En Matanzas, cocodrilos de todos los tamaños

Solapas principales

En Matanzas, cocodrilos de todos los tamaños
Fecha de publicación: 
27 Noviembre 2014
0
Imagen principal: 

Sí, es cierto que en uno de los mayores humedales del Caribe, la Ciénaga de Zapata, se puede encontrar una reserva ecológica en la que destacan estos reptiles entre otras especies animales y allí, sin dudas, el visitante puede ver cocodrilos grandes, medianos y pequeños.

Víctor MesaTambién en las calles, las casas, los carros, las bicicletas, las escuelas, los centros de trabajo, en cualquier espacio de la provincia de Matanzas, aparecen cocodrilos a las más diversas escalas, vestidos de rojo o al natural, con bates o sin ellos, en pegatinas medio sofisticadas, carteles absolutamente rústicos y hasta en formato tridimensional.

Sin embargo, no me refiero a ninguna de esas válidas interpretaciones en el titular de este texto, sino a los matanceros que, de todas las edades, se sienten “cocodrilísimos”. Los niños yumurinos también han ganado en identidad y motivación con este renacer que hace un par de años tiene alborotada a la tierra de Martín Dihigo.

Aficionaditos con grandes convicciones…

Hay de todo, desde Javi, que a sus tres años solo alcanza a explicar que le gustan más “los cocodrilos que los leones”, mientras su mami se vale de todo tipo de artilugios para mantenerlo frente al televisor durante nueve inning: mira, el muchacho va a batear; vigila si a aquel se le cae la pelota; ay, cómo corre este otro…

Gabriela tiene cuatro años y opina con mucha seguridad que “el mejor es Yadier Hernández”; sin terminar el círculo infantil tiene pelotero preferido y exige que la lleven al estadio a ver los juegos, con todo y gorra, para apoyar al equipo y hacer lo imposible por saludar a Yadier.

Amanda Sofía, en pleno grado preescolar, se enfrenta a un profundo dilema ético: su abuela es matancera, pero vive en la capital, así que tuvo que llamarla por teléfono y poner los puntos sobre las íes: “abuela, ¿tú quieres que gane Matanzas o Industriales?” Afortunadamente la respuesta fue a favor de los cocodrilos y pudo estar tranquila.

Pioneros en el Estadio Victoria de Girón
Una escena de peñas y ligas “de mayores”

En casi todas las calles cocodrilitos un poco mayores, desde siete y hasta once o doce años, juegan sus propios partidos de béisbol, asumen la identidad de sus peloteros preferidos y, aleluya, casi siempre son cubanos, matanceros, no necesitan echarle mano a nombres extranjeros, pues cuentan con ídolos locales, que pueden ser vecinos, amigos de sus padres y hermanos, nacidos, crecidos y formados en realidades muy similares a la suya y que, por tanto, les recuerdan que ellos también pueden lograrlo.

Allí mismo, discuten con argumentos cuál debería ser la alineación ideal, si ponen a jugar a Víctor Víctor o a Guillermo Heredia, debaten “los numeritos” con sapiencia y aseguran que “digan lo que digan, Víctor Mesa es el mejor”. Así, en sus propios términos, alardean por estos días sobre el average de Moreira en los Centroamericanos y las impulsadas de Yadier, y se cuestionan la ausencia de otros matanceros que, según ellos, “podían hacer el Cuba”.

Niños matanceros jugando pelota en la calle...
No falta, claro, la contraparte; por ejemplo, David, que es “industrialista de nacimiento y fanático a Mayeta y a Frank Camilo”, esta es la parte en que el debate se pone más candente, pero, sabios los niños, tienden al consenso con más facilidad que los adultos y termina el mayoritario bando de los cocodrilos reconociendo que “en estos momentos Frank Camilo es el mejor cátcher de Cuba, que Mayeta es tremendo bateador y buena gente” (lo saben de buena tinta, porque a ellos mismos les firmó con mucho gusto una pelota hace un par de años). Por su parte, David confiesa que mientras no juegan contra Industriales, él le va a Matanzas.

La “cosa nostra” de los cocodrilos

Es una suerte de cofradía, un complot en el que participa toda la familia, algo que hace mucho no veía con tanta fuerza entre mis coterráneos: los padres se llevan a la prole al estadio, sea cual sea la hora del juego y la edad del niño; las madres sacrifican la novela, si hay transmisión televisiva, y las abuelas cosen uniformes con el número 32…

 

alt

Niña en el estadio con sus padres
No digo que sean todos los hogares, no absolutizo, pero que son la mayoría, lo aseguro, y que los niños ganan en este gran juego invisible, también lo afirmo: más tiempo, temas e intereses en común con sus padres, mayor sentido de pertenencia, orgullo por su origen, ejercicio del criterio y ejercicio físico, al aire libre sin mouse o mandos mediante, con los cinco sentidos en acción. Un gran home run con las bases llenas para el béisbol matancero y para todos los que lo han impulsado…

alt

alt

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.
CAPTCHA de imagen
Introduzca los caracteres mostrados en la imagen.

Galería de imágenes

La Opinión Gráfica

Video