ZONA CRÍTICA: El patrimonio inmenso del son cubano

ZONA CRÍTICA: El patrimonio inmenso del son cubano
Fecha de publicación: 
28 Abril 2021
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Hablamos del son y no hablamos sencillamente de un género vocal e instrumental bailable, hablamos de un conglomerado que ha marcado, como muy pocas expresiones lo han podido hacer, el entramado de la cultura cubana. Y asumimos cultura trascendiendo incluso su dimensión artística y literaria. 

El son es emblema de la nación. Símbolo de una identidad.

Mucho se ha habla por estos días de los extraordinarios valores el son. Hace casi una década fue declarado patrimonio cultural de Cuba. Y se trabaja en su expediente para la declaratoria de la UNESCO. Pero estas condiciones, que son importantes, en todo caso reconocen una presencia, un impacto popular, una influencia decisiva. El son no es un género de museo. Está vivo. Y por lo tanto, evoluciona.

La práctica cotidiana, el diálogo permanente con otros géneros y expresiones puntuales de la música, garantizan una flexibilidad en sus pautas, en la concreción del hecho musical, que lo enriquecen, no lo desvirtúan. 

Y eso tiene que ver con la fuerza, la contundencia de sus presupuestos. 

Como en los clásicos, hay una base sólida: rítmica, melódica, conceptual, que garantiza precisamente el surgimiento y la consolidación de variantes, presentes en todo el país, de Oriente a Occidente: montuno, changüí, sucu-suco, bolero son... solo por mencionar algunas.

Cada una de esas variantes del son ameritaría análisis puntuales, tal es su riqueza. Y la variedad de géneros musicales bailables, cubanos e internacionales, que han bebido, o incluso, que han nacido del son... también podría ser tema de debate.

Algunos musicólogos insisten en la necesidad de afianzar y socializar ese conocimiento del son. O sea, no basta con disfrutarlo, con cantarlo o bailarlo... Bueno, para muchos de los que lo cantan y lo bailan sí es más que suficiente, pero la academia, los centros de investigación, el sistema de enseñanza artística... tienen la responsabilidad de estudiar ese legado. Y las instancias encargadas de la promoción también tienen que saber muy bien qué promueven. El son, está comprobado, no va a morir. Pero hay que garantizarle siempre su espacio de privilegio. Credenciales le sobran. 

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