CRÍTICA DE CINE: Harry Potter y las reliquias de la muerte (II)

CRÍTICA DE CINE: Harry Potter y las reliquias de la muerte (II)
Fecha de publicación: 
8 Noviembre 2016
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A la altura de la octava parte de la saga de Harry Potter, sucede algo que es comparable con la magia misma. Como mismo hemos visto crecer a Daniel Radcliffe, una generación entera se ha forjado con Harry Potter. Y los que no han crecido con el mago, lo han vivido, como el resto, por toda una década. Como La guerra de las galaxias, como la coca-cola y el iphone, Harry Potter se ha vuelto a estas alturas un signo cultural del mundo en que vivimos.

Y como ícono de la cultura universal que es, sus aventuras, comentarios y sucesos tienen connotaciones que quedarán vagando en la mente de muchos… por mucho tiempo. Por ejemplo, eso que Hermione le dijo a Harry en esta última parte. Es solo una frase, pero resume una de las principales moralejas de toda esta historia. No creo que sea una enseñanza explícita, y definitivamente no es de las más socorridas a la hora de hablar de esta historia de magia y hechiceros. Pero es sublime. Sencilla y contundente como el Patronus que salva a Harry de los dementores, una y otra vez.

Hermione (Emma Watson) le dice a Harry Potter (Daniel Radcliffe): «Tienes que aceptar quién eres de una buena vez». Harry se debate, para variar, entre lo que debe hacer y lo que no. Que si es el elegido, que si no lo es, que si debe o no luchar contra Lord Voldemort. Y viene Hermione y resume la clave de la felicidad en la vida.

Hay un filósofo alemán que me encanta que dijo una vez que todos los problemas de la humanidad se debían a que el ser humano era incapaz de estar sentado solo en una habitación oscura. O sea, sin nada que hacer, solo, enfrentado a sí mismo. Por eso, si Harry quiere vencer al peor enemigo que tendrá en su vida, debe primero aceptarse a sí mismo. No puede haber vencimiento en la vida, si no se parte de quiénes somos.

Volviendo a la cinta, en el caso de que divague: una de las cualidades por las que Harry se define es por su capacidad para la amistad. Entonces, decodificando a la Rowling, primero está el conocimiento de sí mismo y su consiguiente aceptación; luego está la amistad y el amor, o sea, el apoyo de Los Otros a eso que somos.

De ahí que Harry Potter gane la batalla y Voldemort la pierda. Porque tenía razón Dumbledore cuando decía que hay cosas peores que la muerte.

Harry Potter y las reliquias de la muerte (II) es la cuarta película más taquillera de todos los tiempos, con una recaudación de 1 130 millones de dólares en todo el mundo. Es que nada más a un día del lanzamiento del libro que luego inspiraría el filme, se vendieron once millones de copias en noventa y tres países diferentes.

Aunque esta parte de la saga no tiene demasiado humor —cada vez más la Rowling se centra en hacer madurar a sus personajes y a su historia—, fue hilarante ver a Helena Bonham Carter imitando los gestos de Emma Watson cuando se toma la poción multijugos, que cambia la apariencia de las personas. El humor de otras entregas se cambia en esta ocasión por muchos efectos especiales, muy bien logrados, y por una cierta nostalgia que desde la primera escena provoca saber que la última parte de las aventuras de Harry Potter…

Quisiera agregar algo: una concientización: la escritora inglesa J.K. Rowling es uno de los escasísimos personajes de relevancia internacional que no lo es por estar implicada en asuntos políticos, económicos o bélicos, ni por revelar escandalosas intimidades propias o ajenas, ni por llevar a la ruina a su gente o a su país. Simplemente lo es por haber recreado —y regalado a la cultura universal— un mundo pletórico en imaginación. No es poca cosa en los tiempos —oscuros— que corren.

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