Erduyn Maza, 20 años navegando en La Proa

Erduyn Maza, 20 años navegando en La Proa
Fecha de publicación: 
15 Julio 2023
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Un joven de 19 años tocó las puertas de Argos Teatro porque quería ser actor. Cuenta que "Carlos Celdrán, como el gran ser humano que es", lo recibió:

"Empecé a ir a los ensayos y, un buen día, me dijo: ¿te sabes el texto de tal personaje? Y yo fui para allá a hacer el personaje con Alexis Díaz de Villegas, con Verónica y con otros actores. Por supuesto, ellos le dijeron:, Carlos, mira, está muy verde, vamos a probar otra persona", nos cuenta Erduyn Maza, quien poco después se convertiría en uno de lo fundadores del proyecto teatral La Proa.

"Tenía preparación previa en el teatro, en talleres. Trabajé dos años con Lida Nicolaeva, que fue mi primera maestra y pasé el diplomado de teatro para niños y de títeres del Isa pero tenía solamente tres años de vida profesional cuando se nos dio la oportunidad, en 2003, de tener un proyecto teatral y hablo en plural porque éramos la actriz Kenia Rodríguez y yo. Se nos dio la oportunidad y no lo pensamos. Fue prácticamente un impulso de juventud".

El día que Lida le puso a Erduyn un títere en la mano, el joven aprendiz decidió "que quería ser titiritero y un buen titiritero":. 

" Después vino el trabajo con Armando Morales, ellos fueron mis grandes maestros, con sus dos vertientes, sus dos maneras de enseñar muy particulares. En medio de toda esa vorágine, en el 2003, se nos dio la oportunidad de abrir Teatro La Proa y así empezó la historia".

Travesura de Narices Rojas fue el espectáculo inaugural, lo dirigió precisamente Armando Morales y veinte años después recuerda el ya consagrado actor y líder de La Proa: 

"Kenia y yo nos enamoramos de él, de su poética, de su manera de llegar a los actores, de sus sueños, de la forma en que hacía poesía con sus manos. Y decidimos que Armando iba a ser nuestro primer director porque, por supuesto, ni ella ni yo teníamos una experiencia como para dirigir una obra de teatro todavía".

Cuando revisa la evolución de la compañía, hay un nombre que salta de inmediato, Arneldy Cejas, cuando se incorporó, en 2004, "ya él tenía mucha más experiencia que nosotros: venía de la escuela de Papalote y de Teatro de las Estaciones. Es constructor de títeres, es actor, es director...

"Su entrada fue clave para la evolución del grupo porque le dio una imagen, una estética y le dio la personalidad. Un grupo de teatro de títeres que no tenga un diseñador o un constructor de títeres, realmente no tiene personalidad. Él le dio el empaque que faltaba a Teatro La Proa". 

Con la impronta de Arneldy, llegó Cenicienta, el primer espectáculo titiritero de La Proa, al respecto valora el fundador del proyecto: "creo que fue el despegue, así como al final de la obra al personaje le nacen alas y vuela en busca de su propio mundo. Comenzamos a volar y a soñar ya con cosas más ambiciosas.

Entre las claves para continuar creciendo artísticamente, está el hecho de no abandonar nunca el legado de los maestros:

"Nunca hemos renunciado a los maestros. Sí los hemos negado, pero no hemos renunciado a ellos. Sí hemos negado muchas veces lo que hemos aprendido, pero no en plan de distanciarnos del conocimiento heredado, sino para transformarlo, evolucionarlo, revolucionarlo. Los maestros están presentes en toda la técnica, aunque se intente cambiar, aunque uno quiera mover un muñeco diferente, para llegar a eso, primero tienes que haber pasado por sus manos, solo después de eso es que buscas tu propio camino". 

Y esa parece ser una búsqueda incesante: "En eso estamos todavía, buscando nuestro propio camino. Pero los maestros siempre están presentes, desde la dramaturgia, porque yo leo mucho a René Fernández, aunque no fue mi maestro directo, tal vez como lo fue con Arneldy, pero leo mucho la obra de René, veo las obras de Papalote, las estudio, he escrito sobre ellas. No es fajarnos con la historia ni renegarla, partimos de ella para contar nuestro propio argumento.

"Siempre tratamos de buscar temas que le hablen a los niños, a los adultos, a los padres del día de hoy, de lo que está pasando en el día de hoy en la sociedad, pero también nuestro discurso de identidad es a partir de la búsqueda de nuestra propia poética. Eso nos ha marcado a nosotros: buscar constantemente quiénes somos en medio de este ruido.

La Proa va como su nombre, siempre adelante, descubriendo: "Acabamos de cumplir 20 años y estamos haciendo una nueva obra que se llama Amelia sueña mariposa. Es un texto mío Y uno se siente completamente desnudo cuando está empezando un proceso. Son nuevos muñecos, es un nuevo montaje, es un nuevo camino, una nueva exploración y uno se siente completamente desamparado, prácticamente como que no sabe nada. 

"Entonces, de pronto, hoy encuentras una cosa que te pareció muy buena, pero al otro día, cuando llega en el ensayo, te das cuenta de que no te gusta y tienes que ir destruyendo todo y volver otra vez..." 

Hoy La Proa es mucho más que un grupo donde se hace bien teatro: "Yo creo que uno no puede conformarse con hacer una obra de teatro y ya, porque para hacer una obra de arte uno tiene que investigar, pasar trabajo, teorizar, entonces, creo que si uno se conforma con ponerle eso al público y no compartir todo lo demás, está siendo egoísta. Es parte de la responsabilidad de nosotros, porque el teatro lo vas a ver y se muere con cada función.

"No me conformo con hacer una obra de teatro y ya. Nosotros damos clases en las escuelas y no es por el hecho de alimentarnos el ego, es que sencillamente no podemos estar quietos. Creo que parte del nombre de La Proa es porque estamos siempre así, como los barcos, arriba, abajo, como en medio de una tormenta".

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