
De acuerdo a la ubicación geográfica, hay personas en el mundo que, incluso siendo adultos, no han tenido el placer de ver el mar con sus propios ojos, tampoco de sentir esa sensación al caminar sobre la arena; mientras otros anhelan cada año disfrutar en época de verano y en compañía de la familia las maravillas que la naturaleza ilustró en sus aguas.
Pero ¿qué sucedería si el propio hombre arruina con tanta contaminación todos estos paisajes divinos? ¿Se mantendrían limpias y saludables las playas? ¿Sobreviviría esa numerosa y variada vida animal y vegetal que reina en las profundidades marinas? Como un virus, toda esa materia invasora en los océanos atenta contra la vida en sí misma.
El hombre, para su «subsistencia», se las ingenia para, por día, sacar un nuevo producto, actualizaciones o la última innovación, lo que significa más plásticos y materiales no degradables rondando por todo el planeta. Se nos ha llegado a inculcar incluso que sin la tenencia y uso de estos se dificultan actividades propias de la vida diaria común.
Así ha sucedido durante décadas cuando de paso por un establecimiento para hacer las compras, dígase de alimentos, medicamentos, ropa, zapatos, equipos electrodomésticos y esa interminable lista de objetos comercializables, la entrega se hace casi siempre empaquetada dentro de una bolsa de plástico para la compra, envío y transportación.
La bolsa o jaba, como bien utilizamos el término en nuestro territorio nacional, tiene como trasfondo grandes industrias encargadas de satisfacer la alta demanda de marcas, que además de la contaminación que producen a la atmósfera con sus gases contaminantes, generan otras sobre los suelos y aguas de ríos y mares.
Tristemente, en Cuba no solo es posible confrontar esta contaminación por medio de imágenes ajenas. Aunque por el ejercicio de iniciativas, gestiones y la intención del gobierno y otras instituciones cubanas se ha logrado reducir los índices de este tipo de infección, aún se puede ver restos de estos en ciertos puntos del Malecón y el río Almendares.
Este sábado 3 de julio se celebra el Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico, algo que algunas naciones han empezado a fomentar con su eliminación, exigiendo a sus consumidores la compra de reutilizables, sobre todo de cartón o tela. Bangladesh, China, Ruanda y Uganda destacan entre las naciones donde se ha prohibido el uso de las de plástico.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, los científicos estiman que estas bolsas de plástico demoren en degradarse hasta 500 años, y algo más preocupante es el punto de que, como promedio, una sola persona gasta alrededor de 230 bolsas al año, lo que es igual a 500 billones de estos objetos rondando y contaminando por todo el planeta Tierra.
La ONG ambientalista internacional Greenpeace informó en su sitio que «cada año llega a mares y océanos el equivalente en basura hasta 1 200 veces al peso de la torre Eiffel». Por ello urge que todos, desde comerciantes y consumidores, se pongan en función de controlar todo este mal que nos estamos haciendo a nosotros mismos y la existencia de la vida.
«El uso del plástico es insostenible y es un claro ejemplo de la cultura de usar y tirar. Por ello hay que ir al origen del problema y, en primer lugar, reducir la cantidad de plástico que se pone en circulación, y después, apostar por la reutilización. Se está apostando por un estilo de vida libre de plásticos de un solo uso», resaltó la organización.