
En momentos particularmente difíciles para el país, la voluntad institucional ha apostado por mantener una programación, proteger los principales encuentros y festivales, sostener el sistema de enseñanza artística y promover acciones culturales en las comunidades. Es muestra del empeño de la política cultural de la nación. A lo largo de 2025, la cultura cubana se sostuvo como un espacio de resistencia simbólica y de afirmación de la identidad, aun en medio de carencias materiales y complejas circunstancias económicas.
Uno de los hitos del año fue la celebración de la 46 edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que volvió a convertir a La Habana en capital del cine regional. Con obras procedentes de más de 40 países y una amplia participación del público, el evento defendió su vocación fundacional de diálogo, reflexión y diversidad estética, y rindió homenaje a figuras esenciales de la cinematografía latinoamericana.
La Feria Internacional del Libro de La Habana, en su edición 33, ratificó su condición de acontecimiento cultural de alcance nacional. Celebrada en febrero y luego extendida a todas las provincias, la Feria reafirmó el libro y la lectura como pilares de la vida cultural cubana, con presentaciones, debates, homenajes y una notable presencia de editoriales nacionales y extranjeras, pese a las limitaciones logísticas del contexto actual.
El teatro tuvo también un espacio relevante con el Festival Internacional de Teatro de La Habana, que mantuvo su programación y su espíritu de intercambio entre creadores cubanos y foráneos. El evento apostó por la pluralidad de poéticas escénicas y por el contacto directo con los públicos, confirmando la vitalidad del movimiento teatral cubano y su capacidad de diálogo con las problemáticas contemporáneas.
En el oriente del país, el Festival del Caribe, en Santiago de Cuba, volvió a ser una celebración de las culturas populares y de las raíces comunes de los pueblos de la región. La llamada Fiesta del Fuego reafirmó su vocación integradora, con rituales, desfiles, coloquios y expresiones artísticas que colocaron en el centro la herencia africana y caribeña como componentes esenciales de la identidad nacional.
Las Romerías de Mayo, en Holguín, ratificaron su condición de plataforma para el arte joven. Con un programa diverso que incluyó música, artes visuales, literatura y pensamiento, el evento reunió a creadores de Cuba y del extranjero, confirmando el papel de la Asociación Hermanos Saíz en la promoción de las nuevas generaciones y en la defensa de espacios para la experimentación y el intercambio.
La Fiesta de la Cubanía, en Bayamo, volvió a colocar en primer plano los valores fundacionales de la nación. Desde la música y la danza hasta la reflexión histórica y patrimonial, el evento insistió en la necesidad de preservar la memoria y de dialogar con las tradiciones desde una mirada contemporánea, reforzando el sentido de pertenencia y la conciencia cultural.
La Feria Internacional de Artesanía (FIART) mantuvo su lugar como espacio de visibilidad para los creadores populares y artesanos. En 2025, la feria mostró la riqueza y diversidad de las artes manuales cubanas, y confirmó su importancia tanto para la economía creativa como para la salvaguarda de saberes tradicionales transmitidos de generación en generación.
Un acontecimiento de especial trascendencia fue la declaratoria de la práctica del Son cubano como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Este reconocimiento internacional subrayó el valor del Son como expresión viva de la identidad nacional, síntesis de historia, memoria y creación popular, y reafirmó su vigencia en la cultura cubana contemporánea.
Las artes visuales tuvieron en 2025 un año de notable actividad, con exposiciones de alto nivel en el Museo Nacional de Bellas Artes y en otras instituciones del país. La Bienal de La Habana, extendida hasta los primeros meses del año, propició el diálogo entre artistas cubanos y extranjeros, y reafirmó su perfil como uno de los eventos más importantes del arte contemporáneo en la región.
La Uneac y la Asociación Hermanos Saíz desarrollaron una intensa labor en todo el país, atendiendo el cumplimiento de los acuerdos de sus más recientes congresos. Ambas organizaciones reforzaron su papel como espacios de debate, acompañamiento a los creadores y defensa de la política cultural, con especial atención a la creación artística, la ética y la proyección social del arte.
El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura avanzó en la preparación de su próxima conferencia, en un contexto marcado por la necesidad de defender los derechos laborales y las condiciones de trabajo de los artistas y trabajadores del sector.
Al mismo tiempo, se insistió en la prioridad de llevar el arte a las comunidades, política esencial para garantizar el acceso de la población a la cultura, aun frente al impacto de la situación electroenergética y el deterioro de muchas instalaciones, así como en los desafíos que enfrenta la enseñanza artística.
En balance, 2025 confirmó que la cultura cubana es patrimonio de la ciudadanía y sostén de la identidad nacional. Su fuerza radica en el impulso creativo de un pueblo que, incluso en circunstancias adversas, ha sabido preservar y renovar sus expresiones, haciendo aportes significativos al acervo cultural universal.