Educación: Sacar cuentas y no solo para Matemática

Educación: Sacar cuentas y no solo para Matemática
Fecha de publicación: 
4 Mayo 2013
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Hasta hace unos años, no era usual que al referirse a la temática educacional, se abordara con la conveniente profundidad una arista que no por haberse mantenido en las últimas páginas resulta menos importante: su repercusión económica.

Sin embargo, como una evidencia más de los nuevos tiempos que animan el tic tac del reloj cubano, en el Seminario Nacional que ahora transcurre en La Habana para preparar el próximo curso escolar, ese es uno de los tópicos de la agenda.

La ministra de Educación, Ena Elsa Velázquez Cobiella, recordaba ayer al inaugurar la reunión que la pertinencia de analizar la planificación y organización económica en la actividad educativa se corresponde con la exhortación de elevar la cultura económica contenida en los Lineamientos derivados del Congreso del Partido.

A propósito de la implicación que estos enfoques pueden tener para las arcas del país, por la altísima repercusión económica de ese quehacer y también por  la importancia educativa que tiene conocer al detalle cuánto cuesta cada recurso, Velásquez convocaba a que en los debates “no deben faltar interrogantes de gran repercusión educativa como ¿cuánto le cuesta a la Revolución adquirir un laboratorio?, ¿cuánto se encarecen los esfuerzos educacionales cuando no se cumplen planes de ingreso, o cuándo se producen bajas? Todo está concatenado. De ahí la importancia de elevar la cultura económica y la cultura pedagógica como partes de un todo”.

Las asignaciones del presupuesto al quehacer educacional confirman no solo cuánta prioridad confiere Cuba a esta tarea sino también la necesidad del ahorro y cuidado de los recursos y medios en función de la dinámica escolar.

Al mismo tiempo, porque todo se relaciona, los grandes desembolsos que implica este sector presupuestado, hablan de la eficiencia y eficacia que debe alcanzar la actividad de educar para ser coherente con tanta inversión. En ese sentido, se exhorta ahora, una vez más, a los cuadros educacionales, que es a quienes va dirigido el seminario, a elevar su cultura económica, a la importancia de la planificación económica también como un instrumento de dirección.

La relevancia de este llamado podría comprenderse mejor si, por ejemplo, se tiene en cuenta que en los últimos cinco años, el quehacer educacional ha representado, como promedio, un 27 por ciento de los gastos corrientes totales de la sociedad. En ello queda incluido, entre muchos otros rubros, los altos niveles de producción cada año de libros de texto, la merienda escolar para Secundaria, el mantenimiento constructivo de las instalaciones, así como el pago de salario a los docentes, que constituyen uno de los sector más numerosos del país, y fue objeto de un incremento salarial a mediados de 2009.

Ha sido consenso de los análisis que, aun cuando en los tres últimos años se ha avanzado en el control y uso del presupuesto y va ganándose en la saludable práctica de la previsión y de asociar gastos con resultados, aun no resulta suficiente lo conseguido en ese camino. Hace falta más intencionalidad, apuntaba la propia ministra, en el ahorro y conservación de los recursos, así como al vincular los indicadores que miden el costo de formación de los educandos con los de eficacia del proceso académico: eficiencia del ciclo, por ciento de retención y cobertura docente.

“No se ha logrado –comentaba Ena Elsa- la imprescindible integración entre las áreas docentes y económico-administrativas, lo que afecta alcanzar una mayor coherencia del proceso de planificación y control del presupuesto”.

Sin embargo, que temáticas como esta queden incluidas, y no por primera vez, en un seminario para educadores, indica que la economía se renueva y sacude de lastres paternalistas.

Quizás no esté demasiado lejos el momento en que, a partir de un buen conocimiento de las inversiones, de los gastos, y de todos los indicadores que giran en torno a la hermosa y noble misión de educar, los colectivos pedagógicos dejen de ver el componente económico como algo exclusivo de especialistas y lo incorporen  como un componente de la cultura de todo educador cubano.

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