¿Por qué fuimos a la Tángana en el Trillo?

¿Por qué fuimos a la Tángana en el Trillo?
Fecha de publicación: 
30 Noviembre 2020
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¿Por qué se fueron todos estos jóvenes hasta allí? ¿Por qué se quedaron pequeños el parque y las horas? ¿Por qué nos sumamos muchos que ya acumulamos un poco más de juventud?

Sí, ya los teóricos del caos, los dueños absolutos del pensamiento colectivo lo han sentenciado: fueron obligados.

Y uno, que se enteró por Facebook, que hizo malabares para reajustar el domingo y llegar hasta allí, mi amiga Yanela González, que se llevó a su bebé en brazos, los artistas que pararon una grabación en el cine Astral porque sentían la necesidad de estar, de compartir, de expresarse: ¡obligados también!

¿Qué nos obligó? A Yanela, por ejemplo: “la sangre, que me hierve, mi experiencia como parte de la juventud de los años 90 y principios de siglo, tenía que sentir esa efervescencia revolucionaria, por mis hijas y mi compromiso como profesora con la formación de las futuras generaciones y para dejar clara mi posición de cubana fidelista, raulista y diazcanelista, que no es más que la continuidad de la Revolución”.

A mi futura colega Heydy Montes de Oca, la “obligaron” los tiempos: ¡si los tiempos piden radicalizarse, hay que radicalizarse! Escribió en su muro de Facebook.  Alejandro Palmarola, un joven científico y ambientalista fue hasta el Trillo para repetir en lo que cree, tampoco lo citó el Comité de Base ni la sección Sindical y, además de hablar, escuchó,  así lo cuenta en su perfii:

“Se habló de las mentes cerradas, de la burocracia, del arte alternativo, de la inclusión, de las oportunidades para hacer y del diálogo. Se habló de política pero se habló mucho de amor a la patria, se habló de unión, se habló de esperanzas y de ganas de aportar y hacer. Se leyó y se improvisó, se cantó, se bailó y se celebró.

Vino el presidente, unos creen que era natural que viniera. Yo no lo esperaba, pero lo deseaba. Y habló y cantó, y dijo que era importante que los jóvenes dijeran lo que pensaban.”

Fuimos para defender la democracia y el socialismo, para expresar libremente lo que pensamos y sentimos, para cantar juntos, para cargar las pilas, para llamar las cosas por sus nombres, para tomar partido. Por necios fuimos y por rebeldes.

No fuimos al Trillo a hablar por nadie, ni a hablar de nadie, aunque muchos nos pidieron desde la distancia geográfica que lo hiciéramos en su nombre, pero fuimos básicamente a suscribir una posición personal, aunque compartida, conscientes de que cada uno cuenta. No fuimos a negar derechos, sino a ejercer el nuestro de defender la Revolución. Llevamos todos los colores del mundo y cuatro letras que hinchan el pecho: Cuba.

 

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