Misión Artemis II: La primera plomera espacial

Imagen: Instagram
A veces la tupición de un inodoro puede poner en riesgo una histórica misión espacial como la Artemis II, que como primer vuelo tripulado del programa Artemis sobrevolará la Luna en un prólogo al retorno humano a la superficie lunar y para futuras misiones a Marte, según la NASA .

La misión Artemis II, compuesta por el cohete Space Launch System y la cápsula tripulada Orion, despegó del Centro Espacial Kennedy en Cabo Cañaveral, Florida, el 1ro de abril. Foto: Joe Skipper/ Reuters
Sucede que en el casi vacío absoluto del espacio, donde el silencio es norma y la tecnología parece rozar lo divino, un ruido sordo y poco glamuroso ha devuelto a la humanidad a su realidad más prosaica: el inodoro de la nave se tupió y ni el software más sofisticado ni la inteligencia artificial más profunda se dedicaron a solucionarlo porque debía ser reparado manualmente.

El problema fue detectado durante la madrugada del jueves 2, cuando una luz de advertencia de avería alertó a la tripulación y al centro de control de la NASA. Foto: Instagram
Fue entonces cuando emergió la figura de Christina Koch ya no solo como una astronauta de élite, sino como la primera "plomera del espacio".
Su destreza técnica para lidiar con la tupición del sistema de gestión de residuos de la nave Orion desatascó las angustias de muchísimos científicos y terrícolas en general, y subrayó una verdad incómoda: a veces un buen manejo de la llave inglesa vale más que un gigabyte de algoritmos predictivos.

Christina Koch, astronauta, ingeniera eléctrica y física estadounidense, única mujer en la tripulación de la misión Artemis II. Foto: Getty Images
Según ha declarado la propia astronauta, el problema se debió principalmente a que “llevaba mucho tiempo sin usarse y la bomba necesitaba un tiempo para arrancar”.
Durante una entrevista virtual en directo desde la cápsula Orion, en la que participaron diversos medios de comunicación internacionales, mientras la nave se alejaba de la Tierra, Koch respondió a preguntas de la prensa sobre el incidente técnico con el sistema de gestión de residuos.

Christina Koch, además de ser la primera mujer que orbitará la Luna, con 47 años y nacida en Michigan, es también la que más tiempo ha pasado en el espacio, donde sumó 328 días en la Estación Espacial Internacional. Foto: Instagram
En ese contexto, con una mezcla de humor y pragmatismo ingenieril, afirmó: "Soy la plomera del espacio, y estoy orgullosa de llamarme la plomera del espacio". Su afirmación se volvió viral instantáneamente, replicada y celebrada por la propia NASA en sus canales oficiales de redes sociales.
La inteligencia humana y la artificial
Este incidente, lejos de ser una anécdota escatológica, pone de relieve la resiliencia de los oficios manuales en una era dominada por la automatización.
Mientras la inteligencia artificial se afana en casi competir con sus creadores desplegando acciones como redactar poemas, programar códigos y diagnosticar enfermedades, la realidad física del espacio exige una intervención que el silicio no puede replicar.
Y es así como la plomería -fontanería en otras latitudes-, ese oficio milenario a menudo subestimado, se revela como una de las profesiones blindadas ante el avance de las máquinas. Porque no existe un modelo de lenguaje que pueda sentir la vibración de una tubería bajo presión o aplicar el torque exacto a una tuerca rebelde en condiciones de microgravedad.

En la isla de Creta, el palacio minoico de Cnosos, de hace unos 1700 a.C, utilizaba bañeras de cerámica, además del primer inodoro con descarga del mundo, completado con sistema de desagüe. Foto: Rita Roberts
El mantenimiento de los sistemas críticos de soporte vital, requirió de una intuición táctil y una capacidad de improvisación mecánica que, por ahora, evidenciaron seguir siendo propiedad exclusiva de los humanos.
La misión Artemis II no solo prueba los límites de la propulsión, sino la capacidad de convivencia con nuestras propias limitaciones biológicas en un entorno que no perdona. La labor de Koch y su equipo representa una oda a la reparación artesanal en un mundo que hoy prefiere botar y reemplazar.
Al final, el éxito de llegar a circunvolar la Luna depende tanto del empuje de los motores como de la capacidad de mantener operativos los sistemas más básicos y menos poéticos de la nave, demostrando así que el futuro no pertenece solo a quienes programan, también a quienes saben ensuciarse las manos para que el sistema siga fluyendo.
La ingeniería de lo inevitable: cómo evacuar en el vacío
Hacer las necesidades biológicas en el espacio es, quizás, el desafío menos elegante, pero no el menos importante de la ingeniería espacial.
El sistema de gestión de residuos de la nave Orion, derivado de tecnologías similares al Universal Waste Management System
y plagado de detalles técnicos, es una maravilla de la hidrodinámica diseñada para funcionar sin la ayuda de la gravedad.
A diferencia de un inodoro terrestre que utiliza el flujo de agua y la atracción gravitatoria, el de la Orion funciona como una aspiradora de alta precisión. Para orinar, los tripulantes utilizan un embudo con succión que separa el líquido del aire mediante un separador centrífugo; líquido que luego es procesado y reciclado.

Foto: tomada de infobae.com
El proceso para las heces es más crudo: se depositan en bolsas individuales dentro de un receptáculo que también utiliza succión para asegurar que nada escape al ambiente de la cabina, para luego ser selladas y almacenadas.
Este sistema de succión y separación es crítico, pues en microgravedad los líquidos y sólidos no "caen", sino flotan en esferas caprichosas que podrían dañar equipos sensibles o ser inhaladas por la tripulación.
Tiene una particularidad incómoda: es muy ruidoso. Así lo había advertido la propia Koch recientemente en un video de National Geographic, donde comentó que la tripulación debía protegerse los oídos para usar el baño.
Otro de los cuatro tripulantes, Jeremy Hansen, miembro de la Agencia Espacial Canadiense, había agregado al respecto que ese "es el único lugar al que podemos ir durante nuestra misión donde podemos sentirnos solos por un momento".
La tupición reciente en la cápsula Orion ha obligado a revisar los protocolos de uso de estos sistemas, que son un 65% más pequeños y un 40% más ligeros que los utilizados en la Estación Espacial Internacional.

Los cuatro tripulantes de la misión espacial Artemis II. Foto: NASA
Dicho sistema debe procesar los residuos para recuperar hasta el último gramo de agua, un recurso más valioso que el oro en el espacio profundo.
Así, la gestión de los desechos biológicos deja de ser una cuestión de higiene para convertirse en una pieza clave de la gestión de recursos en circuito cerrado de la misión, donde la tecnología debe ser tan robusta como para manejar las funciones más erráticas del cuerpo humano, cuyas potencialidades creativas aun dejan atrás a la de cualquier IA convirtiendo a una astronauta también en plomera espacial.
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