CRÍTICA DE CINE: Vacaciones

CRÍTICA DE CINE: Vacaciones
Fecha de publicación: 
18 Enero 2018
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Son noventa y nueve minutos que pasan como un pestañazo. Cuando la cinta se termina, deja tan solo un tormento: ya nunca más podrá verse por primera vez.

Reír importa en la vida. John Francis Daley y Jonathan M. Goldstein parecen saberlo. Incluso utilizan diálogos políticamente incorrectos, como aquellos que incluyen cuestionamientos a violadores y pervertidos, que ponen a un padre a hablar de cómo sería darle «un beso negro» a su hijo. Lo importante es recolectar risas. De todo público. A toda costa. Reír importa.

Los norteamericanos tuvieron en 1983 una película llamada Las vacaciones de una chiflada familia americana. La dirigió Harold Ramis y la protagonizó Chevy Chase. Fue un éxito increíble y, aunque Chase era un actor que hacía reír más que nada al público norteamericano, también generó buena acogida en el público internacional. Hasta el punto de que los que ven el remake que es Vacaciones extrañan al protagónico de los años ochenta, con el cual tenían una gran identificación.

El argumento de Vacaciones (2015): con el propósito de pasar tiempo de calidad con su familia, Rusty (Ed Helms) decide invitar a su esposa y dos hijos a viajar hasta el parque temático preferido de la familia estadounidense promedio: Walley World.

Por cierto. A pesar de que el público al que va dirigida la cinta es claramente la típica familia estadounidense, esa que cena a las seis de la tarde y que es adicta a los centros comerciales, el filme tiene un humor muy desprejuiciado, que se inserta perfectamente en cualquier tipo de público.

Pudiera parecer que la película es un gran cúmulo de gags y escenas hilarantes unidas a lo largo del filme, pero desde el inicio mismo de los créditos, la risa que todo provoca es tan rebosante y sincera, el tiempo de los chistes están tan perfectamente cronometrado, que no podemos menos que reverenciar el atino con que se ha realizado este remake.

Y una buena noticia: cuando puede el espectador parar de reírse, se da cuenta de que hay también una crítica a la sociedad norteamericana. Como, por ejemplo, la perfecta familia norteamericana que muy a menudo muestran las películas no es más que una fachada para esconder un infierno de desesperanza alrededor de una cultura donde se venera a los «ganadores»... lo que sea que esa palabra signifique.

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