Partido de la Libertad de Austria (FPO) ya estuvo en el gobierno en los años 80, en coalición con los socialdemócratas. A partir del 2000, hubo cuatro gobiernos de coalición con los democristianos. El FPO nació como partido regional y, tras varias escisiones y reajustes programáticos -similares a los del partido AfD alemán-, el FPO está ahora establecido en nueve parlamentos y tres gobiernos estatales.
Su líder, Herbert Kickl, considera que tiene muchas posibilidades de convertirse en lo que él llama el "canciller del pueblo" de Austria.
El cordón sanitario sí existe en Francia: Emmanuel Macron no quiere trabajar ni con la formación de ultraderecha Agrupación Nacional ni con la de ultraizquierda Francia Insumisa. Por ese motivo, no hay mayoría parlamentaria tras las elecciones anticipadas, porque Macron no puede encontrar un socio de coalición.
La Agrupación Nacional obtuvo en ellas unos resultados sorprendentemente peores de lo esperado y quedó como tercera fuerza. Sin embargo, ha ganado cada vez más peso en los últimos años. Está representada en numerosos órganos municipales y regionales, aunque no puede gobernar en ningún sitio por sí sola.
En España, los socialdemócratas siguen en el poder a nivel nacional, en un gobierno minoritario apoyado por partidos separatistas. La ultraderecha de la formación Vox no ha dejado de crecer desde hace años y ocupa el tercer puesto a nivel nacional.
En julio, el líder del partido, Santiago Abascal, declaró la ruptura con los democristianos porque habían aceptado acoger inmigrantes canarios en la península.
El Partido por la Libertad (PVV), de Geert Wilders, ha roto la coalición de gobierno que lideraba en Países Bajos, porque el Ejecutivo no ha tomado medidas lo suficientemente duras en materia de inmigración. "Queremos un alto total e inmediato al asilo. Queremos que todos, pero realmente todos los solicitantes de asilo sean rechazados inmediatamente en la frontera", reclamaba Wilders.
Si por Wilders fuera, prohibiría el Corán y las nuevas mezquitas. Por lo demás, se moviliza contra la protección del clima y contra la Unión Europea (UE), a la que critica por "abusiva". Wilders domina su partido: él es el único miembro, incluso los diputados y ministros son, oficialmente, solo simpatizantes del PVV. Esto le permite a Wilders determinar por sí solo el programa de la formación y nombrar candidatos para las elecciones.
El partido polaco Ley y Justicia (PiS) perdió las elecciones parlamentarias a finales de 2023. Desde entonces, Donald Tusk, de ideología liberal y expresidente del Consejo de la UE, gobierna en Polonia. En las elecciones presidenciales de mayo de 2025, Karol Nawrocki, apoyado por el PiS, ganó por un estrecho margen. Nawrocki hizo campaña con su retórica antialemana y antieuropea.
Pero el PiS se muestra bastante cauteloso en la UE, ya que los flujos financieros procedentes de Bruselas son importantes para el país. También se posiciona claramente del lado de Ucrania en la guerra contra Rusia y aboga por una fuerte presencia de la OTAN como protección contra su poderoso vecino.
En cambio, en materia de política migratoria, el partido defiende las posiciones duras de sus homólogos en otros lugares de Europa. En cuestiones sociales, se acerca a la Iglesia Católica en Polonia y se opone a la legalización del aborto y a la igualdad de las parejas homosexuales.
El actual primer ministro, Robert Fico, fundó el partido Dirección Socialdemocracia Eslovaca. La dirección apunta claramente hacia la derecha y no tiene casi nada que ver con la socialdemocracia al estilo alemán. Advierte contra una "extranjerización" de Eslovaquia. El líder del partido y primer ministro considera que los musulmanes en general no son capaces de integrarse y en el 2016 afirmó: "El islam no tiene cabida en Eslovaquia".
Fico califica a los ucranianos que luchan contra Rusia de "nazis y fascistas". Antes de las elecciones parlamentarias de 2023, de las que salió victorioso, anunció que detendría inmediatamente el suministro de armas a Ucrania. Así lo hizo y afirmó que la OTAN y los Estados Unidos eran responsables del ataque de Moscú. Su gobierno también se ha pronunciado en repetidas ocasiones en contra de las sanciones de la UE contra Rusia, calificándolas de "inútiles y contraproducentes".
CASO APARTE
Fidesz (Unión Cívica Húngara) es, probablemente, el partido de extrema derecha más exitoso de Europa. Con su líder, Viktor Orbán, Fidesz estuvo en el poder en Hungría entre 1998 y el 2002, y lo ha vuelto a estar de forma ininterrumpida desde el 2010. Fundado en 1988, poco antes del fin del comunismo, como una fuerza liberal radical, mantuvo esta orientación durante mucho tiempo.
Después giró hacia la derecha. Ahora, el partido defiende explícitamente una democracia iliberal, considera que el Occidente cristiano está amenazado por la extranjerización y quiere limitar en gran medida la influencia de la UE.
A diferencia de otros partidos similares, Fidesz reconoce el cambio climático provocado por el hombre como una amenaza. A diferencia del PiS polaco, por ejemplo, el Fidesz de Orbán busca el contacto con Rusia, sobre todo en cuestiones energéticas.
Orbán ha aumentado sustancialmente sus contactos con el presidente norteamericano, Donald Trump, a quien visitó recientemente, logrando pingues negocios entre ambos países.
Días después, cambió su voto en Naciones Unidas, apoyando el bloqueo a Cuba.
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