Roxana Broche, del diseño a la actuación

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Roxana Broche, del diseño a la actuación
Fecha de publicación: 
28 Mayo 2020
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Probablemente muchos diseños podrían haber sido acuñados con su nombre, pero la vida, con esa caprichosa manía de adecuar los porqués, prefirió que ella fuese conocida en los créditos de propuestas televisivas o de cine. Un desafío fue el cambio y los resultados los estamos viendo. Hoy Roxana Broche, joven actriz, que de solo oírla por teléfono demuestra ser amante del buen gusto, es el rostro protagónico de una telenovela que por primera vez centra su interés en la maternidad como eje de la familia.

Vamos a conocerla un poco justo en estos momentos, cuando se retransmite por Canal Habana la telenovela que justamente la inició en televisión, La otra esquina.

¿Cómo fueron tus inicios en la actuación?

-Mis inicios vienen de la mano de Ernesto Fiallo. A él le debo prácticamente ser actriz; es alguien que me ha apoyado mucho desde el punto de vista profesional, pero también en decisiones personales tan importantes como lo fue, en su momento, cambiar de carrera universitaria, pues yo comencé a estudiar en el Instituto Superior de Diseño (ISDI).

“Mi primer trabajo bajo la égida de Fiallo fue en la telenovela La otra esquina, donde mediante un casting fui seleccionada por él para asumir un personaje muy pequeño, que me dio la oportunidad de llegar al medio actoral y seguir adelante con él como director. Fabiola, así se llama este personaje, era una jovencita bastante peculiar. De hecho, al presentarme al casting de esa novela, vi a muchos muchachos estudiantes de teatro y yo estaba por entonces en el preuniversitario, me atreví, sin más ni más, y de veras ni siquiera podía imaginar que sería aceptada; pero, bueno, Fiallo me acogió y así continuó el camino.

“Pasó el tiempo y justo antes de iniciarme en la universidad, Fiallo se entera de que va a grabar la telenovela En tiempos de amar, y ya en medio del proceso de pregrabación me había “asignado” el personaje de Alina, del cual quedé totalmente enamorada al conocer su historia. Asumir ese trabajo fue bastante complicado, porque primero coincidió con mi entrada a la universidad, y lo más complejo era que yo nunca había recibido clases de actuación, por tanto, no conocía las técnicas actorales, y se trataba de un personaje que tenía más del 80 % de sus escenas emotivas, solo que la actriz que la encarnaba (yo) era totalmente empírica.

“Esto despertó la preocupación de algunos colegas, sin embargo, el resultado fue extremadamente satisfactorio. Me dio la seguridad necesaria para afirmarme en lo que quería hacer; lo tomé como un reto. Incluso, sucedió algo muy gracioso en medio de la grabación, y es que yo me inicio en la universidad en la sección diurna, o sea, tenía que asistir todos los días y, a la vez, no se podía interrumpir el rodaje hasta que yo terminara las clases, por supuesto. Entonces la producción, para que yo pudiera continuar en el elenco, tomó la decisión de correr las escenas, dejarme ir en las mañanas a la universidad y en las tardes me incorporaba a la grabación.

Por supuesto, esto demandó un sacrificio doble, porque cuando asumes un personaje no solo lo estudias y luego vas a la grabación y ya; todo lo contario, es un proceso intenso de aprendizaje fascinante, pero para mí era intensamente nuevo. No sé si es por esta sumatoria de sucesos, pero hasta el momento Alina es el personaje que más he disfrutado, tanto por la temática que abordaba como por la propia situación de vida que yo atravesaba. Fue muy importante asumir ese reto y gracias a ese personaje, por demás, recibí mi primer premio de televisión en 2019. Se trató del Premio Adolfo Llauradó a la mejor actuación femenina en televisión.

