Sea testigo del primer maratón olímpico y de mucho más

Sea testigo del primer maratón olímpico y de mucho más
Fecha de publicación: 
17 Abril 2024
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Los griegos han conquistado muchísimas medallas en los Primeros Juegos Olímpicos. Han sabido utilizar los beneficios por ser sede.  Sin embargo, están muy tristes. En atletismo no han podido triunfar. Mírales las caras a los funcionarios, a los competidores, a sus guías. Esos espejos están averiados. Marchar mal en el principal deporte del certamen les hiere demasiado. Fracasaron en pruebas que habían creado desde los tiempos antiguos.

Los estadounidenses han demostrado partir de lo óptimo anterior para continuarlo en ascenso. Ciencia y técnica superior aplicada en esta y la mayoría de las esferas. Los helenos se han quedado rezagados. No solo en el campo y la pista. Y eso que muchos de los campeones del deporte rey, casi todos de Estados Unidos, no son estrellas en su país: universitarios, gente de Boston, hasta algunos decidieron batirse ya que estaban de visita aquí. Únicamente se les escaparon los 800 y los 1500, distancias dominadas por el australiano Edwin Flack.
 
Sobre el asunto, el historiador hispano Juan Fauria publica: “Y hay que hacer contar como hecho histórico, que únicamente Burke era campeón en Estados Unidos (pero no lanzaba el disco) pues todos los demás eran simplemente buenos atletas, como ocurrió más o menos con los demás atletas de los restantes países, muchos de los cuales aprovechaban una estancia casual en Grecia y otros no eran más que jóvenes aficionados al helenismo”. Lo malo de Juan es que no analiza, no va a las causas. Solo expone lo que ocurrió sin profundizar, algo muy común todavía y de lo que no nos salvamos a plenitud en Cuba, sobre todo en lo agonal.

Siéntate en la máquina del tiempo de la imaginación, y de lo investigado sobre el caso del primer maratón olímpico. Respira el ambiente en el estadio cuando va a empezar la última prueba de la justa, la última oportunidad para los griegos de alcanzar una victoria en el atletismo de la inicial magna cita. Han partido 25 corredores. La mayoría locales. Los extranjeros participantes se las traen. El semifondista Flack desea agregar un tercer triunfo: fuerte, dispuesto. El estadounidense Arthur Blake, subtitular de los 1500 metros planos. El francés Albin Lermusiaux quiere desquitarse de su caída al tercer sitio en esa carrera, que lo agotó de tal forma que le impidió presentarse el día siguiente en la final de los 800. Está Gyula Kellner, el húngaro, de menos nombre, pero rival peligroso.

Como nosotros tenemos el privilegio de ver lo que otros no pueden, sigamos al corredor galo, capaz de echarle más de un balde de agua fría sobre los sueños de los helenos. Los extranjeros tomaron el mando desde el principio y Lermusiaux se les está yendo... Rayo, cará. El cuarteto no ha creído en el enorme calor reinante, el sol haciendo de las suyas y el polvo en demasía, y desde el principio apretaron el acelerador. A lo Cantinflas: ahí está el detalle. Se equivocaron: el semifondo no es igual que la dama maratón.        

Acompáñame a la instalación a ver cómo están allá. El estadio es un tremendo temblor. ¿Lo sientes así? Claro: han llegado noticias poco halagüeñas. Que si los visitantes están al frente y el mejor de los coterráneos es Laurentis, aunque viene bastante detrás y sin un ritmo arrollador. Que si el francés en el kilómetro 22 le ha sacado tres de ventaja a Flack. En el 23 abandona el americano. Un respiro para los atormentados espectadores agolpados en las gradas. Al poco tiempo, el temor crece: el francés llegó a la mitad de la carrera y es agasajado por los habitantes de Karvati con una corona de flores. Aprieta el calor, ligado a lo polvoriento trae el infierno a la ruta. Regresemos a ella.
     
Cancanea Lermusiaux en el kilómetro 31. Mira la tanda de masajes que le da su paisano Gousiel quien le sigue los pasos sobre una bicicleta. ¡Ahí viene el australiano! ¡Lo pasa, lo pasa! Dejemos que lo narre un especialista en béisbol cual si fuera el derrotado un pitcher al que sacan a palos del box: ¡Esto ha sido todo para Albin! Se desploma. Lo conducen hacia el hospital en un carro. De los foráneos quedan Flack, al frente, y el de Hungría. ¡Por ahí viene toda una tromba, desde atrás, Spiridon Louis, un cartero de profesión de 23 años de edad! Sobrepasa a su compatriota Vasilakos ocupante de la tercera posición. Se acerca al que lleva la voz cantante,  pues a este se le acaba el canto. Se despide en el 37. Va a vencer uno del patio. A recibirlo... Algarabía en el Panatenaico cuando el coronel Papadiamantopoulos informa; ya viene hacia la meta Spiridon Louis. Está en la puerta. Vestido de un blanco casi perdido de tanto polvo. La faz, los brazos, las piernas tostadas. Fatigado, aunque firme, ha llegado el primer campeón griego en el atletismo de los Primeros Juegos Olímpicos. Es el rey del deporte rey en Atenas 1896. Su victoria, proeza. Él, desde entonces, un Héroe para su nación.

Declara: “Grecia no podía perder este primer maratón. Cuando en medio de la carrera paré y me tomé un vaso de vino en un bar, lo dije: Filípides no ha sido olvidado por nosotros; mi victoria será el recuerdo de los griegos a aquella hazaña”. Con dos horas, 58 minutos y 58 segundos ha logrado, según los expertos, la mejor marca del certamen. Dicha completa: después del vencedor entran sus coterráneos Charlaos Vacilaskos y Velokas. El cuarto es Gyula Kellner. En realidad, Gyula es elevado al tercer lugar: el  aparente dueño será el primer descalificado de la historia olímpica.

Al triunfador lo llevan en andas por todo el terreno invadido por los espectadores. El príncipe heredero lo conduce al palco real. El soberano lo abraza. Le llegan hasta proposiciones matrimoniales. El gobierno decreta la libertad de un hermano de Louis que cumplía una leve sanción. El mejor hotel ateniense le obsequia diez años de estancia gratuita, un famoso restaurante hace algo semejante durante un año en cuanto a la alimentación, recibe regalos valiosos de afamados sastres, joyeros, constructores de muebles...
 
La distancia disputada fue de 40 kilómetros y no la de 42 kilómetros y 195 metros implantada en París 1924, medida de la distancia recorrida por Filípides hasta Atenas desde el escenario donde Milciades derrotó, en el año 490 antes de nuestra era, al ejército del rey persa Darío para dar la noticia. Spiridon Louis, vestido a la usanza típica griega, presidió el desfile inaugural de Berlín 1936, a los 63 años de edad. Falleció el 23 de marzo de 1940.

Antes de ocuparme de varios casos, así les nombro, de la primera aventura olímpica, introduzco el primer escrito sobre la gran fiesta sin el cerrojo de lo cronológico. Pese a que uso el pasado, pero como hay que usarlo.

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