¿Adolescentes hasta después de los treinta?

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Neurocientificos de la Universidad de Cambridge analizaron casi 4000 cerebros de entre cero y noventa años mediante técnicas de neuroimagen y concluyeron que la arquitectura de las conexiones cerebrales solo alcanza su “adultez” de una manera estable a los 32 años.
Pero tal conclusión no es una nueva excusa para que le echen mano aquellos adultos jóvenes cuando se les acusa de inmaduros.
Porque aunque el cerebro continúe madurando estructuralmente como un proceso, no significa que sea necesario replantearse la adolescencia en términos médicos o legales.
Constituye solo un aporte más al conocimiento del cerebro humano y “es el primero en identificar las principales fases del cableado cerebral a lo largo de la vida humana”, subrayó la Dra. Alexa Mousley, becaria Gates Cambridge que dirigió la investigación.

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Los expertos de la Unidad de Cognición y Ciencias del Cerebro del MRC de Cambridge detectaron, según el estudio publicado en Nature Communications, que existen ciertas edades o puntos de inflexión al estructurarse el cableado cerebral: los 9, los 32, los 66 y los 38 años.
Es precisamente entre los 9 y los 32 años cuando el cerebro va aumentando de manera continua la eficiencia y la integración de sus redes neuronales y es al rebasar la treintena el momento en que está totalmente listo para integrar información compleja de manera fluida y con éxito.
Es decir, no se trata de barreras temporales exactas y específicas que indiquen que es a los 25 años cuando el cerebro se detiene súbitamente en su desarrollo.
“Si bien la pubertad ofrece un inicio claro, el final de la adolescencia es mucho más difícil de determinar científicamente. Basándonos únicamente en la arquitectura neuronal, descubrimos que los cambios en la estructura cerebral, similares a los de la adolescencia, terminan alrededor de los treinta y tantos”, indica la Universidad de Cambridge a propósito del mencionado estudio.

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Continuar evidenciando tanta plasticidad en esas edades significa una fortaleza que puede aprovecharse por los treintañeros y más para decidirse a nuevos aprendizajes que demanden cierta exigencia porque ello, además, tributaría a la formación de ese “cableado”.
Y, a la vez, es importante igual considerar que el estrés, la “pereza” mental y el no explotar tanta potencialidad podrían conspirar contra la integridad de esas conexiones cerebrales formadas en un largo proceso de maduración.

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“Los datos sugieren que una reorganización gradual de las redes cerebrales culmina a mediados de los sesenta años. Esto probablemente esté relacionado con el envejecimiento, con una mayor reducción de la conectividad a medida que la materia blanca comienza a degenerarse”, indica Mousley.
Y mueve a reflexionar un interesante apunte que realiza Duncan Astle, profesor de Neuroinformática en Cambridge y autor principal de esta investigación: “En retrospectiva, muchos sentimos que nuestras vidas se han caracterizado por diferentes etapas. Resulta que el cerebro también pasa por estas etapas”.
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