
A pesar mi profesionalidad como escritor, parto de mi verdad en relación con los certámenes deportivos, tan basada en mi posición ideológica, en la actitud como ciudadano, en la dignidad, Por ejemplo, en el Mundial de Clubes 2025, sin dejar de reconocer la calidad de los rivales, de la belleza del más universal de los deportes, mi corazón apoya a los conjuntos de América Latina.
Desde el inicio, me hiere que la sede sea de los Estados Unidos, lo fue también de un clásico de dicha disciplina. No las merecía: ¿qué ha hecho por el fútbol, lo ha embellecido? Montado sobre la grupa del maravilloso poema buscó y obtiene dividendos económicos, publicitarios y políticos, además de tratar de afianzar de alguna manera sus cadenas en la región, que tiene en el pecho el reino de los goles,
No es tierra de excepción en este sentido. Por encima incluso del entretenimiento sano, fustigado por el fanatismo: las lides aun desde la base, circo; los futbolistas, gladiadores. Estos bien pagados y comprados, ofrecen enormes ganancias y ayudan a embriagar al pueblo para separarlos de sus trascendentales problemas, aunque no se den cuenta de ser usados como instrumento. Y lo son.
En cuanto a mi posición, lo reconozco: no es la primera vez que la asumo. Posee historia antigua…Al investigar y escribir sobre el balompié de los Juegos Olímpicos, hice pública mis simpatías por Uruguay cuando le cortó el paso a los equipos de Europa vencedores en las primeras magnas citas de la disciplina; solo se coló Canadá en el relajo de 1904. Triunfaron en París 1900 Inglaterra, 4 x 0 en el partido decisivo a la representación de la sede; en San Luis los canadienses cuatro años después, 4 x 0 a Usa; Londres 1908, Inglaterra 2 x 0 a Dinamarca; Estocolmo 1912, Inglaterra 4 x 2 a Dinamarca y Amberes 1920, Bélgica 3 x 1 a España.
En París 1924 los favoritos eran los futbolistas suizos: buen conjunto y ser sede. Expertos y aficionados seguían amarrados a una rima que dejaba afuera a los de Latinoamérica. Mas los charrúas, en la final. También los de Suiza. Nueve de junio. El balón en los pies del sudamericano Pedro Petrone, dispara, vence al portero y ¡golazo! La alegría de ese equipo aumenta con tantos de Ángel Romero y Pedro Cea.
Los seguidores de los europeos se van con la cabeza baja: los veían ases y han caído 3 x 1. Los entristecidos, pese al subtítulo. no sabían que el tal angelito era un diablo sobre el verde terreno que mayores emociones despierta. Junto a los tres anotadores alinearon atletas de la talla de Héctor Scarone, José Nasazzi y José Andrade. El segundo Pepe, según el historiador cubano José Bermúdez Brito, es el primer titular olímpico negro integrante de un seleccionado. (*)
La calidad de balompié de los campeones se desarrolló aún más: repitieron la dicha en Amberes 1928 y doblegaron en la batalla final a Argentina 2 x 1, con anotaciones de Figueroa y Scarone, Los gauchos se agregaron así al baile olímpico del hermoso deporte; Italia debió conformarse con el bronce. Laurel supremo: Uruguay se impuso en la Primera Copa del Mundo, nacida en 1930. Superó en el encuentro de la verdad 4 x 2 a los albicelestes.
Gozo con las victorias de Nuestra América, la de Bolívar y Martí, y el batallar de los representantes de sus ligas. sin creerlas inmaculadas, en la reciente lid entre los clubes del orbe. Soy cubano, soy hijo de la patria latinoamericana, la más golpeada, robada, sufrida desde las heridas proporcionadas por los diversos coloniajes y neos, de los que no se salva el deporte. También es la más digna, combativa, resistente y creadora.
(*) Bermúdez señala que el primero en la competencia individual fue William de Hart Hubbard, invencible en salto largo en París 1924 con 7.44. Está Constantín Henrique de Subina, de origen argelino inscripto como Albert Henríquez: integró el seccionado galo dorado de rugby en París 1900, Una foto lo muestra con su piel oscura. El historiador Wolf Lybert lo sitúa al menos como el primer mestizo ganador del oro olímpico.