ZONA CRÍTICA: Los jóvenes y la música

ZONA CRÍTICA: Los jóvenes y la música
Fecha de publicación: 
23 Marzo 2021
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Algunos suelen asociar a los jóvenes músicos sobre todo a los géneros de moda, al género urbano, por ejemplo,  ignorando los grandes aportes que hacen a otros géneros (vamos a decirlo sin prejuicios y sin que suene a queja) menos multitudinarios. Algunos ignoran lo que han hecho, lo mucho de bueno y notable que hacen jóvenes músicos en la trova, o en el jazz cubanos contemporáneos. O incluso, en la música de concierto. Hay gente que no ha llegado a la treintena y que ya tiene una obra significativa en esas y otras expresiones de la música.

Esos artistas están ahí. Y ciertamente, cuentan con espacios de realización profesional y de promoción. La Asociación Hermanos Saíz ha hecho mucho en ese sentido. Y las instituciones también. Y también los tan cuestionados medios de comunicación. Basta revisar las parrillas de la televisión para notar que hay más de un programa dedicado a la música de los jóvenes, sea música más popular o más alternativas.

Y sin embargo, siempre hay reclamos, hay demandas insatisfechas. Y es natural que los haya, porque la socialización de todo lo bueno que se hace siempre será insuficiente. El quid no está tanto en la calidad de las propuestas (asumiendo incluso que son disímiles las calidades) como en las veleidades del consumo (usamos un término que a algunos no les resulta adecuado). 

Hay público para todo. Para lo bueno y para lo malo. La tarea esencial será entonces contribuir a la formación de ese público. Ojo, no imponer un gusto (cosa, por demás inviable), sino educar ese gusto. Y por supuesto, nosotros lo decimos muy fácil, pero es una tarea titánica.

Tiene que ver, más allá de la necesaria educación artística en todos los niveles de enseñanza, con la comprensión de ciertas lógicas del mercado. Y de la incidencia que pueden tener los buenos artistas y las instituciones y organizaciones que los representan, en ese mercado. Ahí está, creemos, el pollo del arroz con pollo. 

No basta contar con buena música, hay que saber colocarla. Y para eso hay que conectarse mucho más con los intereses, con las rutinas, con las necesidades, con los esquemas de consumo del público. Y todo eso, se supone, evitando hacer concesiones que el propio mercado parece propiciar. Como se nota: es un desafío inmenso. Otro, como si fueran pocos.

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