MIRAR(NOS): A conciencia

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MIRAR(NOS): A conciencia
Fecha de publicación: 
13 Enero 2017
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Si me lo hubiera dicho otra persona pondría en tela de juicio la veracidad. Tampoco hubiera escrito nada al respecto, por las dudas supongo. La cercanía con la fuente se encargó de brindarme alguna especie de garantía.

 

No conoce el mar. A estas alturas, ya es probable que se quede sin verlo. ¿La razón? Muy simple a decir verdad. Es la abuela de alguien más. Su edad no resulta compatible con emociones por aprender o mirar algo, nada en absoluto capta el interés. Debe pensar que lo ha visto todo.

 

Para ella el mar debe ser algo de lo más parecido a un río. Porque no lo ha visto en persona nadie podrá explicarle de la inmensidad del azul cuando en la distancia se mezcla con el cielo… nadie podrá hacerla sentir la arena caliente en los dedos de sus pies. Hay que vivir esas cosas, pienso mientras lo escribo y sigue sonando mejor en mi cabeza… más o menos en la parte de mi cerebro que mezcla recuerdos con sensaciones.

 

En la televisión se lo han acercado, pero no es suficiente. Las imágenes televisadas son, sin dudas, la interpretación de otras personas. Nadie lo ignora. Entran a jugar las subjetividades de camarógrafos, directores… de muchas personas ajenas a uno mismo. Ellos no pueden captar lo que uno quiere ver cuando ve por vez primera.

 

Lo sé porque me pasó recientemente… durante el nacimiento de mi hijo. Me habían contado, los que ya habían pasado por experiencias similares. En un video tuve nociones precisas sobre la rutina a seguir en un salón de parto. El médico, amigo por demás, había conversado conmigo y yo pregunta que te pregunta, como si fuera a realizarlo todo sola, sin ayuda profesional. Nada estuvo tan cerca como la experiencia, será un recuerdo que me acompañará siempre.

 

De todos modos muchas otras personas eligen perderse cosas. Mientras el mundo pasa eligen encerrarse en caparazones hechos a su medida. No hay maldad ni alevosía en el temor a lo desconocido, no hay nada mediocre en la conformidad. Pasa que no es justo que conozcamos la luz y la escondamos debajo de un libro.

 

Tengo una amiga que literalmente se negaba a entregarse en cuerpo y alma a ninguna relación. Demasiado sufrimiento implícito, suponía desde lejos porque su terror no estaba cimentado en alguna experiencia previa. Algunos meses después, el nuevo vínculo y los sentimientos con los que lidia ella, no podría decirles que la han librado de dolor. El amor también duele, aunque sea una elección. Pocos quieren quedarse sin experimentar sus sinsabores, no saben que vendrán pero se lanzan en su búsqueda como algo muy serio, como una dulce herida que a conciencia deja cicatrices.

 

En la torpeza de mis años, en los experimentos que conceden privilegios postreros yo no he perdido los sueños. Justificaciones de todas las naturalezas ahora dibujarían para ustedes un final gris. Amo y conozco el mar a conciencia, por supuesto. Sin juzgar, si no lo conociera me gustaría al menos probarlo, que alguien me trajera un poquito de él en una cajita, ¡cómo si se pudiera!

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