En EE.UU.: Trump, impunidad y desprecio a la ley

La nueva estrategia de Seguridad Nacional se basa en una combinación de la doctrina Monroe America First en la que el fin –el beneficio de algunos millonarios estadounidenses– justifica el uso de todos los medios al alcance, a escala interna e internacional.
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Donald Trump, según MSN, el primer delincuente convicto que ha sido elegido como presidente, ha eliminado los límites éticos y desmantelado los instrumentos de rendición de cuentas que limitaban a sus predecesores.

Según los estándares convencionales de Washington, y de acuerdo con los estudiosos de la corrupción oficial, el segundo mandato de Trump — con sólo un año— ya es candidato al uso más descarado del cargo gubernamental en la historia de Estados Unidos.

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CubaSí

Continuados y recientes discursos de odio y racismo confirman la trayectoria del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que sigue afectando a la nación norteamericana, parte de la cual aún expresa su adhesión al multimillonario magnate, quien desprecia a la Constitución y se siente impune ante quienes intentan en vano hacerlo sucumbir por su desprecio a la ley.

Así, recurre abiertamente a la fuerza en las relaciones internacionales, acompañada de reivindicaciones de regímenes autoritarios o fallidos; ataca a naciones como Irán, prepara una acción similar contra Cuba y se vanagloria por la agresión militar contra Venezuela y el secuestro de su presidente.

En lo particular califica cínicamente de ejemplar el indulto de hace meses al expresidente de Honduras, Juan Orlado Hernández, quien cumplía 41 años de prisión  por dirigir una red del narcotráfico, y se conduele de que no se  haga lo mismo con su querido premier israelí, el genocida Benjamín Netanyahu, quien enfrenta tres procesos ligados a la corrupción.

Además, este contagio de la impunidad con la que actúa Trump,  acentúa el desmoronamiento del antiguo orden internacional basado en normas. Las amenazas que se ciernen sobre la Corte Penal Internacional (CPI) desde que se dictaron órdenes de detención contra dos responsables israelíes, entre ellos Netanyahu, por su conducta durante la limpieza étnica de palestinos en Gaza, son otro ejemplo de ello.

Una vez más, Trump está detrás de todo ello, dispuesto además a pedir que la justicia de su país haga la vista gorda ante los crímenes de Netanyahu. Por su decisión, seis jueces y tres fiscales de la CPI han sido sancionados, en una inmoral inversión de los valores.

El predecesor demócrata de Trump, Joe Biden, ya había empañado aún más su legado político, al indultar a miembros de su familia, entre ellos su hijo, antes de abandonar la Casa Blanca. Pero el actual inquilino ha llevado esa práctica a un nivel industrial, ya que casi 1 600 personas se han beneficiado de ella en menos de un año. Esa profusión refleja un verdadero colapso de eso que llaman democracia por el desprecio a la ley.

No hace falta ser experto legal para saber que la operación militar de EE.UU. en Venezuela como la actual agresión a Irán -influido por Bibi- violan las leyes internacionales y nacionales. Sigue profundizando la generación de caos a todos los niveles –incluso el legal, el económico y el político– para acaparar poder y riquezas. Tan viejo como la humanidad. Pero el descaro, la interconexión global actual y los recursos de que se dispone –añadiendo la capacidad destructiva de la escalada armamentista y la renovada amenaza de las bombas atómicas– hacen que el impacto sea enorme.

EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS

La nueva estrategia de Seguridad Nacional se basa en una combinación de la doctrina Monroe America First en la que el fin –el beneficio de algunos millonarios estadounidenses– justifica el uso de todos los medios al alcance, a escala interna e internacional.

Desde finales del siglo XIX se hizo un esfuerzo por acordar y aprobar las leyes de la guerra. A principios del siglo XX se firmaron las Convenciones de La Haya para legislar los límites de lo que estaba y de lo que no estaba permitido, y también para regular los compromisos para prevenir conflictos bélicos y la mediación entre países en conflicto. Siete años más tarde comenzaba la Primera Guerra Mundial, y dos décadas después, la Segunda Guerra Mundial, con flagrante violación de lo legislado, con millones de muertos, heridos e innumerables daños.

"La guerra es una estafa". No es –sólo– una proclama de quienes pregonan la resolución pacífica de los conflictos. Es el alegato publicado en 1935 por el general Butler, uno de los militares más condecorados de Estados Unidos: después de participar en las intervenciones militares de EE.UU. en México, Cuba, Haití, Honduras, Nicaragua y China, denunció con datos la barbarie industrializada de la Primera Guerra Mundial y el enriquecimiento de la Segunda. Esto sigue intacto, pero en un marco de miedo y colapso del poder hegemónico de EE.UU. Por eso es más peligroso todavía.

La investigadora Iona Hathaway señala que lo que EE.UU. hizo en Venezuela, lo llevó a cabo en el siglo XX con espionaje, ejército y la Escuela de las Américas para derrocar gobiernos y sostener dictaduras en Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil. Hace exactamente 37 años invadió Panamá con 26 000 soldados y derribó a Noriega (un agente de su CIA), acusado de narcotráfico (como con Maduro, calificado falsamente de narcoterrorista).

Durante más de una década, tras los ataques a Nueva York y Washington del 2001, subvirtió el orden internacional, aplicando la doctrina de la Extraordinaria Rendición, actuando militarmente en Afganistán "en defensa propia", con secuestros y tortura, violando de forma flagrante las Convenciones de Ginebra. Simultáneamente, intervino en Iraq, con todo el montaje sobre las inexistentes armas de destrucción masiva que motivaron la agresión militar.

Y, que sepamos, Trump, la CIA, el Pentágono y el complejo militar privado han realizado en el último año más de 600 bombardeos prohibidos por la normativa internacional en Irán, Iraq, Yemen, Siria, Somalia y Nigeria, además de Venezuela y de innumerables operaciones militares encubiertas. Y en las últimas horas, Trump, siguiendo la rima,  ha remachado el clavo, abandonando 31 agencias de la ONU, atacando a Irán y  amenazando a Cuba, porque “están en contra de nuestros intereses".

CONCLUSIÓN

Quien impulsa todos estos ataques, con Trump como principal pantalla, no es sólo la cúpula visible político-militar de EE.UU., sino también las empresas multinacionales militares y de seguridad, las grandes corporaciones que explotan recursos naturales –petróleo, litio, coltán, etc.– antes, durante y después de las guerras; y las multinacionales tecnológicas y financieras, con un ingente enriquecimiento ilegal.

Esta cúpula viola la ley nacional de Estados Unidos cuando no pide autorización al Senado para intervenir militarmente, así como las internacionales, bombardeando militarmente a Venezuela e Irán,  amenazando a México, Cuba, Colombia y, sobre todo, Panamá y Groenlandia con chantaje y terrorismo de Estado, con el mensaje "o negocias y me das lo que quiero o te invado con el ejército". Y todo con plena impunidad, como Israel con Palestina.

Y en lo interno, Trump está destruyendo todo el sistema de controles y contrapesos en el que los tres poderes del Estado (la presidencia, el Congreso y el poder judicial), todos ellos con iguales atribuciones, actúan como freno entre sí.

El Congreso ha dejado de ejercer su función de supervisión y, por lo que se ha visto hasta ahora, un demagogo como Trump ha logrado desequilibrar completamente el sistema, por lo cual Estados Unidos enfrenta una situación catastrófica.

 

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