Cuba y las post pandemias

Cuba y las post pandemias
Fecha de publicación: 
18 Febrero 2021
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Desde hace algo más de un mes dejamos atrás el 2020, el último año de un ciclo del que el presidente Diaz-Canel dijera: “nos tiraron a matar y estamos vivos”. Y ya en el 2021, con el fuego trumpeano que sigue llegando, ahora desde enero se acompaña por el rebrote del Coronavirus.  A dos pandemias se ha enfrentado Cuba en estos últimos tiempos, a la supremacista y a la sanitaria… y ¡seguimos vivos!

Soy “economista”, por lo que los números y aquella definición de Economía que no me gusta: “los recursos son siempre escasos y los fines múltiples y competitivos” me hacen ser precavido. Pero como soy “economista político”, incursiono, como corresponde, más allá de los números. Por ello, si como economista veo ya luego de las pandemias “la luz al final del túnel”, como político veo “el final del túnel”.

Y el final del túnel se ve porque después de muchos años de reflexiones, estudios y pensamiento conjunto, Cuba comenzó el reordenamiento (le quito los apellidos de monetario y cambiario pues este fue solo punto de partida) que ya todos sabemos es reordenamiento de la sociedad toda. La complejidad de la tarea y de todo lo que teníamos y tenemos que seguir “reordenando” explica los atrasos, pero también deja claro que continuábamos, “sin prisa, pero sin pausa”, la búsqueda de nuestro propio camino al socialismo, a nuestro socialismo, a nuestro modelo socialista de desarrollo, comprometido con el mundo mejor posible alcanzable y también con el cumplimiento de los Objetivos y Metas de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible de NNUU.

Por supuesto que el modelo, necesariamente, tiene que excluir las medidas del pensamiento liberal y neoliberal que siguiendo “las indicaciones del mercado” y contando con el “asesoramiento” y la “ayuda” de organismos como el FMI y el BM, han hecho evidente en todo el mundo, incluso desde finales del pasado siglo, que sus “soluciones” solo profundizan las crisis donde quiera son aplicadas, incluyendo en el país centro del sistema mismo.

El pensamiento liberal y neoliberal ha fracasado urbi et orbi, pero las críticas a la Revolución cubana y al reordenamiento pasan por alto el fracaso e insisten en su aplicación en Cuba. Lo anterior se hace especialmente evidente cuando estas críticas se refieren o tienen que ver con el tratamiento por el reordenamiento al mantenimiento temporal de los subsidios, al tipo de cambio fijo, a la postergación de la eliminación de gratuidades. Y hasta se critica un supuesto rechazo al reconocimiento de la relación de la oferta y la demanda en la formación de los precios al estar prevista en el reordenamiento su regulación y no la libre fijación por el mercado. En las referidas “críticas” además, como regla, se omite el efecto del bloqueo sobre nuestra economía y también las más de 240 medidas punitivas aplicadas por la administración Trump contra Cuba, la mayoría de las mismas dirigidas a impedir el ingreso de divisas y también de bienes, incluidos los utilizados para el cuidado de la salud, los alimentos y el combustible.

La validez del camino escogido se hace evidente cuando incluso desde tiendas ajenas a las nuestras se admite lo obvio, que el bloqueo a Cuba es continuidad de una política que ya desde 1960, ha tenido como objetivo impedir a Cuba la llegada de dinero y suministros para “provocar hambre y desesperación”, en flagrante violación de los derechos humanos de los cubanos (incluyendo los de los emigrados a los EEUU), de los ciudadanos de otros países y hasta de los propios estadounidenses.  

Los hechos, testarudos, demuestran cuanto se ha hecho por el respeto de los derechos humanos en Cuba desde el triunfo de la revolución: electa y relecta al Consejo de Derechos Humanos de NNUU, sus ciudadanos disfrutamos, como derecho gratuito y universal, de la salud y la educación lo que nos garantiza mínimos índices de muertes al nacer, esperanza de vida de 78 años, ausencia de analfabetismo, altos índices educativos con alta proporción de graduados universitarios y científicos capaces de crear vacunas contra la Coronavirus, y también dar y recibir  cobertura total y protocolos de excelencia para el cuidado de la salud que reducen a mínimos los índices de mortalidad de los infectados y también colaborar con decenas de países (del “tercer” mundo pero también del “primero”) en el combate a la pandemia.

