Código de las Familias: No porque tengas un piano, te vuelves pianista

Código de las Familias: No porque tengas un piano, te vuelves pianista
Fecha de publicación: 
23 Junio 2022
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Cuando el nuevo Código de las Familias sea llevado a referéndum y sea finalmente aprobado, ni mucho menos estará todo resuelto para las familias cubanas, cuya diversidad y complejidad articulan hoy con un contexto también muy complicado y difícil.

Por eso, las consideraciones de los especialistas a las que aquí se les hace espacio, aunque fueron compartidas durante un panel organizado por la Sociedad Cubana de Psicología, en abril pasado, mantienen no solo vigencia absoluta, sino también una importante proyección de futuro.

De ahí que pudiera ser interesante, y sobre todo útil, multiplicar al menos unos minutos de lo comentado en dicho panel: «El papel de la Psicología en la consulta, referéndum y aplicación del Código de las Familias». Aunque la consulta ya terminó, queda un buen camino por andar, sobre todo en cuanto a la deconstrucción de prejuicios y otros valladares.


Foto: captura de pantalla

Integraron el panel, transmitido en Youtube, la M.Sc. Teresa Orosa y las doctoras Roxanne Castellanos y Patricia Arés. De la intervención de esta última compartimos algunos minutos.

Interrogada sobre lo que legitima y no el nuevo Código de las Familias, la Dra. Arés llamó la atención sobre cómo en la construcción colectiva de saberes se pueden hacer inferencias arbitrarias de determinados conceptos y categorías, y puede también creerse que cuando se habla de legitimar se está dando pertinencia o visibilidad a cuestiones que en realidad no se legitiman.

«¿Qué legitima el Código? La ley sucede a la realidad, pero no confirma toda la realidad. Se ha hablado mucho de que este nuevo Código ampara cuestiones que existen, pero ¿qué es lo que ampara?: lo que tiene un sentido ético, humano; lo que se relaciona con la dignidad humana; lo que plantea derechos que estaban invisibilizados, pero que resguardan la dignidad humana, siempre y cuando su comportamiento no afecte legalmente o no cause daño a nadie. No porque exista el abuso sexual, lo vamos a legitimar; no, es sancionado por la ley porque es un acto de maltrato que se hace sin el consentimiento del otro. No porque exista, lo vamos a legitimar. Hay que hacer estas aclaraciones para no hacer inferencias arbitrarias. Solo se legitima lo que es ético, y el derecho siempre tiene que ver con el resguardo de la ética. De ahí que no todo se legitima».

En respuesta a otra interrogante sobre una posible sociedad enferma, la profesora universitaria fue categórica:

«No pondría esa palabra. Hablamos de realidades sociales, y no se puede psicopatologizar la realidad social, pero sí estamos hablando de una realidad social compleja. Y el cambio familiar no se logra solo con un ordenamiento jurídico».


Dra. Patricia Arés. Foto: captura de pantalla

Abundó asegurando que este es, sin duda, un buen comienzo, un punto de inflexión importante, pero el cambio en lo familiar —dijo— puede conllevar incluso a desestructurar el orden simbólico, lo que las personas consideran que es lo adecuado y lo que no lo es. A veces —sentenció—, hay que desestructurar para crear nuevos instituyentes en el orden simbólico.

«Pero esto requiere de un sistema de influencias. No se trata solo del orden jurídico, que es visionario, que es educativo, con un sentido pedagógico, que no es solo punitivo o de obligatoriedad, sino tiene un sentido prospectivo, con una mirada a futuro, donde hay realidades que se están proyectando a futuro y que, incluso, no son parte hoy de la realidad».

Al ampliar dicha tesis, la experta subrayó que se trata de un cambio familiar perspectivo, no inmediato, proyectado para que, efectivamente, se produzcan estas transformaciones en los imaginarios sociales, en las formas de concebir la vida familiar, la educación de los niños, las relaciones sexuales…

Para explicar sobre cómo se dan paulatinamente estas transformaciones, ejemplificó con el tema del divorcio:

«Recuerden que años atrás había todo un estigma en cuanto al divorcio, que era visto como una debacle familiar, como un daño irreparable a los niños. Y ya estas visiones han cambiado, se van transformando los imaginarios en el transcurso de los desarrollos históricos. Y creo que algo que ahora podría alarmar o ser considerado una amenaza a determinadas realidades de las relaciones interpersonales, va a ir entronizándose en la sociedad, y como otros fenómenos familiares, se va a ir naturalizando, normalizando, visibilizando de otras maneras. Pero es un proceso que se debe cocinar a fuego lento».

En cuanto al tema de la adopción en particular, abundó en el derecho a la identidad del niño, en la necesidad de hablarle de sus progenitores y de quienes son sus padres, aquellos que le han criado desde el afecto y el amor, «porque no porque tengas un piano, te vuelves pianista», acotó en referencia al acto biológico de la procreación y al ejercicio de la paternidad.

Y esa sentencia podría ser válida también para todo lo novedoso que implica el nuevo Código, que, no por transformador, cambiará de la noche a la mañana a las familias.

Subrayó que los cambios en las familias «deben ir acompañados de muchas acciones educativas, profesionales, de medios de comunicación que sean coherentes, porque a veces hay muchos dobles discursos, hay discursos subsumidos que pueden ir en contra de los que se quieren avalar.

«La propuesta es tratar de visibilizar violencia, vulnerabilidad, que hay mucha en nuestra sociedad; visibilizar realidades que sí existen, y la realidad familiar cubana es desigual, heterogénea, pero sin patologizar. Es tratar de que cada vez la familia logre mayores desarrollos desde estas miradas protectoras del Código y de las profesiones».

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