Cruzada republicana contra Washington

Cruzada republicana contra Washington
Fecha de publicación: 
19 Febrero 2012
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Los republicanos están en guerra con Washington. Los programas electorales de los cuatro candidatos en liza incluyen medidas de austeridad para combatir la crisis y el déficit: recorte de gastos, recorte de ingresos, reducir el papel del Gobierno federal y dejar que actúe el libre mercado. Y eso pese a que muchos de sus electores dependen de las ayudas del Estado. Los republicanos han hecho del déficit de Washington una cruzada. Las propuestas no varían mucho entre los diversos candidatos que culpan a la capital de todos los males. Los conservadores piden que se simplifique el código fiscal y se desgrave a los más ricos porque crean riqueza para todos.

Lo decía Rick Santorum, el exsenador de Pensilvania y favorito del Tea Party, el pasado jueves al presentar su plan en el Club Económico de Detroit "donde se celebra el éxito".

Santorum se opone a cualquier tipo de injerencia gubernamental. Estaba en contra del TARP, el programa de rescate y recompra de activos tóxicos a los bancos aprobado justo después de la crisis (Romney está a favor). También está en contra, recordó en Detroit (la capital del motor), del plan que sacó a la industria automovilística de la crisis que, según él, "se hubiera resuelto, sin duda de forma distinta pero no peor, si el mercado hubiera actuado libremente". El presidente Bush "sentó un peligroso precedente y es un precedente equivocado", decía Santorum, que lidera los sondeos de las primarias conservadoras. "Obama lo está siguiendo".

Romney propone mantener los descuentos de Bush a la franja más adinerada; eliminar los impuestos sobre las herencias y reducir la presión fiscal de las empresas. Según los cálculos del Tax Policy Center, un centro de análisis independiente que ha desmenuzado las propuestas conservadoras, las ideas de Romney beneficiarían sobre todo a los que ingresan más de un millón de dólares al año (precisamente a los que Obama quiere subir los impuestos).

Romney, el candidato más rico de los que compiten por la nominación (se estima su fortuna en unos 200 millones de dólares) se beneficia del actual sistema. Según su declaración de Hacienda, él y su mujer Ann ganaron 27 millones de dólares en 2010, procedentes en su mayor parte de dividendos de sus inversiones, pero sólo pagaron un 13,9% en impuestos, el equivalente a lo que pagaría una familia normal con unos ingresos de 80.000 dólares al año.

Muchos economistas dudan del efecto de las medidas republicanas. "Con los presidentes Reagan y Bush se redujeron los impuestos pero los gastos aumentaron. Sólo se redujeron cuando el presidente Clinton y el Congreso aumentaron la presión fiscal", dice William Gale, economista del Brookings Institute.

Los propios republicanos se han dado cuenta de que ser el partido del "no" puede ser un peligro. Esta semana, en un repliegue táctico para quitarse el tema de encima, cedieron ante los demócratas al acordar prolongar un descuento porcentual en las contribuciones sociales (el llamado payroll tax) y los subsidios a los parados de larga duración (unos 300 dólares al mes), medidas que los conservadores habían luchado por derogar. Los descuentos, que debían expirar el próximo 29 de febrero pero se han prolongado, afectan a 160 millones de estadounidenses que recibirán unos mil dólares más al año (lo que a su vez debería inyectar 100.000 millones suplementarios en la economía, según los cálculos de la Casa Blanca).

Santorum, el más conservador de los cuatro candidatos, propone reforzar la familia como unidad económica para amparar al individuo de la intrusión gubernamental y "fortalecer las ayudas de las organizaciones caritativas y de la Iglesia" para evitar recurrir a Washington. Newt Gingrich, por su parte, ha calificado las ayudas sociales de "telaraña" que atrapa en sus redes a los más necesitados en el "narcótico de la dependencia". En vez de asistirles, decía Santorum, "hay que construir una escalera hacia el éxito".

Pero el ascensor social está un poco atascado. Los malos tiempos económicos han creado un tremendo dilema para las clases medias conservadoras que aceptan la ayuda del Gobierno para hacer frente a la crisis y la pérdida de poder adquisitivo pero al mismo tiempo culpan a Washington de mantenerles en una situación de dependencia.

La mitad de las familias estadounidenses recibe algún tipo de ayuda del Gobierno federal, incluso las que votan al Tea Party. Sólo eran 37% en 1998, ahora ya es el 48,5%. Las ayudas incluyen cobertura médica, jubilaciones e incluso vales de comida (food stamps) que llegan a 46 millones de personas (en Washington, una quinta parte de la población recibe este subsidio).

La incidencia en el panorama político es sorprendente. Según publicaba la semana pasada The New York Times, Dean Lacy, un politólogo de la Universidad de Dartmouth, ha averiguado que el respaldo a los políticos conservadores ha crecido desde 1980 en estados donde el Gobierno federal gastaba más que recaudaba.

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