Cuba Si
Publicado en Cuba Si (http://cubasi.cu)


Noticia falsa, epidemia digital

El fenómeno noticia falsa es uno de los grandes desafíos de esta era digital marcada por el exceso de datos, con múltiples líderes de comunicación, con públicos segmentados que se conforman o, guiados por intereses o desconocimiento, no confrontan y reproducen, y así dan vida al gran bulo de temporada.

¿De qué se trata, a qué responde este concepto de moda al que casi siempre se refiere con su término en inglés: fake news? No son errores periodísticos, son informaciones fabricadas para engañar de forma deliberada, manipular la opinión pública y conseguir beneficios ya sean económicos, políticos y sociales, del tipo que sea. Existe un aspecto importante llamado economía de la atención y que consiste en generar tráfico combinando entre titulares sensacionalistas y publicidad en línea. No es casual, está calculado y evidentemente es muy efectivo.

Lo que sí no se puede negar es el carácter malicioso de la noticia falsa disfrazado con una aparente veracidad, y ahora con el auge de la inteligencia artificial, hasta apoyo visual se inventa. Es una herramienta explotada para la propaganda y la polarización política, para crear discordia, desacreditar oponentes, influir en procesos electorales. Fíjese bien, sea crítico con lo que consume y verá esas intenciones para nada camufladas sino expuestas de manera grotesca, aunque ¡alerta! los más inteligentes producen afirmaciones con especial cuidado, montadas con empeño para que sean creíbles.

La noticia falsa se nutre del formato de los medios de comunicación, los imitan y muchas veces logran productos eficaces, con encabezados pensados y llamativos, con el uso profesional en logos, por ejemplo, con imágenes. Además, ya saben cómo mover a las personas si tocan temas de alta demanda que aborden emociones fuertes como el miedo, la indignación o la esperanza. El resultado bien posicionado es usual que rápido se haga viral.

¿Cómo es posible que la noticia falsa avance como avalancha? Ante todo las redes sociales poseen una característica infalible para ello, son masivas. Y desde su estructura están diseñadas para ofrecer contenidos personalizados. Los algoritmos en redes sociales priorizan publicaciones en función de diversos factores y más allá de los intereses del destinatario, también se puede pagar por maximizar su visualidad y atiborrar.

Eso es por un lado. Luego, muchas personas tienden a confiar y compartir la información que coincide con sus creencias previas sin comprobar veracidad. A veces les gusta lo que reciben por cierta complacencia, a veces solo confían en el emisor. Pero la desinformación es siempre dañina, y una vez instalada en el pensamiento popular, cuesta bastante desmontarla. Por tanto, ya que es difícil eludir este tipo de producción, nos toca ser exhaustivos con nuestras fuentes informativas. Es lo que debería ser, pero la mayoría ni siquiera se cuestiona el origen.

 

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Imagen tomada de https://4ssoluciones.com

En realidad no es nuevo, siempre ha existido, pro en la actualidad ese boom de noticia falsa es síntoma de un ecosistema digital que premia la viralidad sobre la calidad y no importa si es basado en la verdad, solo cuentan las reacciones, llegar a más personas. Es un negocio interesante de estudiar, y lo vemos diario, muchos individuos viven de ello. Los propósitos son múltiples, pero el peor de todo es el que lleva detrás a actores estatales y grupos de interés que la utilizan como arma de influencia alimentada con odio y nada bueno, un mecanismo macabro de ideología radical.

En la era de la hiperconexión vivimos en un mundo de verdades a medias. La noticia circula a gran velocidad gracias al poder del clic. Y cuando pareciera que estamos mejor informados porque tenemos acceso libre a casi todo, lo que sucede es que nunca fue tan difícil distinguir lo verdadero de lo irreal porque ya no se trata de simples ideas engañosas que presentan para ya sabemos qué, detrás se encuentra una sofisticada maquinaria de manipulación que hace tambalear la geopolítica y los cimientos de la convivencia.

Esas narrativas fabricadas crean burbujas que refuerzan la visión y confirma los prejuicios del segmento destino. No es solo diversión maliciosa con el uso de habilidad técnica, el resultado es caos, y las redes sociales son el cómplice perfecto. La configuración de las plataformas digitales maximizan el engagement, potencia el círculo vicioso del que hablamos hoy porque al estudiar al usuario le muestran lo que quiere ver de manera personalizada y esto acrecienta los sesgos.

Apelar a las emociones es una estrategia puntual, es el combustible de la viralidad. La mala noticia, y valga la redundancia, es que actualmente cualquier persona puede crear contenido, incluso desde el anonimato. Además, un aspecto insidioso es que a menudo utilizan elementos reales de conocimiento popular o de fácil demostración y esto hace que lo falso aparezca entremezclado. De modo que puede ser una mentira a medias, una verdad fuera de contexto como por ejemplo, utilizar imágenes reales para describir un hecho inventado, o citar a personalidades con credibilidad, decir que declaró tal asunto, y no ser así, y al tratarse de una persona que existe, genera confianza.

No creemos que deje de existir la noticia falsa porque requiere de educación mediática, pensamiento crítico y mucha responsabilidad individual para compartir contenido comprobado en plataformas que de base ya están torcidas y necesitarían cambiar estructuras, ofrecer transparencia en el funcionamiento de su algoritmo. Sin embargo, vivimos en un mundo fracturado con verdades escurridizas que dos o tres intentan tapar sin disimulo y a conveniencia mientras un grupo numeroso las cree y repite sin cuestionar. Y cada vez que esto sucede la barrera de desinformación se fortalece más.