Los costos sociales del capitalismo

Los costos sociales del capitalismo
Fecha de publicación: 
3 Junio 2013
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Cuando era estudiante de posgrado en ciencias económicas, el costo social del capitalismo era un asunto serio en la teoría económica. Desde ese entonces, los costos sociales del capitalismo han aumentado, pero el tema no parece inquietar aún la profesión económica.

Los costos sociales son costos de producción que no son inherentes al productor o que se incluyen en el precio del producto. Existen varios ejemplos clásicos: la contaminación del aire, el agua, los suelos —por la explotación minera—, la fracturación hidráulica, la exploración petrolífera y derrames de tuberías, el cultivo de fertilizantes químicos, transgénicos, pesticidas, la radioactividad generada por accidentes nucleares y la contaminación de los alimentos a causa de hormonas artificiales y antibióticos.

Algunos economistas consideran que se puede lidiar con estos costos sociales por derechos de propiedad bien definidos. Otros piensan que algunos gobiernos benevolentes controlan los costos sociales en interés de la sociedad.

La globalización ha traído consigo nuevos costos sociales. Para los países desarrollados, dichos costos son el desempleo, la pérdida de ingresos de los consumidores, la base tributaria y el crecimiento del PIB, así como el alza en el déficit comercial y por cuenta corriente por la dislocación de los servicios profesionales de trabajo comerciable y de manufacturación. El creciente déficit comercial y por cuenta corriente puede resultar en una caída del valor de cambio de la moneda y aumentar así la inflación de los precios de importación. Para los países subdesarrollados, los costos son la perdida de la autosuficiencia y la transformación de la agricultura un monocultivos para alimentar las necesidades de las corporaciones internacionales.

Los economistas son ajenos a esta nueva epidemia de costos sociales, porque creen erróneamente que la globalización es libre comercio y que el libre comercio es siempre beneficioso.

Los economistas tampoco están al tanto de los costos sociales de la desregulación. La actual crisis financiera que requiere de subvenciones públicas masivas a los “bancos demasiado importantes para caer” es un costo social resultante de los gobiernos con capacidad de presión sobre Wall Street para desregular el sistema financiero mediante la derogación de la Ley Glass-Steagall, al eliminar los límites a la posición de los especuladores. Los costos sociales del éxito de la presión corporativa son enormes. Pero los economistas que creen que los mercados se autoregulan imaginan que se ha producido un enorme aumento en la eficiencia, no costos sociales masivos.

A fin de mantener el sistema financiero desregulado a flote, La Reserva Federal ha monetizado billones de dólares de deuda en los últimos años. Las tasas de interés reales han sido impulsadas ​​en territorio negativo. Los jubilados no están en condiciones de ganar ningún ingreso por intereses sobre sus ahorros y tienen que reducir sus gastos para la subsistencia.

La liquidez inyectada a los mercados financieros por la política de flexibilización cuantitativa de la Reserva Federal ha provocado enormes bonos y grandes burbujas de mercado.

Considere solo un ejemplo de los costos sociales de la dislocación laboral. Cuando las empresas estadounidenses producen los bienes y servicios que se comercializan a los estadounidenses, los bienes y servicios que fluyen hacia los EE.UU llegan como importaciones. Por tanto, el déficit comercial crece dólar por dólar.

El déficit comercial significa que los EE.UU. han importado más de lo que han ganado en divisas extranjeras por medio de la exportación. Para la mayoría de los países esto sería un problema, pero no para los estadounidenses.

El dólar de EE.UU. es la moneda de reserva mundial, lo que significa que es el medio de pago internacional y que los bancos centrales extranjeros tienen dólares como reserva para asegurar los valores de sus propias monedas.

Con el paso del tiempo, esta ventaja se convierte en una desventaja porque los extranjeros utilizarían los dólares obtenidos en sus excedentes comerciales para comprar los activos generadores de ingresos estadounidenses. Ellos compran bonos del Tesoro estadounidense y los bonos corporativos de Estados Unidos, y los ingresos por concepto de interés se van del país. Ellos compran empresas estadounidenses, y los beneficios, dividendos y ganancias de capital salen del país. Ellos arriendan los parquímetros de Chicago y autopistas estadounidenses, y el flujo de los ingresos vuela lejos del país.

El enorme flujo de salida de los ingresos crea un gran déficit por cuenta corriente para los EE.UU., lo que significa que los extranjeros tienen aún más excedentes de dólares con los que compran más activos de Estados Unidos. En otras palabras, un déficit comercial crónico es una forma de reorientar los ingresos y beneficios de un país en manos de extranjeros.

La propiedad de un país pasa de sus ciudadanos a los extranjeros. Según la Reuters, las compañías extranjeras eran propietarias del 1.3 % de todos los activos corporativos estadounidenses en 1971.

En 2008, los extranjeros poseían el 14.2 % de todas las industrias de EE.UU., que incluyen el 21,5 % de la minería, el 25% de la industria manufacturera, el 30,2% del comercio mayorista, 12% de las industrias de la información, el 12% de los bienes inmuebles, el 15% de las finanzas y los seguros, el 25% de servicios profesionales, científicos y técnicos, el 11% de entretenimiento y recreación y el 11% de los servicios de alojamiento y alimentación, de acuerdo con un informe de Economy in Crisis.

Muchas marcas estadounidenses famosas ahora son empresas propiedad de extranjeros.

Budweiser pertenece a una empresa holandesa. Alka Seltzer pertenece a una empresa alemana.

Firestone pertenece a una empresa japonesa. La revistas Car and Driver y Woman´s day son propiedad de una empresa francesa. Gerber baby food y Purina dog food pertenecen a empresas suizas. Hellman´s Mayonnaise y Ben & Jerry´s ice cream pertenecen a empresas del Reino Unido. Muchas antiguas compañías de EE.UU ahora son propiedad de extranjeros como consecuencia del déficit comercial.

La política de perseguir costos laborales más bajos en el extranjero, es decir, la búsqueda de la ventaja absoluta, la antítesis de la ventaja comparativa que es la base del libre comercio, es la reorientación de las ganancias de Estados Unidos, ganancias de capital, rentas, intereses, parquímetros y tarifas de autopistas de peaje en manos extranjeras.

Pero no espere que los economistas convencionales presten atención a esta situación. Ellos siguen encerados sobre las ventajas de la globalización de una Nueva Economía de alto desempleo y bajos salarios, crisis financiera y erosión del dólar.

Paul Craig Roberts fue Secretario Asistente del Tesoro de EE.UU. y editor asociado del Wall Street Journal.

Traducidor por Sergio A. Paneque Díaz / Cubasi

Fuente: http://www.counterpunch.org/2013/05/31/the-social-costs-of-capitalism/

Comentarios

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