
“Sabemos perfectamente que la delegación checa se asegurará de que se confirme hoy mismo a Washington que han cumplido disciplinadamente las instrucciones de criticar a Cuba, dadas por el Departamento de Estado. A nadie engañan”, aseguró el embajador cubano Rodolfo Benítez Verson durante el 60º Consejo de Derechos Humanos.
Esta afirmación se produjo en el ejercicio del Derecho de Réplica a la delegación de la República Checa, que, en un claro ejemplo de subordinación a la agresiva política de Estados Unidos hacia Cuba y como muestra más de las campañas difamatorias contra la isla, cuestionó el respeto a los derechos humanos en la nación caribeña.
“¿Cómo se atreven los representantes checos a juzgar a otros cuando son bien conocidas las vergonzosas políticas de discriminación e intolerancia que aplica la República Checa en su territorio contra las minorías?”, cuestionó el diplomático cubano, quien expuso cómo en ese país proliferan impunemente discursos racistas, discriminatorios, homofóbicos y de odio.
Durante su intervención, Benítez Verson señaló el doble rasero del país europeo, donde existe una brecha salarial del 18 % entre hombres y mujeres, lo que perpetúa las inequidades económicas y la desigualdad de género en pleno siglo XXI. También recordó que la República Checa se ha opuesto al derecho del pueblo palestino a la libre determinación, a denunciar y monitorear la ilegalidad de los asentamientos israelíes, y a reconocer y enfrentar la grave situación de derechos humanos en los territorios palestinos ocupados.
“No olvidamos, y el masacrado pueblo palestino tampoco olvidará, que la República Checa fue el país que, en marzo pasado, solicitó el voto en este Consejo y votó en contra de las tres resoluciones sobre Palestina, intentando ofrecer cobijo e impunidad a las atrocidades de Israel en Gaza y en los demás territorios palestinos ocupados”, sentenció.
En sus palabras, el diplomático expresó la falta de autoridad moral del país centroeuropeo para enjuiciar a otros. “Nadie ha solicitado ni a nadie interesan las inservibles opiniones de la República Checa sobre los derechos humanos en otros países. ¡Qué desvergüenza! ”.