¿Quién puede con Trump?

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¿Quién puede con Trump?

Hablamos de Trump como figura cimera, pero es solo la cara visible de un engendro aún mayor. Más locos que él están su séquito, sus secuaces, sus asesores, quienes escuchan y ejecutan sus barbaridades.
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Retrato de Donald Trump divulgado en sus RRSS en 2025

Imagen tomada de Internet

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CubaSí

Todas las previsiones se quedaron cortas con relación al universo Trump, nada de tiempo futuro siempre será mejor, sino que lo peor está por llegar de mantenerse el escenario tal cual con rienda suelta, sin pare para quienes manejan los hilos del actual mapa geopolítico del planeta.

Y no es un pensamiento dramático shakespeariano, es lo que aprendemos cada día que se mantiene en el poder de la primera potencia mundial, Estados Unidos. Sí, al hacer el balance de 2025 creímos haber visto demasiado en menos de un año de mandato. Sin embargo, recién estrenado 2026 supimos que Donald Trump no es tan pamplinoso y sí está bastante loco, por tanto hay que escucharlo porque lo que nos pareció bravuconería terminó siendo el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, una muestra muy descarada de injerencia a la vista de todos más el asesinato de cientos de personas con impunidad total. No sucede nada, el mundo continúa su curso y Trump hace y deshace a su antojo.

No obstante, aunque insuficiente, cada vez más pareciera que se gana el desafecto de muchos porque la verdad es que su falta de cordura no tiene paragón y su ambición de omnipotencia es tal que  tiene las ideas más descabelladas como esas de cambiarle el nombre al Golfo de México, porque sí, y anexarse territorios o países como Groenlandia, porque también.

Pareciera que el mundo es un circo que dos o tres manejan a su antojo para llevarlo hacia el punto exacto donde lo quieren, no importa si es con presión, si es inmiscuyéndose fuera de su jurisdicción, tampoco relevante con qué método, si se manchan de sangre, si calumnian, si enfrentan a unos con otros y provocan una guerra mundial, si acaban con la naturaleza. Nada de eso interesa si el resultado es la meta deseada.

Hablamos de Trump como figura cimera, pero es solo la cara visible de un engendro aún mayor. Más chiflados que él están su séquito, sus secuaces, sus asesores, quienes escuchan y ejecutan sus barbaridades y no le dicen “señor presidente, recapitule, mire cuánto tiene que hacer por su país sin mirar afuera, intente llevarse bien con el mundo, no quiera pasar a la historia como payaso temible”. No, están todos los que azuzan para que haga justo lo que hace. Nadie le censura una publicación de burla ni le modifica un discurso racista, nazista, clasista, machista, xenófobo. Ríen como si fuera un show.

¿Quién puede tumbar a Trump de ese trono infalible? ¿Alguien? Ya que damos por hecho su total irrespeto a leyes y a todo sentido de lógica de comportamiento, ¿existirá alguna manera de corregirlo, de limitar su poder, de desviar su atención? ¿Cómo es posible que hasta ahora no haya juzgado u organización que, al menos, ponga cota a sus deseos descabellados y que no quede en sentencia engavetada sino que sea efectivo? Claro, por eso se siente libre de actuar como pirata, bufón, ludópata en tiempo real y tanto más.

Hay que temerle, tener en cuenta sus amenazas, seguir sus parrafadas porque aunque parezcan berrinche infantil, siempre habrá dispuestos a cumplir sus antojos.

Muchos concuerdan con que este revoltijo de acciones promovidas es parte de un plan para tapar el escándalo mayor que envuelve a Trump y del que a cada rato son publicados archivos que lo vinculan con el caso Jeffrey Epstein, sin que tampoco encuentre escarmiento, al contrario, pareciera orgulloso, no sé. Pero si la intención es desviar la mirada, se le va la mano.

Ya no basta con jugar a ser Dios, con que siempre encuentre el modo de salir airoso mientras los estragos marcan a la humanidad. No obstante, pareciera que ahora el rechazo popular es potente y en ocasiones creemos que sí, que esta vez el mundo encontrará la vía para hacer justicia.

Aunque tibio o escaso y otras veces con fuerza temporal, pero vemos detractores en todos los niveles, desde gente común de su propio país que salen a las calles y a las RRSS, medios de prensa influyentes; incluso el sector artístico, que no está tan enajenado ni en una burbuja, recientemente demostró estar a favor de la campaña anti Trump por muchos motivos.

Recordemos la 68ª ceremonia de los Premios Grammy que hace pocos días tuvo lugar en la mismísima ciudad de Los Ángeles en Estados Unidos. Desde su maestro de ceremonias, el comediante Trevor Noah, y reconocidos del gremio como Billie Elish, Bad Bunny, Olivia Dean, Becky G, entre otros, posicionaron mensajes de desafecto, unos directos, otros subliminales. Y como este muchos ejemplos más. Lo llamativo es que proliferan en escenarios que usualmente no son políticos.

¿Hay esperanza de correctivo, de vivir en paz, de que sean respetados los derechos fundamentales de países, gobiernos, poblaciones? No sabemos si aparecerá una fuerza mayor antes de enero de 2029, si para entonces tendremos planeta, si la tensión política no hará que estallemos en mil pedazos de una vez, pero ojalá se cumpla la profecía de aquel refrán popular "no hay mal que dure cien años".