ARTE: El amor de Penélope

Durante siglos la figura de Penélope ha sido llevada a todas las manifestaciones del arte como lo ideal que se espera de una mujer comprometida, paciente y fiel.
Fuente:
CubaSí

Es febrero, el mes del amor, y recuerdo un personaje de la mitología griega que representa este sentimiento y la fidelidad de pareja: Penélope, la esposa de Ulises, héroe y rey de Ítaca, a quien esperó dos décadas mientras participaba primero en la Guerra de Troya y luego hacía su tortuoso recorrido de regreso.

Durante ese tiempo tan prolongado en el que Penélope bien pudo continuar su vida de otro modo, eligió aguardar a su esposo con lealtad y artimañas para burlar la presión de muchísimos pretendientes que la cercaban a toda hora porque creían muerto al soberano.

Su estrategia, como bien describe el poema épico de Homero Odisea, era tejer de día y destejer de noche un sudario que prometió terminar antes de elegir nuevo marido.

A menudo se cita a Penélope por la fuerza inquebrantable de su amor porque veinte años es bastante tiempo, sobre todo porque no tenía esperanza, sino infundada, de que Ulises volvería. A eso se le suma la coacción de una larga fila de admiradores que limitaban su libertad de decidir lo que se le antojara y al mismo tiempo devastaban el palacio.

Sin embargo, a veces su personaje es visto con cierta apariencia blanda, pero a través de ella Homero nos despliega otro tipo de heroísmo, silencioso, pero sólido, poderoso, que habla de rebeldía y nos muestra la dimensión profunda del amor, que no solo es pasión, también es resistencia. Penélope no es ni complaciente ni débil, solo responde a un contexto.

Durante siglos su figura ha sido llevada a todas las manifestaciones del arte como lo ideal que se espera de una mujer comprometida, paciente y fiel. Salió de la literatura y la encontramos en pinturas, esculturas, también en la música y como parte de obras de teatro, el cine y la televisión. Hoy veremos cómo inspiró de distintas formas a artistas de todos los tiempos.

La pintura que se encuentra en la portada de este texto se titula Penélope y los pretendientes (1912) y es de John William Waterhouse (Italia, 1849-1917). En ella podemos ver de manera explícita a Penélope ante su telar y detrás un grupo de hombres, algunos con obsequios, otro ensimismado y uno dispuesto a tocarle música. Es una breve interpretación de lo que creemos un escenario invadido por enamorados casi acosadores.

No obstante, Penélope no claudica, se mantiene firme y astuta contra los demonios de la ausencia que pueden ser peores que monstruos marinos. Consigue ganar tiempo y preservar no solo el puesto del rey legítimo y el orden social, sino defender el vínculo sentimental que a Ulises le une.

Con ella entendemos el amor como soporte de su identidad, sobre todo cuando vemos que la postura de él fue distinta, relajada ante la seducción de otras mujeres. Recordemos que la historia no solo fue escrita hace siglos, se desarrolla en una sociedad que pondera la figura femenina según la alianza que tenga. Por eso destacamos la autoridad de Penélope. En veinte años pudo haber borrado la memoria de Ulises, pero decidió mantenerlo vivo, retenerlo a capa y espada. Eso demuestra fortaleza interior.

Anclado a ese amor impidió el olvido, pero no podemos imaginarla feliz, tal como la encontramos en el arte. Veamos esta estatua expuesta en la Ciudad del Vaticano, una pieza de arte romano antiguo, anterior a Cristo, hecha en mármol, que muestra a una mujer sentada, cabizbaja, pensativa. Su expresión puede ser de hastío, cansancio.

 

Con otra técnica, otra pintura, Penélope en su telar (1764) de Angelica Kauffman (Suiza, 1741-1807), y la única que encontré hecha por una mujer, representa a Penélope con rostro vacío, quizás harta de tanta persecusión y espera. Está apoyada en su telar y a los pies tiene el famoso arco de Ulises y un perro igual de expresivo, como apesadumbrado.

Diversas son las representaciones del personaje de Penélope en el arte, pero queremos terminar con música. Proponemos esta versión que se escuchó muchísimo en Cuba de Diego Torres (Argentina, 1971) sobre la canción popularizada en 1969 por Joan Manuel Serrat (España, 1943). 

 
 

Añadir nuevo comentario