“Como ves, Fiallo ha sido y es mi mejor cómplice en la decisión de abandonar el diseño y elegir la actuación, y créeme que es bastante complicado decirle a la familia que vas a dejar una carrera que te debe proporcionar un sustento económico y una vida, probablemente más estable, por otra profesión muy linda, pero tan inestable como lo la actuación. Pero Fiallo fue y sigue siendo el punto clave de ese cambio, porque fue la persona que me ofreció la seguridad necesaria, al pensar que yo podría tener un futuro como actriz. Y yo le creí” (sonríe).

¿Cómo llegas a protagonizar El rostro de los días? ¿Se pensó siempre en ese personaje para ti o lo asumes por casting?

-Mi llegada a El rostro de los días fue bastante caótico. Desde el primer día en que fui al casting volví loco a Yoanki, el asesor, porque me iba cuando aún no tenía que hacerlo, lo entendía todo al revés. Él me llamaba porque aún no concluía la escena y ya yo andaba por la esquina, en fin, hasta que me dan una escena y me someto al casting, que fue bastante grande pero ciertamente era para otro personaje, no para Mariana. El personaje que me ofrecieron fue Anabel, la hermana de Fabián.

“No habían comenzado los primeros ensayos cuando me volvieron a llamar, me advirtieron que no era para ensayar, pero necesitaban conversar conmigo, y yo dije: Ay mi madre, a ver si me quitaron el personaje. No sabía qué estaba pasando y al llegar me explicaron que la actriz que debía asumir a Mariana no podría hacerlo porque había quedado embarazada y preguntaron si yo estaba interesada en asumir esa responsabilidad.

“Desde la lectura de guion, a mí me había gustado el personaje de Mariana por su carga dramática, además, sentía que tenía un mensaje más directo, así que la noticia me asombró muchísimo y sin pensarlo, por supuesto, dije que sí. Solo que cuando llegué a mi casa me di cuenta realmente de lo que había hecho, porque yo tenía entonces 24 años, y el personaje demandaba una mujer de 30 a 32 años; para colmo, yo físicamente parezco una niña, o sea, que había que hacer un trabajo fuerte de maquillaje, de vestuario y, por supuesto, de dirección. Lo más tremendo era el rigor que tendría que tener conmigo misma”.

¿Cómo fue entonces la preparación para este personaje?

A partir de esas particularidades físicas comenzamos a trabajar sobre cómo podría ser Mariana. Tratamos de estrechar una relación entre dirección y actuación para poder lograrlo, y lo cierto es que para construir a Mariana atravesé por muchos procesos, tanto sicológicos como físicos. Subí de peso, usamos varios trucajes para que se lograra visualmente, pero se necesitaba que Mariana saliera también desde lo interior, y eso sí dependía totalmente de mí.

“Para bien hoy puedo decir que me sentí siempre muy vigilada por la directora, Noemí Cartaya, y por Felo Ruiz, que es también director de fotografía de la novela, y él fue un eslabón principal para que este proceso fluyera de la mejor manera para mí. Lo más complicado fue justamente el hecho de asumir la maternidad como idea, ¿por qué las mujeres quieren tener hijos? No es que sea incapaz de entenderlo, pero no tengo esa necesidad todavía. En ese sentido, mi reloj biológico no se ha activado ni por asomo, por tanto, es una realidad que sigo viendo y sintiendo de otros.

“Había, sin embargo, otras cuestiones en la vida del personaje que me resultaban más fáciles de asimilar, porque me tocaban más directamente: la relación con la familia, los padres, los amigos, la pareja, toda esa vida de pareja con David, ese choque de intereses que a veces hay dentro de la unión y, cuando no son solucionables, lo mejor es que cada quien tome su camino, solo que a veces uno no quiere dejar ir a esa persona. Esas son problemáticas comunes, de ahí que sean más fáciles de encarnar, pero la maternidad no lo era. Creo que es un sentimiento que solo cuando lo vives eres capaz de entenderlo en toda su magnitud.

