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Kike Quiñones: «el humor es un ejercicio de inteligencia»

¿Piensas ya en el humor?, nos pregunta una vez más el espacio teórico que acompaña al Festival Aquelarre y, justamente eso, hacer reír con todas las neuronas activadas, es una de las virtudes del humorista, actor y profesor Kike Quiñones.

Con el también decano de la Facultad de Arte Teatral del Instituto Superior de Arte, conversamos, a propósito de la edición de la gran fiesta del humor cubano, que transcurre por estos días en La Habana.

—¿Qué importancia tiene el Aquelarre para el desarrollo del humor cubano?

—No se puede hablar del desarrollo del humor cubano sin el Aquelarre. El Aquelarre vino a catalizar una necesidad que estaba ahí desde hace mucho tiempo y que tuvo su génesis en eventos como los Miramar; después, los Melocaptus Matanzanos, que se hacían Matanzas. La respuesta a esa necesidad se concreta en el Aquelarre a partir de que se logró nuclear, alrededor del Centro Promotor del Humor, a un grupo de creadores que eran del Centro y otros que no pertenecían a la institución, pero también empezaron a participar en los Aquelarre, entonces, fue creando como una dinámica que impulsaba la creación y que, año tras año, estrenaba, visibilizaba procesos, y se fue haciendo necesaria para catalizar, para saber por dónde andan los tiros del humor en sentido general, por eso es indispensable en el humor cubano y en la cultura cubana. 

—En esta edición, vuelve también el espacio teórico. ¿Cuánto les aporta en la práctica este ejercicio de pensamiento alrededor del humor?

—El evento teórico se ha ganado un espacio en la vida del humor cubano a partir de que es una manera de mostrar procesos al interior de la creación, es un momento también donde los creadores, de alguna manera, muestran la estructura que utilizan, se hacen estudios de la historia del humor cubano, de sus dinámicas dentro de la sociedad y de los vasos comunicantes que tiene el humor con otras áreas de la creación. 

«O sea, el evento teórico es el lugar donde la ciencia se muestra a partir del humor, o al revés, donde el humor se muestra a partir de la ciencia, de los estudios científicos, de la profundidad que le dan los investigadores y personas que también tributan a toda esa formación de los humoristas cubanos contemporáneos, como es el caso de Yerandis Fleites, Laydi Fernández, o sea, son personas que, desde sus estudios, aportan a ampliar la visión de los creadores, que es, en definitiva, lo más importante.

«Para eso se crea el evento teórico, para que los creadores puedan abrir el diapasón y entender un grupo de cosas que quizás hacemos empíricamente, pero que se explican a partir de la ciencia». 

—¿Es difícil hacer buen humor en estos tiempos? 

—Sí, es muy difícil, siempre es muy difícil. El humor es un ejercicio de inteligencia, tanto del que lo genera como de los públicos, y entonces, no claudicar ante el facilismo es complicado, es difícil para el creador, pero yo creo que nosotros tenemos mucha experiencia en eso, desde que somos cubanos y empezamos a representar el teatro bufo, el vernáculo, y después el humor contemporáneo, incluso el costumbrismo de Héctor Quintero, siempre el humor cubano se ha caracterizado por manejar los referentes de manera acertada y entrar en ese juego con el público, que es nuestro consentidor, el público que todo el tiempo está pendiente de por dónde van los hilos que mueve el humorista para poder entender, profundizar y disfrutar a partir de lo que el artista propone. Yo creo que es un ejercicio de inteligencia y de sagacidad, de pericia también del creador. 

—En el caso del humor escénico, hay varios humoristas que hemos visto encarnando personajes dramáticos y, al mismo tiempo, actores con una formación dramática, que se suman a espectáculos o programas humorísticos. ¿Cuánto enriquece ese intercambio, ese ir y venir de un género a otro? 

—Es riquísimo, es muy bueno, porque son diferentes visiones, y ahí surgen procesos creativos muy interesantes donde nosotros aprendemos de los que vienen de otras áreas, por decirlo de alguna manera, y ellos aprenden también de nosotros. Yo creo que el gremio del humor es respetado por los actores. Ellos reconocen, la mayoría, no voy a generalizar, pero la mayoría reconoce en los humoristas esa inteligencia, esa sagacidad para manejar las cosas, para manejar los temas que nos atraviesan a todos, que son transversales a la sociedad.

«Y nosotros aprendemos mucho también de ese rigor que tienen los actores para preparar un personaje, elaborar una situación, hacer un montaje vistoso, porque yo creo que el humor contemporáneo cubano ha adolecido del empaque ese que quizás lleva un espectáculo, y los actores han aportado mucho en ese sentido al trabajo nuestro en estos treinta y tantos años. Yo creo que es algo que se puede aprovechar mucho más incluso, pero es maravilloso».