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La genialidad en Benny Moré

“Yo de Cuba no me voy”, repitió hasta la saciedad el Bárbaro del Ritmo y su rincón querido (San José de las Lajas) aún a 63 años de su partida física rinde tributo a quien el Indio Naborí dedicó un poema: “No está muerto, vive y canta el ruiseñor Benny Moré”.
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Benny Moré
Fuente:
ACN

Benny Moré fue un genio salido de la campiña cubana sin que ninguno de sus coterráneos en Pueblo Nuevo, lugar de su nacimiento, en el poblado de Santa Isabel de las Lajas, exprovincia de Las Villas, pudiera vislumbrar que en un humilde bohío viera la luz el 24 de agosto de 1919 el más brillante músico popular de Cuba.

Delgado, mal alimentado, con indumentarias estrafalarias y enfermo desde mediados de los años 40 del siglo pasado con una dolencia que lo llevó a la muerte el 19 de febrero de 1963, el posterior Bárbaro del Ritmo no impresionaba de manera alguna.

Sus orígenes pasan por un antepasado oriundo del Congo, llamado Gundo, hijo de un rey, a quien los negreros secuestraron y esclavizaron y que resultó el primero de los Moré en Cuba.

Aunque ese apellido provino con posterioridad de uno de los dueños de centrales, donde estuvieron sus ancestros.

Desde pequeño Bartolomé Maximiliano Moré mostró inclinación musical y él mismo se fabricó una guitarra con una tabla e hilo de carretel, mientras entonaba canciones, cuyas letras memorizaba muy rápido.

Cuenta su madre Virginia Moré, en la biografía escrita por Amin E. Naser, que la música le vino por ella, porque en la adolescencia le gustaba dar serenatas y cantar en fiestas de sus amigas.

Una noche, relata Virginia, Benny que no llegaba a los 10 años, se escapó de la casa al sentir los compases musicales de una fiesta cercana. Ella preocupada llegó al lugar y lo encontró sobre una mesa en medio de la sala, mientras los presentes escuchaban las improvisaciones de aquel niño.

A mediados de 1936, decidió irse a La Habana para probar fortuna, pero le fue mal, volvió a su terruño y regresó a la capital en 1939 cuando reconoció sus potencialidades como cantante y trataba de abandonar las tareas que hasta ese momento le propiciaron sustento: cortar caña, trabajar como carretillero en un central azucarero o vender vegetales, hortalizas y frutas en la calle. Quería probarse como intérprete.

Así comenzó a oscilar de trabajos ocasionales a presentaciones en locales de poca monta hasta que empezó a brillar con luz propia en la emisora radial Mil diez, después de triunfar en un concurso en el segundo intento. En el primero le tocaron campanas, es decir, lo eliminaron.

Una coincidencia con el trío Matamoros y la necesidad de este de conseguir una voz, convirtió a Benny en el cantante de la famosa agrupación santiaguera durante la década de 1940.

Viajó a México con Miguel (Matamoros), Siro (Rodríguez) y Rafael (Cueto), los integrantes del conjunto, y en la vecina nación llegó su despegue definitivo y donde cambió su nombre para Benny.

El director de la orquesta Aragón, Rafael Lay, acuñó por primera vez el término de genio musical para referirse al Bárbaro del Ritmo.

Así reprodujo Amin E. Naser en su biografía el encuentro de Lay con Bartolomé: “Lo conocí en 1952. Vine de Cienfuegos para una grabación en la RCA Víctor. Fuimos hasta Humara y Lastra y allí estaban (el mexicano) Pedro Vargas, Cabrerita y Benny Moré. Nos presentan y conversamos.

Él le dice a Cabrerita: Tenemos que trabajar y comienza a tararearle una melodía, a la vez que decía: Los trombones tienen que hacer esta figura y los saxofones esta, aquí entra el coro y los trombones este otro diseño. Así dictó toda la instrumentación de la obra. Era un arreglo inconcebible.

Busco un aparte y le digo a Cabrerita: Viejo ¿Cómo tú crees que eso pueda sonar?. Cabrerita me explica que él siempre lo ha hecho así que ese era el método de trabajo. Se fue y me dice: Mañana se graba.

“Pospuse mi regreso a la Perla del Sur para escucharlo. Al otro día la orquesta ensayaba el arreglo. En el montuno a Cabrerita se le pasó un detalle. Benny paró la grabación y allí mismo, a puro oído, buscó los acordes deseados. A partir de ese momento lo consideré un genio”.

Otro testimonio de valor lo ofreció la cantante y compositora Marta Valdés.

“No hay elogio posible, no hace falta. El tiempo se ha encargado de hacer crecer cada vez más su valor. Su vigencia aumenta, no decrece.

“Cantó a gritos Manzanillo, Maracaibo, Santa Isabel de las Lajas, sin importarle qué le parecería eso a un inglés, a un francés y tuvo el inglés que mirarlo y escucharlo y tuvo que hacerlo el francés.

“Podría seguir llenando hojas con mis pensamientos”, dijo la autora fiel al movimiento del Feeling, y finalizó: “Ojalá todos los artistas desde el más intuitivo hasta el más académico pensaran seriamente en tratar de alcanzar su lucidez. Creo, resumiendo, que Benny es eso, un fenómeno extraordinario de lucidez”.

Su insistencia en permanecer en Cuba y rechazar jugosos contratos para actuar en Estados Unidos, también lo convirtieron en un patriota consumado.

“Yo de Cuba no me voy”, repitió hasta la saciedad el Bárbaro del Ritmo y su rincón querido (San José de las Lajas) aún a 63 años de su partida física rinde tributo a quien el Indio Naborí dedicó un poema: “No está muerto, vive y canta el ruiseñor Benny Moré”. 

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