“Entonces, ante ese desconocimiento, me asistí de otro tipo de “maternidad”, que se tradujo en buscar los móviles por los cuales Roxana, la actriz, se levanta todos los días, cuál es el motivo principal por el que vive: esos motivos se convirtieron verdaderamente en mis hijos, por los que valía luchar, esa sería mi “maternidad emocional”, aunque de ella no apareciera un bebé real.

“Todo eso estuvo unido al trabajo complejo que significaba la colocación y modulación de la voz, la postura física, pues yo no tengo nada que ver con esa persona que represento en la novela. Soy bastante hiperactiva, alegre, puedo en una misma oración decir cuatro ideas juntas y hay que decirme: para, para… que es demasiado. Soy así y Mariana tiene otro tempo, porque la edad lo exige y sus propias responsabilidades le hacen asumir otras posturas, así que aceptar el personaje significó comenzar de cero”.

¿Cuánto de ti le regalaste al personaje?

-De Roxana en Mariana solo está el ímpetu, el hecho de no rendirse ante cualquier problema, tratar de luchar hasta el final. También están esos conceptos de verdad que el personaje procura y defiende, en esa necesidad de encontrar sinceridad en el ser humano; en ese buscar dentro de la familia y en la independencia, por lo demás, no tenemos otros puntos de contacto. No nos identificamos con los mismos intereses de vida, nuestros conceptos del amor y la pareja son diferentes, y la principal dicotomía es esa visión de la maternidad. Nada, somos dos personas completamente distintas, pero sí, claro, nos queremos.

¿Y con qué te quedaste de Mariana?

-Bueno, apenas está comenzando mi carrera y siento que con este personaje ha sucedido un antes y un después. Con esa sensación me quedo para siempre, y también con ese cariño que especialmente Mariana ha recibido del público. Es algo que no me esperaba. Estaba ansiosa por saber cómo el televidente la recibiría, porque por lo general sobre los protagónicos se vuelca la mayor atención del receptor, y si cometes errores difícilmente pueden subsanarse. Muchas veces me han dicho que no confiese esa preocupación, pero creo que es algo que sí debo decir, porque definitivamente yo trabajo para el público.

“Uno tiene que entregarle un producto bien hecho, es nuestra responsabilidad y yo me siento voz de muchísimas personas a través de cada uno de mis personajes. Como actriz tengo la posibilidad que no tienen otras personas para contar sus problemas, verse reflejados e identificarse con determinadas cuestiones, porque puedo vivir otras tantas existencias. Por eso siento que somos portavoces de problemáticas universales, por ejemplo, veo con beneplácito que muchas personas me hayan escrito a propósito de un tema tan sensible como la adopción o la maternidad, porque se sienten muy identificadas con estos conflictos y agradecen el haberlos asumido de esta manera, desde el guión, la dirección y desde lo actoral, particularmente a través de Mariana”.

Con una carrera joven, que promete no detener esta inquieta y perenne cazadora de sueños, Roxana Broche suma a su aparición televisiva otras experiencias como actriz, tal es el caso de la propuesta Esa negra, que dirigió Ángel Alderete. Cortometrajes como Sirena, Intruso, La despedida, Inmóvil, y el largometraje La ciudad, dirigido por Tomás Piard, han contado con la tenacidad de la actriz y su perseverancia para no defraudar a quienes le brindan oportunidades. Son estos algunos trabajos representativos esta muchacha que ahora encarna a Mariana, pero que se propone asumir cada vez que sea posible a otras tantas mujeres similares o diferentes, no importa.

Atenta a cada comentario que escucha de la telenovela, Roxana sigue invitando al público a vivir esa existencia que le tocó representar, y que ha sido una oportunidad más para hallar las verdaderas formas y dimensiones de su vida, esa que una vez decidió cambiar cuando apostó por otro destino profesional. Hoy ese rumbo se afirma a través de los aplausos que derivan de la ternura y mesura con que asume un personaje de estos tiempos, con venturas y desarraigos, con dolores y pasiones, pero que hacen de Roxana un ser feliz que puede diseñar su propia invención, porque para eso es actriz.

 

 

 

 

 

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