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Publicado en Cuba Si (http://cubasi.cu)


Marco Rubio, el Pepe Grillo de Trump para Latinoamérica

El aparente éxito de la operación militar realizada contra Venezuela tiene entusiasmado al nuevo émulo de Hitler en la Casa Blanca y por ello anda lanzando amenazas de realizar acciones similares contra Groenlandia, México, Colombia y Cuba.

En el caso de Cuba, como en el de Venezuela, su estrategia responde al trauma de odio que padece su Secretario de Estado, Marco Rubio. 

Nacido en Estados Unidos, hijo de emigrantes cubanos, Rubio debió haber contraído su enfermedad anticubana en el ambiente político de Miami, ciudad a la que fue a dar, después del triunfo revolucionario cubano de 1959, la anexionista burguesía batistiana para esperar que los americanos le resolvieran su regreso en seis meses.

A diferencia de muchos de esos burgueses que partieron hacia el Norte a esperar que el Tío Sam volviera a poner las cosas en su lugar, los padres de Rubio llegaron a Estados Unidos en 1956, en plena dictadura de Batista, como mismo hacen hoy muchos emigrados, en busca de una mejoría económica. Al parecer, la pollería del abuelo de Rubio, en San Antonio de los Baños, no daba para mucho, por lo que escogieron marcharse hacia el llamado “país de las oportunidades”.

Por tanto, Rubio nació y creció en una ciudad infestada por el odio que enconó la derrota sufrida en Playa Girón y el ambiente de la Guerra Fría. En su afán de demostrar el fracaso del comunismo y la prosperidad de los emigrados cubanos, sucesivos gobiernos de Estados Unidos empoderaron a algunos sectores de esa emigración hasta convertirlos en una próspera industria del odio contra su país de origen.

Desde entonces hasta hoy, hacer política en Miami consiste en denostar, de manera espuria, de la Revolución cubana y todo cuanto tenga que ver con ella, algo en lo que, sin dudas, el político Marco Rubio ha resultado ser un alumno aventajado, si se tiene en cuenta los muchos cargos que hoy ostenta en la actual administración y que el presidente lo considere nada menos que su cerebro para las cuestiones de Latinoamérica.

Una prueba de esto último la dio el mismísimo Trump durante la conferencia de prensa del pasado sábado, a propósito de la reciente agresión a Venezuela. Cuando le preguntaron sobre Cuba, después de decir que “Ese sistema no es bueno para Cuba. Ese pueblo ha sufrido por muchos, muchos años”, al tiempo que describió a Cuba como una “nación fallida”, llamó a su pepe Grillo a que tomara el micrófono.

La conciencia para Latinoamérica de Trump, dijo: “Cuando el Presidente habla, tómenlo en serio”, y añadió que Cuba “es un desastre en este momento”, gobernada por dirigentes que calificó de viejos e “incompetentes”.

Además, mintió sobre el carácter solidario de la colaboración entre Cuba y Venezuela. Como bien dice el dicho: El ladrón piensa que todo el mundo es de su condición.

Marco Rubio, por lo visto, además de mentiroso —en una ocasión afirmó que sus padres habían huido de Cuba por temor a Fidel Castro—, tiene serios problemas de falta de memoria. 

Tras los sucesos del 11 de julio de 2021 en la Isla, tanto él como su presidente se adjudicaron, pletóricos de entusiasmo, en sendos canales de televisión, el mérito de los incidentes ocurridos en la Isla. Según dijeron, las protestas ocurridas en la Isla habían tenido lugar gracias a las medidas de bloqueo que ambos habían tomado contra Cuba durante el primer mandato de Trump.

El Secretario de Estado, al parecer, tampoco es muy ágil de mente, porque en la misma conferencia de prensa no tuvo reparos para contradecirse, al afirmar que Washington mantendrá el bloqueo al petróleo venezolano, una medida con impacto directo en Cuba, y agregó que Estados Unidos bloqueará los envíos de combustible provenientes de Venezuela hacia la isla, una fuente considerada esencial para el funcionamiento de su economía.

¿Se trata de Estado fallido y de dirigentes incompetentes o de un bloqueo que durante seis décadas ha tratado de doblegar por hambre y necesidades al pueblo que supuestamente Rubio y Trump dicen defender y querer ayudar?

Probablemente Rubio, adoctrinado en el brete barato de la política de Miami, no ha tenido tiempo de estudiar historia. 

A Estados Unidos, ese mismo del American First y América para los americanos (del Norte), jamás le ha importado el pueblo de Cuba ni ningún otro pueblo de América. 

A principios del siglo XIX, cuando los pueblos latinoamericanos se emanciparon del yugo español, Estados Unidos impidió los esfuerzos de Colombia y México por independizar a Cuba, simplemente porque la independencia cubana traería como consecuencia la libertad de los esclavos, algo que podía contagiar a las plantaciones esclavistas del Sur norteamericano.

Más adelante, por la misma razón, cuando Inglaterra se opuso a la trata, por temor a una rebelión de esclavos en la Isla, dictaron la Doctrina Monroe, que impedía a las potencias europeas inmiscuirse en los asuntos de Latinoamérica.

Durante los 30 años de luchas por la independencia de Cuba, Estados Unidos ayudó a España a mantener su dominio sobre la Isla hasta que la fruta estuvo por fin madura, como ocurrió en las postrimerías del siglo XIX.

De ese "cariño" inconmensurable hacia el pueblo de Cuba nació el sentimiento antimperialista cubano que mejor que nadie describió Martí y que dio al traste con el triunfo y la permanencia de la Revolución cubana. 

Los halcones del imperio deberían saber que el ataque a Venezuela, el secuestro de Maduro y el crimen cometido contra su seguridad personal, conformada también por cubanos, solo logrará incrementar la desconfianza y el desprecio hacia un imperio que sin dudas sigue considerando a Sur América como su patio trasero. 

A diferencia de Marco Rubio y su descerebrado amo, los pueblos de Latinoamérica no padecen de amnesia.