Corea del Sur: El eslabón más débil

Corea del Sur: El eslabón más débil
Fecha de publicación: 
3 Febrero 2019
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Aunque los líderes coreanos se han reunido varias veces y virtualmente obligado a conversar a Donald Trump con Pyongyang, las cartas sobre la mesa de Estados Unidos siguen turbias, porque aún mantiene la presión sobre la RPDC y utiliza a generales surcoreanos para reanudar ejercicios bélicos conjuntos en las proximidades de las costas norcoreanas.

Ello ha preocupado al gobierno seulita, porque su presidente ha demostrado hasta ahora sinceridad en sus contactos con Pyongyang y en los preparativos para que en un par de años a más tardar sea firmado un acuerdo de paz que cese el actual estado de guerra vigente desde el fin de la agresión de Estados Unidos y sus aliados en 1953.

Gracias a los contactos intercoreanos se ha suavizado –nunca eliminada- la incertidumbre constantemente vigente en la península, que en un momento determinado, según el periódico de Seúl Choson Ilbo, llegó a ser “la mayor tensión que se registra en la Península desde que la Guerra de Corea derivase en un cese de fuego”.

A favor de Moon es que la mayoría de los surcoreanos están de acuerdo en que cese la tensión, y ello ha hecho que, a pesar de Trump, su programa sea bien acogido por encima de la actitud prepotente de Washington de tratar los problemas surcoreanos a sus espaldas.

A los halcones de Washington les preocupa que la normalización intercoreana deje obsoleta la presencia de unos 37 000 sollados y bases norteamericanas en Corea del Sur y más difícil la participación de sus aliados en un ultramoderno sistema de misiles regional enfocado contra China y Rusia, contrariando los intereses de sectores energéticos y militares.

Y aunque se dice que EE.UU. ha aminorado su actitud agresiva hacia la RPDC, no deja de amenazarla de vez en cuando, provocando que el Norte responda que puede reanudar su programa de “máxima presión y compromiso’”, mediante el cual pretende acelerar al máximo el programa para reforzar su disuasión nuclear.

En fin, Corea del Sur es el eslabón más débil de la disputa, y la protección que le ha ofrecido Washington durante décadas comienza a volverse en contra, dados los matices de la nueva Administración de EE.UU., que no ha tenido en cuenta que la popularidad del mandatario surcoreano y el apoyo que recibe de militares de alto nivel le ha ayudado a poner el freno a esa política de sumisión al Pentágono, y hasta rechazado la exigencia de Trump a Seúl para que pague el sistema antimisiles que ha desplegado en su territorio.

Y es que Trump insiste en hacer pagar a sus aliados el precio de la presencia norteamericana, lo cual levantó ronchas en Corea del Sur.

Actitud mezquina e indecente con un país aliado, pero ¡qué se puede esperar de un mandatario como Donald Trump, quien llegó a afirmar erróneamente que Corea “solía ser parte de China”!

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