Todo el mundo tiene su Moncada

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Todo el mundo tiene su Moncada
Fecha de publicación: 
26 Julio 2020
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Era la mañana de la Santa Ana también hoy.  Y el Moncada fue, ha sido, es, conjugado en todos los tiempos verbales, multiplicado por la isla entera. El Moncada que no está en Santiago, sino en el espíritu de un pueblo que aprendió allí el valor de la juventud, a reconocer la victoria en su génesis: el motor impulsor que echa a andar la historia; aprendió que la historia solo absuelve a los que ponen el pellejo y el pecho.

Si bien han cambiado las épocas y los discursos, si el enemigo se uniforma ahora con palabras, si se esconde en perfiles falsos de redes sociales o tras algún bufón de buen salario. Si parece un oponente difuso, experto en diluir las más grandes verdades entre razonamientos funcionales a las mayores mentiras. Si los tiempos siguen siendo duros y se endurecen como bloques de resentimiento, lo que no nos perdonan es esta testaruda decisión de seguir «marchando hacia un ideal», de vivir, todo el mundo, su Moncada.

 Y aquel canto volvió ahora en las voces de esta generación que salió a desafiar al enemigo de siempre, tan insistente que ya aburre y a este otro, microscópico, invisible, letal. Hombres y mujeres, cubanos y cubanas que, en tiempos de pandemia,  tomaron la vida por asalto y obligaron a ser valientes también a los padres y a los hijos de una nueva generación de moncadistas.  

Menos mal que existen esos jóvenes a los que reconoció el presidente Díaz Canel: los que se han sumado, «voluntariamente, a los centros de aislamiento, al trabajo en los hospitales (…) Cuando más casos activos teníamos, los jóvenes participaron (…) en un grupo de actividades de aseguramiento; estuvieron vinculados (…) a la atención a los más vulnerables, o están vinculados a la atención a los más vulnerables; se han presentado como voluntarios ante las direcciones de los Consejos de Defensa Municipal, a las autoridades de los barrios y de las comunidades para también mostrar su disposición».

Otra generación que ha comprendido la magnitud de la gesta del Moncada, no como una acción admirable del pasado o como la osadía de aquellos muchachos rebeldes que se lanzaron una vez, hace tiempo, a «limpiar la costra tenaz del coloniaje». No como una obra terminada para rememorar cada año con banderas y carnaval. Esa es la piedra en el zapato de quienes llevan décadas tratando de matar a los hombres y mujeres del Moncada.

Es lo que no se explican. Cómo seguimos viendo con los ojos de Abel Santamaría, salvando vidas con la misma vocación de Mario. Cómo podemos llamarnos Juan o Yusleydis, quejarnos de las colas y del transporte, pero si suena la clarinada del Moncada, nos alistamos con la misma entereza de la generación del Centenario.

No toleran a estas Melbas y Haydeés que sabemos leer en lo invisible y les salimos por donde quiera, mujeronas, fuertes y bellas, de pie sobre la memoria de nuestros muertos, pero pariendo coraje y alegría.

No les queda de otra que chismorretear y tejer rumores inverosímiles, porque la confianza y el compromiso siguen estando en los jóvenes, alto y claro nos lo acaba de decir Presidente: «independientemente de que ahora el momento del Asalto fue el enfrentamiento a la COVID-19, ustedes tienen un espacio tremendo para participar también en el empuje que tenemos que darle al país en la economía, y en cómo los jóvenes pueden estar participando en la estrategia económica y social».

Y no son frases traídas de la nada, sino verdades probadas en la batalla más reciente: «Creo que ustedes en momentos como estos, que han sido momentos de una extrema complejidad, han jugado un protagonismo tremendo. Uno lo ve cuando ha recibido a las brigadas médicas que han estado ofreciendo ayuda solidaria a otros países, en la cantidad de jóvenes que han integrado esas brigadas. Conocemos de muchas anécdotas y muchas historias de vida».

Esto de que no logren silenciar a Fidel. Que regrese su alegato en millones. Que el Moncada no necesite de multitudes aglomeradas para recordar el acto heroico, porque tiene un pueblo disciplinado y unido para reeditar la gesta con las armas que exija cada día. Eso nos salva hoy como país y atormenta a los esbirros de nuevo tipo. Los acosa esa verdad de la Revolución que Díaz Canel expresó recientemente a un grupo de valiosos jóvenes de estos tiempos:

«Todas las generaciones que nacimos con la Revolución siempre nos hemos planteado también cuándo vamos a tener nuestro Moncada; y yo creo que cada una de esas generaciones, en la misma medida en que han participado en la propia obra de la Revolución, han identificado cuál ha sido su Moncada».

 

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