DE LA RED: Red flag

La "red flag" no es lo mismo que "duda", es como la intuición que a tiempo puede salvarnos.
Fuente:
CubaSí

En esta oportunidad hablaremos de un concepto que se maneja con frecuencia en entornos digitales.

¿Han ido a la playa fuera de temporada y han visto semienterradas en la arena o amarradas a la caseta del salvavidas pequeñas banderas rojas que indican —como si no se supiera a simple vista— que hay tanto oleaje que no está bien entrar al mar? También han sido usadas en áreas de minas para marcar inseguridad y en carreras de automovilismo para detener toda actividad de inmediato.

Es lenguaje universal que nos habla de "estar precavido".

De eso trata la expresión idiomática que tiene su analogía en español de varias formas: bandera roja, foco rojo, mala señal, alarma; incluso construcciones más elaboradas como "mala espina" y "esto huele mal". El origen del término migró literalmente del peligro físico al emocional.

En el ecosistema de las redes sociales (RRSS) es una locución de bastante uso aplicado a las relaciones con los demás, pero también con uno mismo, hacia nuestro interior, teniendo en cuenta las complejidades humanas y los vericuetos de nuestra subjetividad. Se refiere a determinados hechos y comportamientos que deberíamos asumir como sospechosos y de advertencia.

En distintas plataformas se popularizó el anglicismo para visibilizar y rechazar el machismo, la violencia de género otras actitudes deplorables. Los usuarios comenzaron a usar el término e imágenes de banderas rojas para ayudar a otras personas a identificar, encontrar apoyo y a denunciar. Sin embargo, se expandió a otros escenarios.

De acuerdo con la psicología las "red flags" son un mecanismo de alerta temprana para la supervivencia sensitiva. En las relaciones sociales la metáfora sirve para describir indicadores conductuales que predicen un patrón de daño potencial. Pueden ser numerosos, entre ellos son comunes el abuso y la manipulación.

A veces estamos tan inmersos que no vemos esa "red flag", pero casi siempre antes de un evento de este tipo en contexto de pareja celosa, posesiva, violenta, por ejemplo, hemos recibido señales de que el comportamiento del otro iba hacia un lado que no queremos porque casi nunca un vínculo inicia con estas trazas, sino de manera solapada. Existen detalles que pueden alarmar. En tal entorno esas "señas" que provocan suspicacia, son las llamadas "red flag". En ocasiones es una frase, la entonación, un gesto.

La "red flag" no es lo mismo que "duda", es como la intuición que a tiempo puede salvarnos. Es parte del mecanismo de protección que por lo general se activa y Cuando la advertimos, puede ser el impulso para tomar decisiones con respecto a otras personas o circunstancias. También podemos asumirlas como motivación para corregirnos si es una cuestión que reconocemos en nosotros mismos.

Pero, atentos, en ciertos momentos se confunde una "red flag" con la sospecha neurótica, con ese rasgo que tienen algunas personas sobre determinado tema y que les hace estar hiperalertas o, incluso, inventarse situaciones. Según expertos, es posible diferenciar las señales de una simple manía, una peculiaridad molesta de un patrón tóxico.

Desafortunadamente a cada rato encontramos muchas actitudes que deberían levantar todas las banderas del color rojo más intenso que exista para que no se vaya de las manos y se pueda elegir qué hacer al respecto.

La mirada debería ser también hacia uno mismo porque todos podemos desarrollar comportamientos cuestionables; somos resultado de vivencias y arrastramos traumas. Por eso debemos aprender a gestionar lo que identifiquemos como dañino y a escuchar al otro que, quizás, ve mejor.

Lo opuesto a este concepto es las "green flags" o "banderas verdes". No hace falta explicar que significa todo lo contrario con visión positiva y que incita a "bajar la guardia", no estar vigilante y confiar.

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