Guatemala: Perro viejo odiado

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Guatemala: Perro viejo odiado
Fecha de publicación: 
27 Febrero 2021
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Alejandro Giammattei, apodado por muchos «perro viejo», de la formación Vamos, llegó de carambola hace poco más de un año a la presidencia de Guatemala, sin tener muchas simpatías, y más cuando expresiones personales, acompañadas de acciones, recordaban al fenecido presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Toda una amalgama de aspirantes presidenciales de derecha derrotados en la primera vuelta, lo incluyó en una coalición para vencer a Sandra Torres, exesposa del expresidente Álvaro Colom, con el fin de evitar que pusiera en práctica una política de corte socialdemócrata, además de tener antecedentes de simpatías hacia los procesos venezolano y cubano.

De ahí que se acentuara una propaganda feroz contra la aspirante, además de que luego se conoció —pero nada se hizo— que «cédulas volanderas», en gran cantidad, favorecieron al hoy mandatario.  

Ello recordó la coalición de contrarios a Torres que favoreció en el 2015 a Jimmy Morales, quien desató también una campaña de descrédito contra su opositora, que hizo mella en las zonas urbanas.

Este perro vejo en política, siempre derrotado, aprovechó las ínfulas de su espuria victoria para escaldar a Guatemala.

El régimen de Giammattei endeudó a la nación en unos 30 000 millones de dólares con las entidades financieras internacionales, entregó las empresas públicas a manos privadas, eliminó deudas de la oligarquía local y hasta la segunda quincena de febrero no había comprado ni una vacuna ni hecho gestión valedera para enfrentar la epidemia del nuevo coronavirus, que causa muerte y desolación en la población guatemalteca.

A ello se añade que ha criminalizado las manifestaciones populares en su contra, ordenando la más abierta represión contra estas demostraciones, sin importar su sesgo pacífico, y ha hecho oídos sordos a las reclamaciones populares para que dimita, junto con los responsables de la Fiscalía y parlamentarios cómplices en el robo del erario público.

Nada nuevo es que Guatemala convulsione en medio de problemas de extrema violencia que ya se producían en la mala gestión de Morales, con el asesinato de líderes comunitarios, pertenecientes al Comité de Desarrollo Campesino (CODECA) y el Comité Campesino del Altiplano (CCDA).     

Los intereses comunes que tenían las víctimas mortales eran la lucha por el acceso a la tierra, por la nacionalización de la energía eléctrica y contra los desalojos que se realizan en áreas rurales del país.

Los asesinatos reviven el recuerdo de las masacres ocurridas en 1983, cuando campesinos e indígenas de comunidades enteras eran perseguidos y asesinados por vincularse a los grupos insurgentes, hechos que dejaron como resultado más de 200 000 muertos y desaparecidos.

Otros líderes comunitarios que han expresado su rechazo a las actividades extractivas y se han opuesto a la construcción de hidroeléctricas en comunidades indígenas, han sido apresados por varios meses, sin que se llegue a un juicio o sentencia.

Esto se sigue agravando con un presidente con falta de conocimiento político y su maledicencia a lo que conlleve al progreso para la nación, lo cual se corresponde con su incapacidad para tratar de forma adecuada los problemas estructurales del país, que agrava los ya mencionados problemas de corrupción, el abandono a la salud pública y una pobreza que llega al hambre en zonas con vastísimos recursos agrícolas.

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