El teatro de cierto catalán de apellido Payret

El teatro de cierto catalán de apellido Payret
Fecha de publicación: 
17 Enero 2021
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Hubo en La Habana cierto carnicero catalán que luego de amasar una cuantiosa fortuna, decidió levantar un teatro que llevaría su apellido. Se llamaba Joaquín Payret. Terminó confinado en Quinta del Rey, en los predios de lo que luego se conoció como Mazorra. ¿Por qué terminó sus días, alienado y ajeno a la realidad, privado de su lucidez?


Joaquín Payret

El elegante teatro Payret, una de las edificaciones más destacadas de la calle Prado (Alameda de Isabel II y San José), no comenzó como se dice, con buen pie. El antiguo Teatro de la Paz –nombre que tuvo cuando se firmó el Pacto del Zanjón-, o Coliseo Rojo, en alusión al color de sus cortinas, se incendió a poco menos de un año de su inauguración (21 de enero de 1877).

La construcción antigua era de cantería y algunas de las obras internas eran de ladrillos. Los techos eran de madera y planchas de zinc, sostenidos por una armazón de acero belga, la primera de este tipo que se colocó en la urbe. Una de las tuberías de gas que propiciaba la iluminación de sus recintos, se rompió y ocasionó un fuego que se extendió rápidamente.


El teatro Payret a inicios del siglo XIX

Después, en 1888, un temporal obstruyó sus cañerías: se desplomó  una de las paredes de carga y se vinieron abajo varios de los pisos superiores. Hubo diez heridos y tres muertos, entre ellos Enrique Sagastizábal, copropietario del coliseo.

El edificio primigenio, construido en parte con algunas de las piedras de la antigua Muralla de La Habana, no corrió mejor suerte iniciado el siglo XX.

Arruinado y acogido por la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña, el dueño del inmueble no tuvo más remedio que ceder su teatro al Estado, que incautó los terrenos.

Subastas, adquisiciones, nuevos dueños y reconstrucciones sucesivas, se contaban entre los elementos históricos del local, hasta que en 1926 pasó a manos de los hermanos Rodolfo y Roberto Méndez Peñate por pocos meses. El ciclón de ese año le llevó la cubierta, y otra vez cambió de propietarios: Charles Pemberton y Saaverio.

Así estuvo durante varios años hasta convertirse, en 1935, en La Catedral del Cine Español gracias a otro de sus dueños, José Varcárcel, quien tuvo la idea de hacerlo cine, uno de los 42 que había en La Habana después de aquella alucinante Danza de los Millones.

El Payret que conocemos hoy fue levantado en 1951. José Sixto, un comerciante asturiano, lo compró y demolió sin importarle demasiado el hecho de constituir uno de los teatros más emblemáticos de América, e incluso Monumento Nacional. Los diarios de la época sentenciaron jocosamente: “Lo que un catalán construyó, un asturiano lo derrumbó.”

Se levantó entonces como nos ha llegado hasta ahora: una construcción clásica de lobby moderno con una obra de Rita Longa (La Ilusión), y después de 1959 siguió siendo, básicamente, un cine. En 1969 y 1981 se le sometió a dos reparaciones.

Hoy, luego de desmentidas campañas difamatorias en relación con su cierre y futuro social, la Oficina del Historiador acomete no solo el rescate del cine por su valor patrimonial, sino, además, el antiguo Hotel Pasaje.

Del susodicho catalán Joaquín Payret muchos cronistas han hablado. Ese español, que como muchos, vino a “hacer la América”, consiguió con su perseverancia, en menos de 10 años, amasar una fortuna. El famoso Café El Louvre –que luego terminó vendiendo al arquitecto Juan de Villamil, teniente coronel retirado del ejército español- fue uno de sus negocios más prósperos. Además de las carnicerías que acaudalaron sus bolsillos.

En espera de que el majestuoso coliseo de la calle Prado recupere su lozanía luego de la costosa inversión actual, prometemos volver con otros aspectos interesantes del Payret.

Y aunque algunos especulen sobre su “mala suerte” y solo reseñen el fatídico desenlace del catalán Joaquín, sirva esta pequeña semblanza para rescatar del olvido a ese amante de las artes que se empeñó en darle a La Habana un teatro a la altura de los mejores de Europa.

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