Bukele, desteñido
Marco Rubio y Nayib Bukele en El Salvador.Imagen: Mark Schiefelbein/AFP
“En Cuba no se ven niños durmiendo en las calles, como se ven incluso en Paris”, dijo cuando era candidato presidencial el hoy mandatario salvadoreño, Nayib Bukele, quien incluso puso como un ejemplo para todos el sistema de salud de la mayor de las Antillas. Ahora, bajo el auspicio de su colega norteamericano, Donald Trump, y en franco maridaje con el canciller trumpista, Marco Rubio, no se acuerda de lo bueno de Cuba, la critica -olvidando su prédica contra el bloqueo- y miente alevosamente sobre la figura del Che.
Sin necesidad alguna y fuera de todo contexto, Bukele ha hecho críticas contra el sistema de gobierno de Cuba, bien porque el imperio se lo ha exigido o porque él se ha ofrecido.
Bukele, en la colocación de la primera piedra del aeropuerto El Pacífico, en el oriente del país, dijo a los invitados que quiere convertir a El Salvador en “un país libre, pero no como los países que ellos admiran, sus referentes (refiriéndose a la izquierda). Allí no hay libertad, ni hay pollo. No se puede encontrar una pieza de pollo en toda Cuba”, dijo.
Antes, en la reunión de las familias empresarias más ricas de América Latina, dijo: “Nosotros queremos construir un país que sea atractivo, competitivo, pujante. Que de aquí a diez años nos parezcamos más a Emiratos Árabes Unidos o Singapur, y no a Cuba”, ocultando los efectos del bloqueo estadounidense al pueblo cubano.
Asimismo, “la izquierda se ha apoderado de banderas como sacar de la pobreza a la gente. Es mentira, nunca lo ha hecho. Para lo único que ha sido buena la izquierda es para crear pobres, olvidando que en sus cinco años de gobernanza la pobreza aumentó en 3,48%. Hasta el 2024 los pobres sumaban un millón 289 405.
A los pobres se les persigue en los centros históricos de los municipios, comenzando por la capital, donde a lo más que pueden aspirar es a convertirse en vendedores ambulantes, aumentando los índices de pobreza. Así ocurrió durante la exitosa gira de la buena artista colombiana Shakira, que dejó un saldo favorable de 120 millones de dólares, los cuales, se afirmó, serán dedicados a mejorar las condiciones sanitarias.
En este contexto, se recuerda que el anterior gobierno de Sánchez Cerén dejó más de seis millones de dólares para la construcción de un hospital, que nunca se realizó, pero sí se erigió una megacárcel en menos de 12 meses.
¿MÁS POPULAR QUE PACHITO ECHÉ?
Aunque no combatió las causas de la delincuencia y sí las consecuencias, la política de mano dura de Bukele, con períodos de excepción que aún perduran, logró virtualmente acabar con el mal, aliviando a una sufrida población que lo apoya en alrededor del 90%, reconocido por sus oponentes, quienes dudan en derrotarlo si se postula para un tercer mandato.
Tal popularidad comparable al del antioqueño Pachito Eché -tal como lo recogieron Benny Moré y la orquesta de Dámaso Pérez Prado- le ayudó a violar las reglas de convivencia que, unidos a un poder judicial y un legislativo favorables, hizo fortalecer su idilio con Trump y su principal escolta, el miamense Marco Rubio, de lamentable origen cubano.
Recuerdo aún aquella imagen idílica del mandatario con el odiador recostados en una baranda del palacio presidencial, tras lo cual -no sé si idea de Bukele o Rubio- este declaró a la prensa que "ningún país nos ha hecho una oferta de amistad como esta", aludiendo al acuerdo alcanzado, según el cual El Salvador acogerá de vuelta a sus ciudadanos indocumentados en EE.UU., además de a migrantes convictos de diversas nacionalidades, como los del Tren de Aragua, así como a criminales estadounidenses.
El propio Bukele informó que pone a disposición para este fin el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), la antes mencionada polémica megacárcel de máxima seguridad, que tiene una capacidad para 40 000 presidiarios, pero que ha seguido creciendo y ya alberga a 100 000, sin contar a unos 10 000 excarcelados, a quienes no les encontraron que hubieran delinquido, a cambio de una cifra irrisoria de siete millones de dólares, que no hacen sostenible el sistema penitenciario de El Salvador.
La tarifa, ¿es una contraprestación exclusivamente económica? ¿Qué detalles se esconden tras las palabras de amistad entre Rubio y Bukele?
José Marinero, abogado y especialista en políticas públicas, recuerda que en Estados Unidos hay cabecillas de la pandilla MS-13 que están siendo procesados por casos que podrían tener implicación con la tregua que, según investigaciones de medios locales, negoció en su día el gobierno de Bukele con las pandillas MS-13 y Calle 18.
“Logrando su deportación, El Salvador retomaría el control sobre personas que, "ante un juez, podrían exponer evidencia que compruebe que el gobierno salvadoreño ya con Bukele, negoció y acordó tratos con las pandillas”, dijo Marinero a la agencia noticiosa alemana Deutsche Welle.
Otra posible contraprestación sería un trato más favorable a los salvadoreños que están en Estados Unidos, comentó desde El Salvador una politóloga que, según DW, prefirió permanecer en el anonimato por miedo a represalias.
Lo cierto es que el trato supone el espaldarazo estadounidense a las controvertidas políticas de seguridad llevadas a cabo por Bukele en los últimos años, en su objetivo de acabar con las pandillas y la criminalidad.
"El acuerdo de Rubio con El Salvador viene a darle relevancia a lo que se ha hecho en seguridad pública en nuestro país”, destacó a CNN Luis Contreras, asesor político y de seguridad ciudadana. Si EE.UU. envía criminales a la megacárcel, es porque confía en que "no van a tener posibilidad de escape”, subrayó.
La criminalidad, ciertamente, ha experimentado un descenso muy acusado en los últimos años en El Salvador, donde, subrayo, hay instaurado un régimen de excepción que ya es considerada como política de Estado.
Y es que no se tiene en cuenta que encerrar a delincuentes con otros que no fueron debidamente investigados y sancionados en una cárcel de este tipo abre la puerta a crear una escuela para delincuentes donde, en vez de combatir el delito, se promueve un caldo de cultivo para que se expanda.
Bukele no tiene en cuenta esto. Su odio hacia al presidente Nicolás Maduro, le hizo admitir a más de 250 venezolanos enviados por Trump, quienes luego regresaron a su país mediante un canje, así como celebrar el secuestro del mandatario durante la reciente agresión militar de Estados Unidos a la Gran Caracas, e imponerle un juicio con falsedades acerca del narcoterrorismo y las relaciones con el denominado Tren de Aragua, que, como se admitió posteriormente, jamás existió.
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