EDITORIAL: El valor del trabajo

EDITORIAL: El valor del trabajo
Fecha de publicación: 
6 Enero 2021
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Por muchos años la serpiente se ha mordido la cola: no se subían los salarios porque primero había que crear riqueza, por lo tanto, había que trabajar para crearla; pero como los salarios eran bajos mucha gente no se sentía estimulada a hacerlo.

A la economía nacional y, obviamente, a muchas economías familiares les ha costado enfrentar ese dilema. Si a esa circunstancia se suma el impacto indiscutible del bloqueo estadounidense y la ineficacia de muchos modelos propios de gestión, queda claro que había que cambiar esquemas.

Se subieron los salarios. Se subieron los precios. Y (algo significativo) se eliminaron subsidios.

Hasta ahora, gracias a esos subsidios, se podía vivir en Cuba sin trabajar. Se podía vivir "del invento".

Se han cambiado las reglas del juego: ahora, para aspirar a una vida digna, habrá que trabajar. O depender de familiares que mantengan desde el exterior. O delinquir. Esa es la ecuación.

Parece simple pero no lo es. El "mecanismo" de una economía es muy complejo. Y todas las "piezas" importan.

Nadie puede ofrecer certezas del final de este camino que ahora comienza. El fantasma de la inflación asoma. El fantasma de la inoperancia. Los demonios de la burocracia. Y una vez más: las presiones externas, el bloqueo de todos los días.

Pero algo sí está claro: hay que trabajar. Y hay que trabajar bien.

Es preciso reconocer el valor del trabajo. En sus dos dimensiones: la simbólica (la moral) y la sustantiva (la monetaria).

La primera se ha enarbolado siempre, apostando por la conciencia de la ciudadanía (debería avergonzar no aportar pudiendo). Pero no basta (no ha bastado). Urge aplicar esquemas que reconozcan los resultados concretos del trabajo.

Nadie ha dicho que sea cuestión de coser y cantar. Los debates actuales de la ciudadanía apuntan a insatisfacciones, dudas y hasta claros rechazos que el gobierno debe atender con espíritu receptivo.

Hace falta también vocación crítica y responsabilidad en todos los niveles. Y compromiso cívico.

Y el principal compromiso de todos debe ser con el trabajo cotidiano, con el aporte concreto a una obra mayor. Que sea el trabajo el que establezca las jerarquías.

Comentarios

Felicitaciones por el editorial. Pero que publiquen los demonios con nombres y apellidos. Que sustituyan los inoperantes. No puede haber compromiso cívico por quien no te considera como su igual. Con ésos, no nos entendemos. Rectifiquen ahora. Viva la Revolución Socialista de Cuba!

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