MIRAR(NOS): Ulises, Aquiles y mi héroe personal

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MIRAR(NOS): Ulises, Aquiles y mi héroe personal
Fecha de publicación: 
6 Enero 2017
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Casi las tres de la mañana y mi hijo duerme, tranquilo sobre mi regazo, como si nada más fuera importante. Mentalmente apunto algunos detalles para luego reproducirlos sobre el documento en blanco. Les llega hoy, con pocas horas de atraso. Lo miro reparando en su rostro y deja entrever a intervalos «pucheros», como si estuviera a punto de llorar.

 

Pienso en el miedo y en las decepciones humanas, mientras procuro inventar para él un sueño feliz. Me conformaría si, al menos, pudiera salvarlo en los más tristes. Sin embargo, también he tenido sueños donde no siempre gano; algunas veces (por más que quisiera lo contrario) la derrota irrumpe en primera persona y se vuelve ella protagonista. Al despertar, descubro alegremente que nada sucedió y en la comprobación amanezco en la cama, feliz de estar viviendo el momento exacto que vivo.

 

Sentir temor es absolutamente natural, 100% humano. En una historia leí una vez de alguien que jamás lo había sentido. Al final del cuento, también terminó experimentándolo.

 

Puede ser, pienso, por la sencilla razón de que el miedo nos recuerda nuestra vulnerabilidad, y también porque nos hace encontrar fortalezas donde pensábamos que no estaban.

 

Ulises, por ejemplo, en medio de la tormenta ocasionada por Poseidón, es seguro que tembló hasta los huesos. La cólera de un dios hacía tambalear su embarcación, el dueño del mar en persona estaba en desacuerdo con su travesía.

 

Logró llegar a puerto, pero tarde al puerto seguro. No fue tan simple para él. Salía de una complicación y, literalmente, se metía en otra, casi todas las veces mucho más enrevesada que la anterior. Por poco pierde a su esposa, aunque comprobó la fidelidad de ella hasta las últimas consecuencias. Supongo que en ese instante el miedo fue mayor.

 

Las pruebas anteriores le habían curtido hasta para soportar la traición de los amigos, un daño del que cuesta recuperarse y salir completo. Será porque apostar a la bondad comprobada es mucho más fácil, será que se vuelve complicado sospechar como el villano de quien se dice amigo primero y se porta como tal, aunque fuere en un breve período de tiempo.

 

Históricamente hablando, uno se encuentra también el ejemplo de Aquiles. Advertido por su madre, decide de todos modos ir a Troya. Aun sabiendo que encontrará la muerte, se lanza a ella como si no hubiera más nada para apostar. Por alcanzar la gloria marcha al frente de los mirmidones. Hasta el siglo XXI han llegado nociones de su cólera ante la muerte de Patroclo, transfigurada luego en su ensañamiento con Héctor, príncipe troyano.

 

Mi hijo sueña, lo vigilo ahora en su cunita y paso esto en limpio. Les llega con algunas pocas horas de atraso. En la tranquilidad de la madrugada, procuro adivinar las imágenes que visualiza, sobre todo porque ahora, en lugar de gimotear, sonríe, y el único sonido emerge del teclado; obviamente no es, en absoluto, el responsable por su alegría.

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