Es el país donde las mujeres constituyen el 49% de la fuerza laboral activa, representan el 60% de los graduados de la educación superior y el 53% de su potencial científico; es el mismo que reconoce todas las religiones, en el que aún cuando la revolución eliminó las bases económicas y sociales de todo tipo de discriminación mantiene un Programa Nacional de gobierno dirigido a combatir los regionalismos, todo tipo de discriminación y vestigios de racismo y también uno de Educación Sexual que nacido en la década de los 70s impulsado por la FMC, dio origen al CENESEX en 1988 para coordinarlo y desarrollarlo con objetivos tales como la promoción de los derechos sexuales, incluyendo los de las personas LGBTI+ y que coordina, además, la Comisión Nacional de atención integral a las personas trans.

No hay dudas, y cualquier observador medianamente informado y no mal intencionado sabe, que la política de bloqueo a Cuba que por más de 60 años se aplica por EEUU, nada tiene que ver con lo que proclama:  la promoción de los derechos humanos. Admitir la farsa, sin importar  en cuál de sus puestas en escena,  implica obviar que la Asamblea General de la ONU ha rechazado 28 veces el bloqueo; también que desde 1992 cuando se comenzó el análisis por la Asamblea General, solo en 2016 los EEUU se abstuvieron y que las otras 27 veces votaron en contra de la Resolución; también supondría no reconocer que la Resolución de la Asamblea rechaza el bloqueo por su carácter ilegal, aunque la parte estadounidense lo considere un asunto “bilateral” en burda maniobra que no lo eximiría, sin embargo, de ser condenado como país violador del derecho humanitario.

Y como todo lo anterior es irrefutable, tenemos los cubanos dignos todo el derecho a dudar de las buenas intenciones de los que aconsejan “desde las gradas” y nos invitan a “mendigar derechos” y hasta a “poner la otra mejilla”.  Seríamos ingenuos si no recibiéramos estos consejos sin suspicacia cuando los 60 años de bloqueo denotan política de estado y no de gobierno; cuando las 28 veces que los EEUU han ignorado las resoluciones contra el bloqueo de la AG de NNUU reafirman la política de estado y cuando abstenerse en la votación una vez en 8 años no pareciera ser buen indicador de cambio, aunque el cambio haya provenido del “hermano Obama”.

Para terminar, me permito tratar de resumir los porqués de nuestra inevitable victoria sobre las pandemias:

  • Porque sigue demostrando nuestra capacidad de resiliencia frente al intento de genocidio más prolongado en la historia, incluyendo su última y más agresiva y perversa versión que, por cierto, no ha sido modificada.
  • Porque si es cierto que el bloqueo ha dañado y sigue dañando a Cuba, no lo es menos que ha dañado y seguirá dañando también el prestigio de los EEUU, tanto, que ha situado a Cuba como nuevo héroe a la historia bíblica de David contra Goliat.
  • Porque Cuba ha sido capaz, en las antes referidas difíciles condiciones, de continuar por la senda de construcción de desarrollo socialista, de nuestro desarrollo socialista.
  • Porque Cuba ha probado ser capaz de enfrentar, a pesar de las dificultades generadas por el bloqueo y aún por las afectaciones sufridas como resultado de la crisis económica precipitada por la pandemia, a la pandemia misma, con índices sanitarios incluso superiores a los de muchos países desarrollados.
  • Porque esos índices sanitarios antes referidos han sido resultado de los logros de los avances científicos alcanzados en Cuba y también de la capacidad organizativa de su Estado, Partido y Gobierno.
  • Porque los logros científicos alcanzados permitirán a Cuba, próximamente, ser el primer país del mundo vacunado, con su vacuna Soberana, de la que podrá disponer también la humanidad toda.
  • Porque –y pasando por alto la supuesta polémica de las prioridades de la política exterior de los EEUU, de su presidente empeñado en recuperar el liderazgo en el mundo y aun de su capacidad para lograrlo –no pueden obviar los encargados de dirigir la política exterior de los EEUU que en la misma medida en que pierden posiciones en la geopolítica global mayores son sus necesidades de mejorar sus relaciones con el sur del continente, donde está Cuba, país del que saben que “relaciones normales” solo pueden sin injerencia en sus asuntos internos y sean, además, civilizadas, respetuosas y mutuamente ventajosas.
  • Por último, pero no por ello menos importante, porque Cuba está insertada en “la franja y la ruta de la seda” proyecto que, impulsado por China, país que antes de que termine el decenio será la primera potencia económica del mundo, ofrece enormes perspectivas para su desarrollo económico.  

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