Donald Trump: Burla al pueblo norteamericano
Protestas No Kings en Roma. Foto ANSA
Que de malos gobernantes está preñada la historia de Estados Unidos es realmente algo que no merece discusión. Pero que Donald Trump es de lo peor que ha pasado -pasa- por la Casa Blanca, está comprobado por la mayoría del pueblo estadounidense, con solo un 36% de aprobación de fanáticos, personas equivocadas, malintencionadas y víctimas de la falsa propaganda que llegan a encumbrarlo.
Por eso no extraña que en un hecho inédito por su rápida respuesta a la convocatoria, millones de personas de todas las clases sociales -no solo las más golpeadas y humildes– hayan expresado en las calles de las ciudades del país su repudio contra los engaños de un régimen que apenas disfraza su espíritu guerrerista y de desprecio a la vida humana.
Aunque Donald Trump argumenta que la economía marcha sobre ruedas en Estados Unidos, las familias estadounidenses cada vez sufren más para estirar su presupuesto con tal de llegar a fin de mes.
Con respecto al tema migratorio, un amplio sector de inmigrantes que con su trabajo han impulsado a la economía, hoy viven aterrorizados ante la posibilidad de ser detenidos por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) con objeto de deportarlos, en tanto una parte de la sociedad nacida en el país se muestra solidaria con ellos, mientras otra exige enviarlos a sus naciones de origen lo más pronto posible, evidenciando lo polarizada que se encuentra la sociedad estadounidense.
En lo que respecta a la promesa de Trump de no involucrar a Estados Unidos en guerras, al romper ese pacto con quienes creyeron en sus palabras, respaldándolo con su voto en las urnas, no solo se comprometió la seguridad de la nación, sino del mundo entero.
Por ello, señaló AP, millones de personas a lo largo y ancho del país salieron a la calle para recordarle al presidente que, si bien las representa ante el mundo, no todas están de acuerdo con sus órdenes implementadas.
Esos mismos representantes de la sociedad también se manifestaron para recordarle que en noviembre acudirán a las urnas, para brindarle o no su respaldo al Partido Republicano a través de su voto, marcando el rumbo que seguirá su gestión en los dos años que le restarán a su administración.
Si bien los organizadores calcularon la primera asistencia en cinco millones de personas en junio y siete millones en octubre, sus expectativas rondaban en los 10 millones de personas.
Por ello, la participación de tantas personas en las calles estadounidenses resulta trascendente, pues sirve de termómetro para medirle la temperatura a la nación en un momento en que inició una guerra de agresión, insuflada por Israel contra Irán, de consecuencias todavía inimaginables.
NUREMBERG
“¡Tengo muchas ganas de verte en Núremberg!”), se leía en la pancarta que cargaba en su espalda Christina Morales, residente de Pasadena. Incluía fotos del presidente Trump; del vicepresidente Vance; del secretario de Defensa, Pete Hegseth; del secretario de Estado, Marco Rubio; de la exsecretaria del Departamento de Seguridad Nacional, Kristi Noem, y otros funcionarios de gobierno.
“Ya libramos esta guerra antes; ya luchamos contra esta gente nazi; ya desenmascaramos a esta gente antes. Y el hecho de que tantas personas se muestren tan ciegas ante el hecho de que este hombre (Donald Trump) está haciendo exactamente lo mismo… es como si nadie hubiera leído la historia. Nuremberg fue algo poderoso”.
Los juicios de Nuremberg (1945-1949) fueron una serie de tribunales militares internacionales establecidos por las potencias aliadas (Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética) tras la Segunda Guerra Mundial. Su objetivo fue juzgar a altos líderes nazis por crímenes contra la paz, crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y conspiración. Establecieron un precedente para el derecho internacional.
Frente al edificio de la alcaldía de Pasadena, la congresista demócrata Judy Chu (California-28) criticó a Trump por despilfarrar 25 000 millones de dólares en la guerra en Irán, “mientras descuida cuestiones internas como la atención médica, la alimentación infantil y el apoyo a los veteranos”.
“Está dispuesto a malgastar miles de millones de dólares en bombas Tomahawk para matar gente, pero no está dispuesto a gastar ni un céntimo dentro de EE.UU. para mantener sana a la población”, censuró la legisladora. “Está dispuesto a gastar miles de millones en una maquinaria de guerra en Irán, pero no está dispuesto a gastar ni un solo céntimo en alimentar a nuestros niños, apoyar a nuestros veteranos y educar a nuestros estudiantes”.
En cambio -añadió-, el pueblo estadounidense “está siendo aplastado por precios exorbitantes en los alimentos, la compra del supermercado, la gasolina y la atención médica; y todo ello porque Trump quiere ser el dictador del mundo, y ahora tiene el descaro de pedir 200 000 millones de dólares más”.
Incluso medios de prensa nada contrarios al colorado magnate admiten la fortaleza de manifestantes que han calificado de monstruoso el poder de Trump y la gente que protege.
TIEMPO DE MONSTRUOS
Mauni Jalali, abogado de derecho constitucional, puso de relieve las injusticias globales del gobierno de Trump, “incluido el genocidio en curso en Palestina, Gaza y el Líbano, así como la guerra ilegal en Irán”.
“Este es un tiempo de monstruos. Tenemos monstruos en Palestina. Tenemos un genocidio en toda Gaza. Tenemos el llamado “plan de paz” de Trump. Tenemos una ocupación permanente, un apartheid permanente”, declaró Jalali.
“Este es un momento muy difícil en Cisjordania. Hay una limpieza étnica en curso en el Líbano; están bombardeando a civiles en todo el sur. Y todo ello con nuestro dinero, con el dinero de nuestros impuestos y sin nuestro consentimiento”, agregó, para considerar a continuación que la guerra que se libra contra Irán es ilegal bajo las leyes de Estados Unidos como bajo el Derecho Internacional.
“Cualquier presidente debe acudir al Congreso. Él (Donald Trump) no lo hizo. Ningún presidente puede ir a la guerra a menos que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas así lo autorice; y no lo hicieron. Esta es una guerra de agresión: lo que los jueces de Núremberg denominaron “el crimen internacional supremo”.
En fin, las marchas no fueron un simple evento para el anecdotario, al menos así lo evidenciaron los ríos de gente que exigieron a Trump no ignorar sus demandas, a reserva de cobrarle factura en las elecciones intermedias a efectuarse en noviembre.
LO QUE DIJO TRUMP
"Yo no quiero guerras. Quiero menos guerras que casi nadie. Fuerza pacífica", aseveró este sábado durante una charla con la prensa.
El inquilino de la Casa Blanca continuó defendiendo los ataques de Washington a Irán porque, según él, "habríamos tenido una guerra nuclear que habría evolucionado hasta convertirse en la Tercera Guerra Mundial y, lo que es más importante, esta es una guerra en la que no habría quedado nada.
Siguió afirmando que está ganando el conflicto y que la ofensiva terminará "muy pronto", ya que "no queda nada que atacar".
Añadir nuevo comentario