“Imagine”, historia inédita de una canción

“Imagine”, historia inédita de una canción
Fecha de publicación: 
8 Agosto 2021
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Hay canciones que resaltan por su mágico poder de seducción, que cada vez que las escuchamos se clavan muy hondo en el corazón y despiertan emociones dormidas. Imagine, la obra cumbre de John Lennon tras Los Beatles y uno de los sencillos más vendidos de la historia del pop, es una de ellas. Y es noticia porque este año cumple medio siglo de vida. Y sigue protagonizando momentos que hacen historia, como el que tuvo haces unos días, al convertirse en el tema de apertura de la ceremonia inaugural de Tokio 2020, cantada por Alejandro Sanz, John Legend, Angélique Kidko y Keith Urban.

Una mañana de 1971, Lennon, se sentó al piano e Imagine brotó fluidamente, lo cual como no significa que surgiera de la nada. Tal como el ex-Beatle lo reveló en una última entrevista para la BBC poco antes de su asesinato, la lectura del libro Grapefruit, de Yoko Ono, fue la semilla a partir de la cual germinó. Manifestó entonces que ella debería haber figurado como coautora, ya que tanto la idea como distintas partes de la letra provenían del citado texto, publicado en 1964, antes de que se conocieran. Para justificar la ausencia de Yoko en los créditos, explicó que en la época en la que fue compuesta él era “más egoísta y más macho” y se le “olvidó” citar la crucial contribución de su mujer.

El caso es que aquel “error” se mantuvo durante 46 años, hasta que en 2017 la Asociación Nacional de Editores de Música de Estados Unidos, además de concederle a Imagine el premio a la Canción del Siglo, reconoció a su viuda como legítima coautora. No obstante, y esto también hay que decirlo, cabe apuntar que su poderoso contenido no habría calado del modo en que lo hizo, de no ser por la incuestionable belleza de su melodía, así como un piano y una voz que desde las primeras notas resultan literalmente cautivantes. Desde su mismo nacimiento, la que Lennon definió como una canción antirreligiosa, antinacionalista, anticonvencional y anticapitalista, se convirtió en un himno pacifista, que invitaba a soñar con los ojos abiertos un mundo desprovisto de fronteras, religiones, codicia, posesiones, hambre, y en el que mujeres y hombres viven en armonía.

En esa pieza estaban configuradas todas las ideas del Lennon activista. Pero también los de su mujer, puesto que ambos compartían idéntica filosofía de vida. Es una declaración de amor incondicional hacia la especie humana, y lo mejor de todo es que no hay en ella el más leve fingimiento ni impostura alguna, pues propone una utopía, un mundo tan idílico como improbable, pero está tejida con un resistente hilo de verdad.

A pesar de que el mundo es hoy un lugar más civilizado y solidario que hace cinco décadas, y a que existe una mayor conciencia de los derechos humanos y la ecología, si Lennon levantara la cabeza comprobaría que sus anhelos de un planeta-edén están muy lejos de cumplirse y que la “fraternidad de hombres” que tanto él como Yoko Ono ansiaban, solo es posible materializarla en una novela, una película, una serie de televisión o, claro, una canción.

 

 

 

 

 

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