El pulpo gigante, terror de los mares hace 100 millones de años
Pulpo gigante. Algunos ejemplares podían llegar a tener 19 metros de largo. ANSA
Un depredador mucho más temible que los enormes reptiles marinos y los tiburones aterrorizaba los mares del Cretácico tardío, hace entre 65 y 100 millones de años.
En la cima de la cadena alimenticia, es muy probable que existieran pulpos gigantes similares al kraken, el legendario monstruo marino, que podían alcanzar una longitud de hasta 19 metros.
Este es el inquietante escenario planteado por el estudio publicado en la revista Science y liderado por la Hokkaido University.
Las marcas de desgaste en las antiguas mandíbulas fósiles analizadas indican además que estos animales eran carnívoros muy activos, acostumbrados a triturar regularmente caparazones y huesos duros con poderosas mordidas.
Hasta ahora se creía que, durante cientos de millones de años, los ecosistemas marinos habían estado dominados por grandes depredadores vertebrados.
Sin embargo, aunque son invertebrados, los pulpos siguieron una trayectoria evolutiva única: en lugar de desarrollar caparazones protectores, desarrollaron gran movilidad, visión aguda y una inteligencia notable.
Algunas especies incluso alcanzaron tamaños enormes, pero hasta ahora su papel ecológico seguía siendo incierto debido a la escasez de fósiles.
Para llenar este vacío, los investigadores coordinados por Yasuhiro Iba examinaron algunos fósiles de mandíbulas pertenecientes a pulpos que vivieron entre hace 72 y 100 millones de años, así como a sus parientes, analizando en particular las marcas de desgaste.
Esto se debe a que las mordidas dadas a presas duras o con esqueleto dejan señales características, y el tamaño de las mandíbulas también puede permitir estimar el tamaño de toda la criatura.
Los resultados muestran que estos antiguos animales habían alcanzado dimensiones excepcionales, rivalizando con los gigantescos reptiles marinos de su época.
En los individuos más grandes, las profundas marcas de desgaste en las mandíbulas sugieren que se alimentaban regularmente de grandes presas con caparazones y huesos, atrapándolas con sus largos brazos y despedazándolas con sus robustos picos.
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